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catalanes en Palau We por Hachero

Sergi mira al mar con las cejas enarcadas y asegura rotundo: ‘los corales de todo el mundo se están muriendo, es un hecho contrastado, por el calentamiento global’, pero luego concluye confiado, ‘los del Índico durarán más’. Sobre las aguas transparentes de Pulau Weh dos niños flotan a merced de la corriente, el mar turquesa verdoso, el cielo despejado, una loca se balancea subida a un columpio que es una rueda de camión. Y nada más. Nada más que calma y tranquilidad. Ni un vestigio del tsunami que casi saltó esta pequeña isla situada frente a la costa norte de Sumatra para estamparse en Banda Aceh y dejar decenas de miles de muertos. La vegetación crece densa, las casitas lucen nuevas bajo el sol, los pocos turistas que encuentran este remoto enclave, alejado de cualquier circuito habitual, emergen las cabezas con miradas alucinadas: Sabang es un paraíso del submarinismo y tres barceloneses están entre los pioneros del negocio.

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La Gran Ola llegó por el norte de Pulau We y arrasó cada casa y cada jardín y cada barquichuela y cada juguete de cada niño de Pria Laot hasta arrancar los cimientos, el muelle y las palmeras. ‘Ahora está todo mejor y hemos salido ganando’, me dice Lina ante las puertas de su casita prefabricada mientras su hija mariposea sobre el cuidado césped del jardín de la vecina, tan cuidado que parece de mentira.

catalanes en Pulau We

catalanes en Pulau We

Una hilera de enormes antenas parabólicas prometen largas sesiones de telenovelas a la caída de las tardes, que aquí son a capón, un joven maltrata una guitarra en el zaguán de su casa, los pescadores vuelven en sus barquitos en el zenit del sol. Todas son exactamente iguales y eso da un poco de reparo pero no dejo de admirar una cuidada urbanización en esta isla del fin del mundo. Una isla casi en el epicentro del tsunami de 2004 pero que, milagrosamente, apenas sintió su envite más allá de las construcciones de primera línea y de una docena de muertos que no pueden rivalizar con los más de cien mil que causó al otro lado de los quince kilómetros que lo separan de Sumatra. Aunque la cifra de muertes, siendo franco, nunca se conoció. Pero al fin y al cabo una isla con suerte, me digo, porque no todos pueden contar cómo les pasó un tsunami respetando selvas y línea costera y hasta vidas.

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Hasta los basureros han sido financiados con dinero internacional…

catalanes en Pulau We

Los vecinos de Pulau We no dudan en posar ante sus casas modernas y nuevas

¿Y a quién se le ocurriría instalarse en esta isla remota, paradisíaca pero situada en un lugar de frecuentes sismos y  sobre la que se abatió el gran tsunami de 2004 y para más inri alejada de cualquier ruta turística? ¡¡Pues a unos catalanes!! De hecho, a tres. Nico y Nando, dos hermanos gemelos de Terrassa, y Sergi, un activo vecino de Badalona. ‘Nos cansamos de Tailandia, cada vez más trabas, cada vez más burocracia’, dice Sergi mientras me rebusca una cerveza el primer día del Ramadán, ‘y volver a Europa no es algo que me apetezca mucho, si no es para conocer a mi sobrina’. Entonces miro a mi alrededor y me digo que tampoco me apetece mucho volver a mi ciudad. Las aguas transparentes, el tupido muro de verde selva, la pachorra del trópico, un ambiente como de la serie Friends en el que se mezcla una polaca con una checa y una china con una catalana, y una alemana, y una francesa, y una holandesa. ¿No hay chicos? Sí, un francés de origen argelino y su hijo se esfuerzan por entrar a presión en los neoprenos del curso básico de iniciación.

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Nico y Nando, dos gotas de agua levantando un futuro envidiable en una isla tropical del océano Índico

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Bajo el mar un universo de peces piedra, de corales, de bandadas de peces que suben en espiral, incluso dicen que por ahí ronda el tiburón de boca ancha, un extraño espécimen inofensivo pero que quita el hipo, un atractivo que sale de los circuitos habituales, más orientados a las poco originales costas de Phuket o a las más coloridas, pero también peligrosas por los secuestros de piratas filipinos, de Semporna en la isla de Borneo. ‘Esto es un paraíso’, dice Sergi, ‘los corales se han recuperado muy bien del tsunami y son más espectaculares que los de Borneo’.  Discrepo pero me lanzo al mar de Andamán embutido yo también en mi traje de neopreno para mi enésimo curso de iniciación de un carnet, el del PADI, que se me antoja irrealizable por las veces que me he quedado en la iniciación sin ir más allá.

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¿Qué lleva a un europeo a montar una empresa turística en la última playa de una pequeña isla al norte de otra isla mayor que se encuentra, con toda su inmensidad, fuera de cualquier circuito turístico? Tal vez sea precisamente eso. Su lejanía, su aislamiento, su carácter remoto. Puede que un espíritu aventurero, pionero, visionario, un espíritu de esos que abren fronteras donde sólo hay puntos borrosos en los mapas. Cuando Sergi abandonó su Badalona natal lo hizo mirando al este, dejando atrás su trabajo en centros de menores con niños problemáticos, y la cotidianidad y ahora su objetivo tiene más que ver con conseguir una nueva embarcación para ampliar negocio que con otra cosa.

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Gapang Beach, un apartado rincón de Sabang, que a su vez es un apartado nombre para los vecinos de Banda Aceh, es ahora el reino de los tres catalanes, a los que se unió Aj, un iraní que también es instructor de buceo, un reino de arenas blancas y aguas turquesas en un lugar que, no olvidemos, también es la zona cero del gran tsunami de 2004.

catalanes en Pulau We

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¿Por qué se instalan en la región del tsunami tres catalanes? Sergi mira alrededor y luego clava sus ojos en mis gafas. Vale, lo entiendo. Nando es el hermano gemelo de Nico, el socio de Sergi, y su amplísima sonrisa lo dice todo: ‘yo trabajaba en la construcción y llevaba dos años parado…’ ¿Quién desea volver al proceloso mundo del ladrillo en un país en decadencia teniendo la inmensidad de los mares tropicales a tus pies? Veo difícil que vuelvas, le digo, ‘más difícil lo veo yo’, replica mientras prepara una barbacoa para agasajar a los clientes del chiringuito.

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Pulau Weh es además puerto franco, un intento de captar algunos de esos 50.000 buques que atraviesan sus alrededores rumbo al estrecho de Malacca, uno de los más frecuentados del mundo, aunque la isla no está unida por aire con el resto del mundo. Para llegar a conocer a Sergi, Nico y Nando tendrás que salir del puerto de Ulee Lheu, en pleno Banda Aceh, y tomar un ferry que atraviesa los 15 kilómetros que separan la gran isla de Sumatra del puerto de Balohan, en la pequeña Weh. Luego un taxi, porque Gapang beach está como a cosa de una hora de la entrada en la isla. Y ya está, ahora sólo hace falta relajarse y mirar el mar porque todo está ahí abajo…

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