Este post se ha leíd4599veces

momia ferrari por Hachero

Milán es una ciudad tan dedicada a los coches de carreras que en su catedral está la momia de Ferrari. Claro que no tiene nada que ver con los fórmula 1 que compiten en la cercana ciudad de Monza sino que se trata de Andrea Carlo Ferrari, un poderoso cardenal que llegó a Arzobispo a principios del siglo XX y cuyo cadáver permanece expuesto en el Duomo para desconcierto de los que nada sabemos ni de coches ni de santos. Si estuvo relacionado con Enzo Ferrari o no, ya no importa. Su cabeza está coronada con un solideo tan rojo como los colores de la famosa escudería y sólo puedo imaginar al ya beato cardenal disputándole el volante a Fernando Alonso. Su rostro anguloso, además, invita a pensar en velocidad y la túnica blanca me recuerda al mono del asturiano.

fernando alonso por Hachero

Monza por Hachero

Claro que el entorno es lo más alejado del escandaloso ruido de un circuito de carreras y la gótica oscuridad del templo no huele a neumático quemado. Son otras las hordas que aquí se acercan, tal vez más pías, puede que no tan amantes de la velocidad, pero hordas que empalidecen cuando se encuentran en tan pequeño espacio los tres grandes reclamos de Milán: un Ferrari rojo (aunque sea en forma de cardenal), la moda y el lujo desatado (aunque sea en forma de enorme cartel en la fachada del Duomo que escandaliza incluso a las gárgolas) y el Teatro alla Scala, la mayor ópera del mundo. Y por supuesto un ferrari testarossa descapotable dando vueltas por las calles aledañas de la catedral mientras su reflejo empaña los escaparates de algunos de los comercios más caros del país.

catedral Milán por Hachero

La catedral de Milán con una publicidad subida de tono en su fachada…

milan por hachero

Escaparate desconcertante en una de las calles más caras de Milán

Aunque la fábrica de estos exclusivos coches, los Ferrari, se encuentra en Maranello, a 180 kilómetros de Milán, y el circuito donde se celebran las carreras de fórmula 1 está en Monza, a 15 kilómetros de la momia del cardenal, Milán se ha apropiado de la fama de Ferrari y no estoy seguro de que los desconcertantes inventos de Da Vinci, o su celebérrima Santa Cena, o incluso las representaciones de la Scala tengan tanto público como el estruendoso mundo del motor de alta competición. A pocos metros del Duomo se levanta el edificio de cinco plantas de la Ferrari Store, en franca competencia de público, en la cola de la Santa Cena los japoneses llevan gorras rojas con el caballito en fondo amarillo, por las calles circula otro ferrari rojo (¿será el mismo?). Los aficionados con gorritas del caballito se acumulan en las librerías de Berlusconi, se hacen fotos ante el edificio de la bolsa o llevan la camiseta de Ruud Gullit, o la de Mourinho, leyendas del Milan y del Inter respectivamente, mientras cargan bolsas del Ferrari Store. Voy a asistir a una carrera de fórmula 1, yo, que nunca he ido a una antes, a pesar de vivir tan cerca del circuito de velocidad de Jerez, yo, que para más inri no distingo entre Red Bull o Renault.

monza por hachero

monza por hachero

La afición por la Fórmula 1 no tiene edad

Aunque Monza está a quince kilómetros, como decía, la mayoría de los aficionados duermen en Milán, veo al mismo Botín descender de una furgoneta escandalosamente tatuada con el logotipo del Banco de Santander para entrar en un lujoso restaurante del centro de la villa, los hinchas vienen de China, de Rusia, del Golfo Pérsico, de España o Nueva Zelanda, la abigarrada multitud se desparrama por la ciudad, mira escaparates, se tumba en los parques y, sobre todo, gasta dinero. Mucho dinero. Milán es la capital de la región de la Lombardía, el segundo PIB de Europa (tras la L’Ille de France), un dineral del que al menos el 11% proviene del turismo, y a pesar de que son miles las cosas que ver, parece que el deporte se impone y sobre todos los deportes, la fórmula 1 alcanza el máximo. En la ciudad donde triunfaron Maldini, Svchenko, Luis Suárez o Van Basten los turistas llegan buscando algo más: el caballo negro sobre fondo amarillo que estampa los rojos bólidos patrocinados ahora por el banco de Santander. Los días de carrera Milán desborda turistas y que me haya encontrado al mismísimo Botín indica que el ambiente se acerca a su momento álgido.

monza por Hachero

Monza por Hachero

Monza por Hachero

Pero el circuito, como decía, está más lejos. En Monza. Un circuito tan mítico que apenas paga nada por celebrar estas carreras (alrededor de 10 millones de euros al año frente a verdaderas millonadas que pagan otros circuitos menos conocidos y con menos tradición). Cada entrada es un dineral, la mía 250 euros por asistir a una carrera de unas pocas horas, pero los que se parapetan tras los cristales espejo del edificio VIP pagan más de 3.000 euros (los del circuito de Abu Dabhi cuestan 4.500), a lo que hay que agregar las consumiciones, la comilona, los cascos para evitar quedarte sordo, la estancia, los pasajes y, los más ansias, las entradas para los entrenamientos (a 60 euros).

Alonso y todos los demás por Hachero

monza por hachero

Monza tiene 120.000 habitantes pero parece más pequeña, una apacible ciudad de provincias. Fue la capital de los lombardos, y de ahí le vienen todos esos palacios y casas señoriales, pero de no ser por el circuito, llamado aquí el Autodromo Nazionale Monza, el punto central del Gran Premio de Italia y centro del mundo Ferrari, Monza no pasaría de ser otra hermosa ciudad italiana con un presente tan lánguido como un pasado esplendoroso. Pero el circuito atrae a tantos turistas que se olvidan sus hitos históricos, para desgracia de la Historia.

monza por hachero

Monza por Hachero

monza por hachero

Y eso que cualquier aficionado a las carreras entra en uno de sus más gloriosos monumentos porque el circuito está construido en el parque de la Villa Real de Monza, un gran complejo arquitectónico neoclásico que fue residencia de los reyes de Italia y hasta de los del imperio austrohúngaro. Un enorme palacio con unos aún más enormes jardines al estilo inglés tras los que se esconde un todavía más enorme parque. Tan grande que el circuito está dentro y aún parece que la Villa no se haya resentido. Aquí vivió el rey Humberto I, aunque cayó muerto mientras asistía a unos espectáculos deportivos y su hijo, Victor Manuel III, le cogió manía al sitio y no quiso vivir más en un lugar que le traía tantos malos recuerdos. Poco después comenzó a construirse el Autodromo, concretamente en 1922, en aquel momento constaba tan sólo de un óvalo de diez kilómetros. A partir de ahí se trazaron distintas variaciones hasta que en 1955 la longitud quedó reducida a la actual: 5,7 kilómetros.

circuito de Monza

Palacio de Monza googleearth

En la foto de arriba se ve lo enorme del complejo de la Villa Real, con el palacio en la esquina inferior izquierda mientras que abajo ese mismo palacio se ve aumentado

Un espacio inmenso dentro del que se encuentra, como decía, el circuito con sus 5.793 metros, casi seis kilómetros, once curvas, el circuito más rápido del mundial y un lugar de records, desde la velocidad máxima de un monoplaza en un Gran Premio (el colombiano Montoya en 2005, con 372,6 Km/h) al inicio más desgraciado, cuando el piloto Materassi se salió de pista y no sólo perdió la vida sino que se llevó las de veintiseis espectadores (el récord absoluto de accidente desgraciado lo tiene Le Mans, con la muerte de ochenta y tres personas).

monza por hachero

Siéntase mecánico de Pirelli por unos minutos

monza por hachero

O créase Fernando Alonso subido en el podium

Ferrari por Hachero

O simplemente pregúntele cualquier cosa a una azafata, si es usted hombre, para cumplir con la estampa clásica de coches y buenas mozas

El entorno del circuito es un circo. En aquel stand te proponen cambiar una rueda de un monoplaza, en el de más allá venden parafernalia textil, en el otro unos muchachos se agarran a una azafata de amplias curvas para una foto en una suerte de podium de pega. Los rusos se pasean con banderas rusas y por allí pasa un español con una camiseta de la Falange Española, más allá un neozelandés luce banderola austral y el césped luce moteado de grupitos que beben cerveza a cinco euros la lata. Es decir: es un espectáculo en sí mismo, lejos de las carreras y de los vehículos, el ambiente ya justifica para muchos el viaje y los días pasados en la Lombardía.

Monza por Hachero

 El paso de los vehículos crea un trueno que destroza tímpanos y, sinceramente, no me entero de nada: no sé quién va primero, quién segundo, tampoco tengo mucho interés y prefiero abrevar en el bar aunque sin mucha alegría (por el precio de cada consumición). Total, como dijo aquel, esto no deja de ser una carrera de coches donde compiten muchas marcas pero al final siempre gana un tal Vettel y una tal Red Bull….

ferrari por Hachero

 

Para saber más de Monza y la Fórmula 1

http://lavozdetenerife.com/not/46006/monza___formula_1_en_estado_puro/

 http://www.jotdown.es/2013/09/formula-1-un-negocio-en-el-que-la-banca-siempre-gana/

http://www.formulaf1.es/circuito/monza-italia/