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Vaca en Benarés por Hachero
Viaje a la India: muerte y funeral de una vaca en el Ganges.
En un ghat de Benarés una vaca yace muerta. Está ahí, tumbada en el suelo, soltando líquidos bajo el bochorno de un amanecer que anuncia un día caluroso. Hay que actuar rápido si se quiere evitar que grandes nubes de moscas acudan golosas a repartirse el cadáver. Un niño la mira absorto. Una vaca muerta no es cualquier cosa en la India. Y no porque no mueran, que mueren, y mueren en la calle, ante la vista de todos, mueren porque son seres vivos, y todo lo que vive muere casi por definición, y ese niño tiene muchas papeletas para que la vaca que observa atento no sea la primera que ve así: cadáver. Aún así, la mira curioso. Una vaca muerta no es cualquier cosa en la India.
Y no es cualquier cosa porque la vaca es el símbolo de los símbolos, el Gran Símbolo, por decirlo de algún modo. Simboliza la Madre Tierra, la Naturaleza, la fertilidad, la fuerza sexual y la abundancia. Los hindúes la ven como a una madre porque, dicen, da leche. Yo la miro y veo luego una cabra y me pregunto qué diferencia la leche de ambas, pero me callo. La vaca es Kâmadhenu, o ‘la que otorga deseos’, la representación física de Lakshmî, la diosa de la prosperidad. Kâmadhenu, o la vaca, representa además, y por si fuera poco, a todas las especies animales.
Vaca en Benarés por Hachero
Dice la leyenda que el dios Brhama se transformó en vaca y ofreció a los hombres el néctar en forma de leche. Así que el niño que observa ese cuerpo inerme de una vaca tal vez esté pensando que contempla el cuerpo inerte de un dios. Y puede que lo sea. El cuerpo inerte de la vaca atrae cada vez más atención. Se acerca un señor con el torso descubierto, que la observa apesadumbrado. Menea la cabeza en señal de desaprobación, no sé si por la muerte en sí o por la inminencia del calor bíblico que azota a diario estos ghats y este río sagrado, recuerden: el Ganges. Tal vez apele a Prishni, o ‘nube de lluvia’, que es el epíteto de Rudranî, la pareja de una de las formas primitivas de Shiva, el de las fuerzas básicas de la naturaleza, a la que se representa, precisamente, como una vaca lechera que nutre y alimenta al mundo (aunque a Shiva hay que darle cancha porque sus representaciones incluyen a estos desconcertantes babas que pululan por la ribera del Ganges, pincha aquí). Porque es innegable que una nube de lluvia aliviaría el día y daría tiempo para pensar qué hacer con la carcasa de ese cúmulo de dioses.
Vaca en Benarés por Hachero
Los curiosos se arremolinan para mirar la vaca. Hay quien reza con el agua al cuello (literalmente), hay quien se sienta en los escalones para entonar esos salmos védicos que me recuerdan al rosario de los rocieros, hay quien mira sin mostrar más emoción. He visto a las vacas pasear como perico por su casa, correr por las calles, entrar en casas y ocupar templos, y he visto también como la gente las respeta con indiferencia (aunque en alguna ocasión también he visto sonoras patadas en el lomo de estos dioses lácteos). Normalmente se las respeta con devoción, se las alimenta como forma de incrementar el karma y sus presencias, en ocasiones molestas, se toleran con la alegría del que ve desfilar una patulea de dioses por la puerta de tu casa. Y además son dioses con dioses porque, por si fuera poco en el enorme panteón hindú (con más de 330 millones de dioses), las vacas tienen su propia divinidad: se llama Rohinî y es la nieta de Brahmâ y esposa del dios de la luna, Chandra. La relación de las vacas con el mundo de los dioses es tan complicada como el mismo panteón lo es a ojos de los monoteístas (y aún más para los ateos). Por ejemplo, Vishnu era un vaquero que se reencarnó en Krishna y el Goloka es uno de los paraísos del hinduismo, una palabra sánscrita que significa, literalmente, ‘Mundo de las vacas’.
Vaca en Benarés por Hachero
Sea como sea, la vaca es un dios vivo, que se pasea por las esquinas dejando en cada rincón una buena muestra del por qué de su éxito en la India. De la vaca sale la leche, el yogur y la mantequilla, que los hindúes comen con verdadero deleite, pero también la orina, que usaban como desinfectante, y el estiércol, que les servía como combustible.
En su esquizofrénico ‘Viaje a la India mágica’, el escritor afgano Tahir Sha describía la microeconomía que observó en una sola vaca: el dueño la alquilaba a una anciana que la mostraba orgullosa en una esquina a cambio de unas rupias y de la que se quedaba la leche, todo esto sin que la vaca hiciera otra cosa que simplemente estar: Tahir Sha, El aprendiz de brujo. En todo caso la adoración en la India por las vacas tiene elementos que justifican esa esquizofrenia, como el caso de Kanchan Rani Dutta, quien se suicidó al encontrar muerta su vaca en el establo, ver aquí.
Vaca en Benarés por Hachero
El amor por las vacas en la India hay que buscarlo en el principio de los tiempos, antes incluso que los arios se enseñorearan del subcontinente, cuando los pueblos aborígenes tallaban vacas y pintaban búfalos en las paredes, un animal que además de todo simboliza también la fuerza agresiva y la sexual (junto a Shiva, que se le representa con un buen falo en cualquier rincón)
Vaca en Benarés por Hachero
Por fin arrastran la vaca hasta la orilla, justo al lado de un señor que arde en una pira funeraria ante la indiferencia general. Ya en el agua, una señora sentada a popa agarra firme la cola del animal, o del dios, o del conjunto de dioses, del cadáver, en suma, mientras un señor rema pausadamente hacia el centro del río. El cuerpo flota en su camino hacia la eternidad, una eternidad un tanto húmeda y muy transitada, vista la cantidad de cadáveres que se hunden en este río. Algunos en forma de ceniza, otros medio carbonizados porque la familia no consiguió el suficiente dinero para la leña necesaria, los puros envueltos en un sudario y atados a un pedrusco de buen tamaño para que no floten (los bebés, las mujeres embarazadas, aquellos a quien mató una serpiente, los leprosos y las mujeres embarazadas). La vaca se hundirá en el río y con ella se va una vida, una creencia, una microeconomía, una fuente de productos lácteos, un montón de dioses y una forma de entender el mundo.
Abajo dejo un video que grabé en el Ganges y del que salen las imágenes del post.