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Gagauzia por Hachero

Llanuras amarillas salpicadas de montículos grises sobrevolados por ruidosas bandadas de cuervos. Y nada más. Me dirijo a Comrat, capital de la Gagauzia, extraños nombres que parecen sacados de un cuento medieval, de castillos en escarpados precipicios y princesas de rubias trenzas. Nada más lejos de la realidad. A no ser que las princesas y los príncipes hayan desarrollado plumas negras y píen desesperados por estos extensos campos. De no ser por la hilera de árboles que contornea la carretera, y algún viñedo despistado allá a lo lejos, parecería que me adentro en la Nada, así, con mayúsculas. Un destartalado cartel me anuncia que no he errado el camino: Gagauziya, Komrat Dolayi. Hace tanto frío que apenas puedo empuñar la cámara de fotos porque se me hielan los dedos de las manos. El chaquetón que tanto calor me da en el sur de España parece ridículo en este erial. Acelero para llegar cuanto antes a la capital de tan desconocido país: Gagauzia.

Gagauzia por Hachero

Claro que no es un país realmente, por mucho que sus vecinos se consideren así. La Gagauzia es uno de esos charcos que dejó atrás la retirada de todo un océano: el imperio otomano. De hecho, la misma palabra, Gagauzia, proviene del turco Gok-oguz, que significa ‘Cielo de los Oghuz’, una tribu turca selyúcida que ocupó las extensa llanuras del este de Europa hace siglos. Un nombre que es, además, una declaración de intenciones porque los vecinos de la Gagauzia se consideran turcos y anhelan el día en el que la gran Turquía volverá con ímpetu a recuperar las tierras que pertenecieron al imperio Otomano y aunque estén ahora encuadrados en el territorio de Moldavia, una antigua república socialista soviética, ellos miran más a Estambul y a sus primos tártaros de Crimea que a la capital de este país de opereta que es Chisinau. De hecho antes que mirar a Chisinau prefieren mirar a Moscú con cierta nostalgia de los tiempos de la Unión Soviética.

Gagauzia por Hachero

Cartel del panturquismo a la entrada de Comrat

Porque los gagauzios son étnicamente turcos pero provienen de Bulgaria y en lugar de musulmanes son fervientes cristianos ortodoxos desde que los rusos les permitieron, allá por el siglo XVIII, asentarse en estas desabridas tierras (de las que echaron, por cierto, a los Nogai, otro pueblo turco que se mezcló con los mongoles y terminó por instalarse en la república rusa del Daguestán, en pleno Cáucaso). Todo un lío que gente como yo, proveniente de un país más o menos uniforme en eso de las razas, no acaba de comprender muy bien. El caso es que los gagauzios dicen provenir de los seguidores del Sultan Izzeddin Keykavus II, un potentado de la Anatolia que se instaló en la región en el siglo XIII después de haber peregrinado por los Balcanes. Las guerras rusas del siglo XVIII terminaron por desplazarlos a estos campos surcados por cuervos con la obligación, eso sí, de convertirse en masa al cristianismo ortodoxo. Y así fue. Pocos pueblos cristianos he visto cumplir tan a rajatabla sus obligaciones rituales, las abuelas se persignan como atacadas por ejércitos de chinches, los sacerdotes ortodoxos parecen bailar mientras murmuran sus oraciones, en las iglesias se acumulan comidas y regalos de lo más peregrino. ¡Y pensar que son turcos!

Gagauzia por Hachero

Gagauzia por Hachero

Gagauzia por Hachero

Turcos, sí, pero turcos búlgaros. Así se consideran, dicen, y así quieren que se les reconozca. Soñadores, dicen, de la Gran Turquía, y para reafirmarlo un gran cartel me recibe a la entrada de Comrat: un cartel que colorea los territorios de la región habitados por turcos, desde la propia Turquía a Azerbaiyan o Turkmenistan (y podía seguir más allá con los uzbekos, kazajos, yakutos o incluso los uigures de la China). Comrat no es precisamente bonito. Las calles me parecen anchísimas, el tráfico es casi inexistente, los campesinos llevan tanta ropa que me quedo hipnotizado con la acumulación de capas textiles y el único restaurante que encuentro está bajo tierra y sólo se accede bajando una pronunciada escalera. Es la capital pero parece una aldea perdida de provincias y me asombra aún más que consideren viable todo un país con menos habitantes que Jerez de la Frontera y sin muchos más recursos que unos cuervos y algunas vides.

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Comrat es la capital de Gagauzia

Y sin embargo, ya fue independiente una vez. En 1906 un grupo de campesinos asaltó el edificio del poder y declaró una independencia que sólo les duró seis días (la República de Comrat), un espejismo porque los gagauzios siempre han estado dentro de otro país: hasta 1917 pertenecieron al imperio ruso, desde entonces y hasta 1944 fueron rumanos, y de ahí hasta 1991 fueron parte de la URSS para terminar ahora como parte de Moldavia. Yo no acabo de verlos ni como turcos ni como rusos aunque si debo inclinarme por alguno lo haría por estos últimos. En este blog puedes ver cómo es la vida en este curioso lugar: http://dispatchgagauzia.wordpress.com

Gagauzia por Hachero

Gagauzia por Hachero

Tras la caída de la URSS los vecinos de Comrat se declararon nuevamente como república autónoma en el verano de 1990 pero el recién constituido gobierno de Moldavia anuló la declaración por inconstitucional y los gagauzios se vieron, otra vez, con un palmo de narices. Los gagauzios apoyaron el golpe de estado de 1991 en Moscú  y volvieron a declarar la independencia, que dio pie además al Transniester a declarar la suya, pero entonces el gobierno de Moldavia, que entonces era una República Socialista Soviética, cortó los lazos con Moscú y los gagauzios se echaron atrás. Después de unos años de tira y afloja, el gobierno de Chisinau reconoció la autonomía de Gagauzia el 23 de diciembre de 1994, una fecha que aquí se celebra como el día de la Independencia. El parlamento de Chisinau acordó entonces que en el caso de que Moldavia decidiera unirse a otro país (Rumanía en concreto porque las poblaciones son las mismas) los estados federales de la nación, Gagauzia por ejemplo, podrían independizarse o unirse a quien quisieran.

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El cortejo fúnebre avanza por las calles de Comrat

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Los dolientes llevan cintas de tela blanca en señal de duelo

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Por una calle de Comrat avanza un cortejo fúnebre. El occiso está en un ataúd subido sobre la caja descubierta de un camión. Puedo verle la nariz y parte de la papada. La multitud avanza parsimoniosa a través del frío glacial que azota la ciudad. Sigo a la comitiva y entro una iglesia un tanto kitch donde aguardan tres sacerdotes ortodoxos. Cuelgo la cámara con respeto pero uno de los popes me anima a hacer fotos. Tímidamente tiro la primera pero compruebo que no existo para los presentes y pronto me embalo. A nadie parece importarle que un extranjero haga fotos en un funeral. Colocan el féretro a los pies del altar y alguien coloca una botella de una bebida de cola presidiendo el rito. Una señora clava, literalmente, una larga y fina vela entre los dedos del difunto, un difunto que apenas cabe en la caja, rodeado de todo tipo de flores, objetos que no acabo de discernir, velas y cojincitos. A mi alrededor se repiten, como sacudidas, las persignaciones, las cruces ortodoxas, el recargado barroco de las iglesias cristianas del este.

Gagauzia por Hachero

Algunas escenas parecen sacadas de la Viridiana de Buñuel

Porque, como decía, los gagauzios son turcos pero desde que abrazaron la ortodoxia de los santos Cirilo y Metodio parecen más cristianos que nadie. En otra iglesia se reúnen decenas de abuelas, traen comida, llenan una gran mesa con lo que parece un banquete, de sus miradas se desprende necesidad y vidas tan largas como duras, pero ahí están, hincadas de rodillas, inclinándose como orates, tumbadas en el suelo mientras la imaginería religiosa parece observarlas vigilante desde todos los puntos del templo. El idioma, recuerden: el turco, tiene una interesante variación de la lengua madre: las palabras religiosas de los ritos cristianos rusos ocupan el lugar que en Turquía tienen las palabras religiosas del árabe, así que olviden eso del Allah u Akbar o el clásico Inshallah mirando al cielo…

Gagauzia por Hachero

El siguiente hito de la historia de la Gagauzia ocurrió el 2 d octubre de 2014, cuando celebraron un referéndum que Chisinau, la capital de Moldavia, calificó de ilegal pero que dejó claro que a los gagauzios les tira más Rusia que la Unión Europea y que en el caso de que Moldavia pretenda unirse a la Europa de los veinticinco ellos se independizarían para seguir manteniendo los lazos con Moscú. Paseo por un cementerio a las afueras de Comrat y descubro tumbas soviéticas, tumbas en cirílico, tumbas que esconden a un atleta olímpico, con su antorcha grabada y todo, tumbas

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En los cementerios es posible aún seguir la huella de los tiempos de la URSS y alguno incluso depara alguna sorpresa olímpica…

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Nada nuevo porque se aferran a los acuerdos de 1994 para exigir su capacidad de elección aunque en Chisinau lo ven diferente porque nadie ha solicitado unirse a ninguna parte. Un referéndum del que no se sabe mucho más que su coincidencia con disturbios en Ucrania precisamente por algo similar pero que parece haber partido de un grupo de oligarcas gagauzios de origen ruso: http://euobserver.com/opinion/123000 . No puedo terminar de imaginar este lugar como país independiente, pero no sería el primero en Moldavia (este minúsculo país ya alberga otro, la república del Transniéster) ni en la zona (Abjasia, Osetia del Sur y el Nagorno Karabagh son otros, algo más al sur, en el Cáucaso). Curiosamente todos ellos han contado con presencia, o ayuda, de Moscú para erigirse como estados independientes, a pesar de que apenas nadie los reconoce (al Nagorno sólo lo reconoce Armenia, a Abjasia Venezuela, Nicaragua y Rusia, y al Transniester y Osetia del Sur nadie se atreve a darles ni los buenos días, ni Rusia, a pesar de que de facto con los rusos los que los controlan). Por supuesto obvia decir que entre ellos, todos se reconocen…

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En Gagauzia hace un frío de aúpa

Vuelvo a Chisinau por la carretera nacional que une este intento de país con el otro que lo ha logrado. Una bandada de cuervos surge como por ensalmo tras de unas instalaciones industriales que parecen haber sido abandonadas siglos atrás. ¿Serán los mismos cuervos que me recibieron? En todo caso Moldavia es un excelente lugar para probar vinos tintos, Pino Noir sobre todo, y me concentro en la botella que me aguarda en Chisinau. Espero que al regresar no estén los dos perros congelados que murieron a las puertas de mi edificio de apartamentos y que pasan los días allí como un monumento al frío sin que nadie los retire. Pero no, ahí siguen, y para que la escena no disminuya el surrealismo, un zíngaro hace bailar a un oso que lleva encadenado por el hocico… Moldavia no deja de ser otro mundo, a pesar de estar tan cerca…

Gagauzia por Hachero

El vino y el aceite de girasol son las principales producciones del lugar

[box title=”Gagauzia” color=”#f00″] La Gagauzia, por si fuera poco, no ocupa un solo territorio sino varios, inconexos entre sí. Son 170.000 habitantes ocupando 1.832 kilómetros cuadrados, con tres ciudades principales (Comrat, Ceadar-Linga y Vulcanesti) y veintisiete aldeas, separadas por bolsas de población moldava de origen búlgaro que alejan Vulcanesti de Ceadar-Linga. Gagauzia tiene una asamblea con un presidente y gobernador, que además tiene silla en el parlamento moldavo. Con ser pocos, los gagauzios se han expandido a lo largo de la historia y hoy podemos encontrarlos fuera de sus ansiadas fronteras: 20.000 viven en Bulgaria y en Grecia, y 32000 más en Ucrania, sin contar otro par de decenas de miles que vive en el resto de Moldavia. Un país de opereta, me digo mientras trato de encontrar algo que responda a mi imaginario de capital de un país. Y eso que tienen su propia bandera, su propia policía, varios periódicos en gagauzio y hasta una universidad. [/box]

Gagauzia por Hachero

Bandera de Gagauzia