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Goteras numero 1: kurdos sirios huyendo hacia Turquía desde Ras al Ayn

‘Aquí no caben todos’. Es la frase más común entre los que rechazan la inmigración (incluida los desplazados por conflictos o catástrofes), una frase que no admite réplica, rotunda, clara, una frase que apela a la lógica, al espacio geográfico y a la razón. Sin embargo esa frase es mentira. Según un estudio realizado por el profesor de la universidad de Stanford Paul Ehrlich, un conocido biólogo autor del famoso libro, ‘El boom de la población’ (1968), la humanidad, con mayúsculas, la Humanidad, no ocupa más que un 3% del total de la superficie habitable de la tierra. Si a cada persona se le asignan 12 metros cuadrados (que es la superficie que se ocupa en una ciudad con una buena calidad de vida como es San Francisco), resulta que la Humanidad entera cabe en el estado de Texas. Claro que hablamos de hace unos años. Actualicemos. Cristina García Tornel retuerce aún más esta ficción en su libro ‘Compendio general e innecesario…’ y dice que si cada persona se estrujara para ocupar un área de 0.15 metros cuadrados, es decir, todos bien pegaditos, la humanidad entera, los más de siete mil millones de habitantes, cabría en la mitad de la isla de Tenerife. Es difícil imaginar un sinsentido como éste pero hay un país llamado Bangladesh que suma las superficies de Andalucía y Extremadura para albergar nada menos que 170 millones de almas.

Goteras Número 2: sunitas iraquíes en un campo de refugiados al norte de Irak

Así que, una vez que el dicho común de ‘aquí no caben todos’ está desarmado, porque resulta que la humanidad entera cabe en la mitad de Tenerife, hay que pasar al siguiente mantra: ‘no tenemos trabajo para nosotros, ¿cómo vamos a darle trabajo a los demás?‘ Una frase difícil de rebatir porque España padece uno de los porcentajes más inadmisibles de desempleo no ya de Europa sino del mundo. Podemos pensar entonces que los países que acogen refugiados son países ricos pero resulta que no.

Turquía es el receptor número uno de refugiados de guerra (sólo en sirios tiene dos millones) y su nivel de desempleo es del 10%.

Pakistán es el segundo receptor mundial de refugiados de guerra (con millón y medio de refugiados, sobre todo afganos de los tiempos de la URSS) y tiene el 6% de desempleo.

Líbano, con un 10% de paro, tiene más de millón y medio de refugiados de guerra, un millón de sirios y medio millón de palestinos desde finales de los años 40.

El cuarto receptor mundial de refugiados es la república islámica de Irán, con un 16% de paro y un millón de refugiados de guerra (sobre todo afganos e iraquíes).

El quinto receptor mundial de refugiados de guerra es Etiopía, un país con un 17.5% de desempleo y casi setecientos mil desplazados, sobre todo sudaneses del sur pero también eritreos y somalís.

Por último el reino de Jordania, con un 14% de desempleo y más de seiscientos mil refugiados de la guerra de Siria, sobre todo, pero también palestinos.

Las goteras tienen motivos y causas: por ejemplo, las guerras

Todos estos son datos de ACNUR y puedes comprobarlos pinchando AQUÍ.

Gotera Número 3: cristiana siríaca refugiada en el Kurdistán iraquí

Desgraciadamente el mundo es movimiento y las imágenes de grandes masas desplazándose en busca de un lugar seguro no son únicas en Europa ni resultan nuevas a los ojos de la historia. En Bangladesh deambulan sin rumbo más de trescientos mil rohingyas, que son los musulmanes del sur de Birmania, expulsados de sus hogares porque el gobierno se niega a considerarlos parte de su país. Otros trescientos mil malviven en Tailandia, y podemos seguir el rastro de estos migrantes hasta Malasia o Indonesia. Los desplazados de guerra deambulan por todo el orbe, desde Colombia, que es el segundo país con el mayor número de desplazados internos (casi seis millones de vecinos expulsados de sus hogares) a Azerbaiyan (con casi un millón de desplazados internos provenientes del Nagorno Karabagh), Costa de Marfil (cuatro millones tras el último conflicto), la República Democrática del Congo (con otros tres millones), Irak con otros cuatro millones, Somalia tiene un número indeterminado pero que algunas ONGs cifran en los dos millones, Sudán (en sus dos versiones, dos millones de desplazados en Sudán y otros cuatro en Sudán del Sur). En Malasia hay miles de filipinos, en Tailandia miles de birmanos y podríamos seguir hasta dar la vuelta al mundo.

Gotera Número 4: cristiano de Costa de Marfil en Tarifa

Sin embargo, la mayor parte de nosotros prefiere vivir en un país occidental, con sus deficiencias laborales, antes que en uno de estos países donde el desempleo es muy reducido con respecto a nuestro mercado laboral pero donde sí pueden albergan grandes poblaciones desplazadas. ¿Turquía es el mayor receptor de refugiados de guerra del mundo porque dispone de un boyante mercado laboral? ¿Atrae Pakistán a esos millones de refugiados de guerra porque esperan tener trabajo, una vida cómoda, subvenciones de un país que ofrece empleo a todo el que venga? ¿Podemos decir lo mismo de Malasia? ¿Y de Etiopía, del Líbano, de Jordania? Rotundamente no. Los refugiados de guerra provienen de países cercanos en los que la situación es tan difícil que es la propia vida lo que está en peligro. Por supuesto que nadie en sus cabales puede pretender que vivamos todos apiñados en la mitad de la isla de Tenerife, o agobiados en una megaciudad del tamaño de Texas que nos ofrece doce metros cuadrados (una familia de cinco miembros tendría derecho, pues, a un apartamento de 60 metros cuadrados, algo que no parece muy lejos de nuestra realidad).

Gotera Número 5: refugiados rohingyas en el sur de Bangladesh

Y sin embargo, nadie quiere poner en riesgo la convivencia pacífica de una sociedad como la española, o la europea, invitando a cientos de millones de personas a convivir entre nuestras fronteras a costa de cederles nuestros espacios en forma de parques naturales, calles de barrios señoriales, descampados de mercadillos o praderas sembradas de trigo, ni siquiera a darles un empleo que muchos españoles buscan sin éxito alguno. Pero de ahí a llamarlos goteras, como hace Jorge Fernández, el ministro del interior de España, o gasearlos como hacen los húngaros, o aceptar solo a los cristianos como quieren hacer los polacos, hay una diferencia grande. Gotera, dice el diccionario, es la filtración de agua en el interior de un edificio, una molestia tremenda que nos obliga a colocar tiestos para que no se manche el suelo, a vigilar permanentemente que los cubos no rebosen, a buscar albañiles, meterse en obras, un incordio que si no se detecta a tiempo puede arruinar edificios, destrozando muebles, papeles, alfombras y hasta la madera del parqué. Una falta de respeto tan grande que no cabe en cabeza humana que su autor sea un piadoso miembro del Opus Dei.

Gotera Número 6: refugiados birmanos de etnia karen en la frontera de Tailandia

Por eso he querido mostrar algunas de esas gotas que en los últimos tiempos han soñado con colarse por entre las rendijas de nuestras goteras. Simplemente son gentes que huyen de conflictos que les amenazan la vida. La mayoría no quiere exiliarse, ni recorrer cientos, a veces miles, de kilómetros, no quieren cruzar desiertos, ciudades desconocidas, países hostiles, fronteras valladas, rejas y cuchillas, policías armados, mafias que te van a robar lo poco que has conseguido salvar de la guerra. La mayoría no tiene ningún interés en meterse en un barco en el que no cabe un camarón y arriesgarse a una travesía mortal por unas aguas que no han visto en su vida y que, en el caso de naufragio, les costará la vida sin remedio porque no saben nadar. La mayoría quiere vivir en paz, bajar la basura por la noche y ver la tele hasta que te venza el sueño, que los niños se porten bien y se lo coman todo, sueñan que les toca la lotería y que en su nación todo mejora gracias a que los corruptos han sido arrinconados por democracias vibrantes y simpáticas.

Gotera Número 7: refugiados filipinos en la parte malaya de la isla de Borneo

Precisamente esos sentimientos, que son universales, nos salvan del primer temor: aquí no caben todos. La frase es falsa pero además es irrealizable: todos no quieren venir. Y además, la segunda frase se encona también: no hay trabajo para todos. No, no lo hay ni para los propios pero tampoco lo quieren: tan sólo pretenden huir de una guerra en la que caen bombas, silban disparos, explotan minas, falta electricidad, alimentos y agua. Lo que sí hay aquí es una tradición de dos mil años de mensajes que forman parte de la religión mayoritaria de este país, el cristianismo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, dice el evangelio de San Mateo, tuve sed y me disteis de beber, fui huésped y me recogisteis… Claro que si los guardianes de la fe no ven en sus prójimos más que molestas gotas que te arruinan el entarimado habrá que combatirlos con sus propias armas. ¿Y qué mejor que Lucas, 12?: «Cuando ven que las nubes se levantan por occidente, dicen que va a llover, y así sucede. 55 Y cuando el viento sopla del sur, dicen que va a hacer calor, y lo hace. 56 ¡Hipócritas! Si saben interpretar tan bien el aspecto del cielo y de la tierra, ¿cómo es que no saben interpretar el tiempo en que viven?

Gotera Número 8: sunitas sirios refugiados en el sur de Turquía