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   ruta turística del tsunami por Hachero

El ‘barco sobre el tejado’ es un pesquero que la Gran Ola depositó sobre el tejado de una casa y se ha conservado allí para que forme parte de la ruta turística del tsunami…

Ibrahim perdió a su madre, a sus hermanas, incluso a su abuela, ‘pero lo mejor que nos pudo pasar fue el tsunami’, dice con una sonrisa en los labios. Diez años después de la terrible ola que se llevó la vida de 75.000 personas en esta ciudad del norte de la isla de Sumatra, y 165.000 más en la comarca, los vecinos recuerdan la tragedia con una amarga sonrisa, dando gracias a Allah por su regalo, tal vez incluso maldiciendo que el renacimiento de la ciudad, y de todos sus vecinos, sea a costa de una tragedia que ya forma parte de la Historia del Planeta Tierra. Fahami es un taxista buscavidas que recorre las calles buscando clientes. ‘De mi familia murieron cinco personas’, recuerda, ‘la ola apareció de pronto, la vi al final de la calle y corrí como un loco hasta que conseguí salvarme y todavía no sé cómo.’ Fahami me mira a los ojos con cierto aire guasón y concluye: ‘es lo mejor que nos pudo pasar’. Mi asombro no para de crecer conforme hablo con los vecinos de la ciudad. Lina es guía turística en un enorme carguero que sigue varado en mitad de la ciudad, a cinco millas del mar: ‘mucho mejor ahora’, remata después de evocar el momento del fatídico día que permanece congelado en muchos relojes de la ciudad.

¿Se han vuelto locos en esta ciudad?

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La hora del tsunami permanece congelada en los monumentos de la ciudad de Banda Aceh para no olvidarla jamás….

A las 7.58 de la mañana del 26 de diciembre de 2004 la gran ola se llevó por delante la vida de 221.000 personas (doscientas veintiuna mil), provocó el desplazamiento de medio millón y dejó cifras tan horrorosas como la muerte de 2.500 profesores y más de 2.000 colegios destrozados, el 80% de los aeropuertos destruidos, 3.000 kilómetros de carreteras hundidos, más de 70.000 hectáreas de terrenos cultivables inservibles… ¡¡Un desastre de proporciones bíblicas!! Pero de repente ocurrió un milagro. Los extranjeros, esos tipos violentos y feos que se comerían a nuestras hijas en cuanto les dejáramos la menor oportunidad, se lanzaron a ayudarnos, se sucedían nuevas olas de blancos y de negros y de chinos y de indios y de árabes y de musulmanes pero también de budistas y de cristianos, venían incluso ateos, amantes del fútbol y pacifistas y señores bien vestidos y hippies con largas barbas. La región del norte de la isla de Sumatra se convirtió en un imán para gentes bienintencionadas y también, por qué no, en una carrera geoestratégica en la que los EE.UU enviaron a sus más avanzados barcos hospital y los europeos a sus más preparados equipos de emergencia y los chinos observaron humillados que no tenían barcos hospital que igualasen a los de sus oponentes en su propio patio trasero (y así fue como el tsunami originó la primera remesa de militares chinos especializados en operaciones humanitarias que nunca más permitirían que el imperio emergente se sintiera ofendido por el actual imperio). En definitiva, los vecinos de Banda Aceh se replantearon su percepción del mundo: ¿y si no fueran tan malos esos tipos de ahí fuera?

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¿Y si el tsunami no hubiera sido sino un regalo de Allah?

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Muhammad Fauzan Azim Syah, director de la cruz roja en Banda Aceh, en uno de los almacenes con los que ayuda a las familias necesitadas

Así lo cree Muhammad Fauzan Azim Syah, el encargado de la Cruz Roja y de la Media Luna en la región. ‘El tsunami fue una oportunidad que nos envió Allah para empezar de nuevo’. Resulta tétrico pensar siquiera algo parecido mientras paseo por el jardín del hospital público de Meuraxa, mantenido de pie milagrosamente como recuerdo de la Gran Ola, y digo tétrico porque el hospital es un monumento vivo, o más bien muerto: una gran fosa común con 15.000 muertos se esconde bajo esta verde hierba que reluce inocente bajo el sol. ¡¡15.000 muertos se funden en un enorme abrazo bajo mis pies!! ¿Qué se hace en estas situaciones? ¿Lloras por un montón de gente que no conociste jamás, de la que no habrías tenido noticia de estar vivos, gente anónima que ahora abona la tierra no para que broten verduras y árboles sino carreteras inmaculadas y urbanizaciones de saludable aspecto?

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El hospital destruido y convertido hoy en una inmensa tumba colectiva llamada Ulee Lheu con 15.000 cuerpos bajo su césped

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La tumba colectiva se llama Ulee Lheu y es una de las muchas fosas comunes que jalonan la costa norte de Sumatra pero con la particularidad de que, según reza la placa conmemorativa y explicativa, aquí yacen 14.800 cuerpos, la segunda más grande de la región. Mi recogido silencio es absurdo: un rebaño de cabras brinca en busca de los brotes tiernos de los matorrales, los niños del vecindario brincan también con sus despreocupados juegos, una madre grita instrucciones a su hijo para que se coloque mejor en el interior de un helicóptero despanzurrado y el pequeño brinca en busca de un buen encuadre.

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El gran carguero conocido como ‘diésel’

‘Si hemos salido adelante ha sido también por un buen gobierno’, me cuenta Lina, la guía del diésel que permanecerá como mudo testigo para los próximos milenios en el interior de la ciudad. El enorme carguero forma parte de la ruta turística del tsunami que salpica el mapa de Banda Aceh y los vecinos de la ciudad lo tienen en alta consideración porque su generador eléctrico suministró de electricidad a toda la población durante años. ‘Incluso hoy funciona todavía’, me dice Lina, ‘pero ya no está aquí, se lo llevaron’. Ahora el carguero es un continuo ir y venir de curiosos que pasean por cubierta, se toman fotos aprovechando la altura del buque y tocan las barandillas con reverencia mística. Lina recuerda el tsunami como un shock traumático que le da de comer hoy día y la oportunidad de conocer turistas de todas partes, ‘aunque sinceramente los más simpáticos son los alemanes y ustedes los españoles’, dice con una sonrisita. Los recuerdos de Lina, apenas con veinte años, marcan la frontera entre la generación de los que recuerdan el tsunami con nitidez y los que mezclan terrores con memoria. ‘Fue un horror y de mi familia nadie salió herido, aunque sí perdimos la casa: eso sí’, concluye, ‘hay que reconocer que a Banda Aceh le ha servido mucho…’.

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Muhammad Fauza, el responsable de la cruz roja en Banda Aceh, coincide con Lina, la guía del buque diésel, en aquello del buen gobierno: ‘el gobernador actual era de la guerrilla y su hombre de confianza también así que puede imaginar el cambio tan grande’. ¿El gobernador actual era un comandante de una guerrilla que sembró la ciudad de cadáveres exigiendo la sharía? En un diario local leo el testimonio de un vecino que contaba cómo cada mañana salía de su casa y encontraba cadáveres en la calle a los que daba la vuelta para comprobar si era alguien conocido antes de ir a trabajar. ¿Y qué hacen ahora los antiguos fundamentalistas? ‘No renunciamos a la sharía’, me dice el sonriente Fauzan en un almacén de la cruz roja, ‘aunque ahora, gracias a todo el apoyo exterior, no queremos la experiencia de otros países, los del Golfo o Afganistán, o la misma Brunei, el tsunami nos significó una apertura de mente en un lugar muy cerrado y sometido durante décadas a guerra y violencia, así que ahora tenemos una visión más suave de la sharía’, para concluir aún más sonriente, ‘pero no renunciamos a la sharía porque al fin y al cabo es la ley de Dios y eso es innegociable’.

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El parque ‘Aceh agradece al mundo’ guarda placas de todos los países donantes, entre los que se encuentra España

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A su lado, sus ayudantes cabecean al unísono corroborando el discurso: el tsunami significó una apertura de mente en un lugar muy cerrado y sometido a guerra y violencia. ‘Ahora la gente ve al resto de naciones del mundo con agradecimiento’, aseguran, mientras que antes ‘había miedo y rechazo’. Interesante, pienso e imagino una gran ola regeneradora que limpió las mentes mientras sembró de escombros y cadáveres toda esta región. Una catarsis que ha cambiado incluso el concepto mismo de la sharía. ‘¿Ve este cartelito?’, me señala Fauzan una pegatina incrustada en su cuatro por cuatro. Lo miro y lo leo. ‘Es un proyecto para evitar futuras tragedias’, me cuentan los tres al unísono, ‘si cada persona dona mil rupias (apenas seis céntimos de euro) tendremos un remanente para paliar el sufrimiento si vuelve la ola y además estaremos en disposición de ayudar a otros países que sufran lo que hemos sufrido nosotros…’. A su lado, como los personajes secundarios de las novelas de Kafka, los ayudantes sonríen y menean la cabeza. ‘Queremos devolver al mundo lo que han hecho por nosotros…’

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Campaña ‘1 persona, 1000 rupias’

El agradecimiento se palpa en cada esquina. Aquella urbanización de casas tradicionales de la isla de Sumatra, donde ahora viven estudiantes de las escuelas superiores y universitarias de la ciudad, erigida con dinero internacional, aquella levantada con dinero pakistaní, la de más allá con dinero japonés, esa casita que se levantó gracias a Alemania, a Italia, a Bolivia.

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Barrio que mezcla los estilos arquitectónicos tradicionales de todo el norte de la isla de Sumatra, construido con dinero internacional

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Pero el tsunami ha dejado algo más que una ciudad nueva y una población agradecida. Los turistas no dejan de llegar e incluso existe una ruta del tsunami. Allá están las altas torres que ayudarán a los vecinos en próximos tsunamis (¡!), ahí sigue el pesquero que aterrizó sobre el tejado de una casa con una curiosa imagen que dio la vuelta al mundo, más allá ocupa una manzana entera el gran carguero al que todos llaman diésel, el parque ‘Aceh agradece al mundo’ es un rosario de placas de agradecimiento, el museo del Tsunami es el primer punto de esta ruta turística que recorre la ciudad de cabo a rabo.

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El ‘barco en el tejado’ es parte de la ruta turística y los nombres de los fallecidos del barrio permanecen en las paredes amarilleando carteles

El conocido como ‘barco sobre el tejado’ permanece sostenido por una férrea estructura metálica que evite cualquier movimiento que lo deposite donde Newton ordenó que las cosas deben de estar: en el suelo. La vivienda es un memorial con forma de infravivienda del Bronx y los nombres de los fallecidos en el barrio colgados en dos lienzos que comienzan a amarillear por el paso del tiempo. Alrededor del ‘barco en el tejado’ se despliega un amplio barrio de casas nuevas, buenas viviendas, casa recias y modernas que miran al vecino con la esperanza de que se quede ahí y que no vuelva la Gran Ola a reclamar una nave que no tiene nada de natural sobre los tejados.

Por eso, tal vez, el barco seguirá en el último piso, el carguero a cinco millas de la costa y la ciudad plagada de puntos turísticos. Porque, como dijo el poeta francés Jean Racine, ‘en la tragedia sólo conmueve lo verosímil’ y aquí todo ha adquirido un punto inverosímil que aleja, conforme avanza la ruta del tsunami, la conmoción y lo trágico…

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Monumento al Tsunami en el parque Aceh agradece al mundo