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Kurdos por Hachero
Mustafá sonríe plácido mientras me asegura que el País Vasco y Cataluña son sus ejemplos a seguir. ‘Tienen periódicos en su lengua’, dice, ‘ven la televisión en su idioma, lo estudian en sus universidades y hasta pueden usarlos en los tribunales’. Mustafá es un seguidor del PKK, el ilegalizado partido kurdo de los trabajadores, que mira al infinito mientras fantasea con su Kurdistán libre al estilo de una Cataluña que considera poco menos que el paraíso terrenal. No es tan fácil, le digo, también allí hay aspiraciones, discrepancias, sueños que se antojan lejanos y otros ejemplos a seguir: Escocia, sin ir más lejos, o Québec, si es por irse más lejos aún. El paraíso siempre está en la otra esquina, pienso repantingado a las puertas del comercio de Mustafá junto a la mezquita principal de Diyarbakir, la capital kurda de la Anatolia turca, aunque Mustafá sigue fantanseando, a partes iguales, con el ejemplo catalán y con los goles de Messi.
Kurdos por Hachero
Mientras, casi 700 presos kurdos secundan una huelga de hambre, algunos desde hace cincuenta y siete días, lo que deja a una cincuentena de ellos muy cerca ya de la muerte, y lo hacen por lo que consideran una represión intolarable de su cultura. Piden que el kurdo pueda usarse en las universidades, en los tribunales, que puedan tener periódicos y cadenas de televisión en su lengua, y están dispuestos a morir por ello. Tampoco serían los primeros porque en los últimos treinta años son ya más de cuarenta mil las víctimas mortales que ha dejado este conflicto olvidado e incomprendido en Europa. Me desplazo a Mardin, ciudad de postal con mayoría kurda pero con vecinos cristianos del rito sirio y árabes. Hace cincuenta y siete días un preso kurdo encerrado en la prisión de la ciudad, un tal Faysal Sariyildiz, del partido Paz y Democracia, comenzó la primera huelga de hambre: además de las reivindicaciones clásicas, pedía también que Abdullah Ocalan, el líder del PKK capturado hace años, tenga acceso a un abogado porque lleva ya más de 400 días aislado y sin posibilidad de vuelta atrás. De hecho, el presidente de Turquía, Recep Erdogan, curiosamente casado con una kurda, ha dejado caer la posibilidad de resucitar la pena de muerte para ejecutar al que considera un asesino.
Claro que otros lo ven como guerrillero y luchador por la libertad,  por eso el ejemplo de Faysal en la cárcel de Mardin se extendió a 66 cárceles más, hasta alcanzar los casi 700 presos en huelga de hambre. Entre ellos la esposa de mi amigo Kamiran Yildirim, una parlamentaria que no come desde hace catorce días. Yildirim intenta olvidar la lucha durante la noche con unos tragos de rake, el aguardiente local que mezclan con zumo de zanahoria y de rabano (cosas veredes), pero por el día hace activismo y se presenta junto a los estudiantes de la universidad local para leer un manifiesto: más de lo mismo, es decir, nuestras aspiraciones a nuestra propia lengua, nuestra propia cultura y etcétera. Pero la protesta no deja de resultar curiosa: prohibidos como tienen los kurdos manifestarse, se limitan a mantener unos carteles en alto. En Diyarbakir se atrevieron a marchar, cosa que tienen prohibida, y los enfrentamientos con los antidisturbios fueron de impresión y dejaron decenas de heridos y detenidos.
Kurdos por Hachero
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El bueno de Kamiran a las puertas de la universidad de Mardin

La constitución turca prohibe las reclamaciones politicas que se vistan de religiosas y étnicas porque las considera amenazas evidentes hacia la patria turca, la aspiración del gran Atatürk cuya efigie sigue señoreando la Turquía rural ochenta años después de su muerte. El objetivo está claro: hay que modernizar el viejo país, y hay que hacerlo mirando a Europa, ese oscuro objeto de deseo, esa aspiración enfermiza que nos arranque definitivamente de la irracionalidad centroasiática. Y para eso hay que mantener a raya a la peor de las amenazas, la islamista. Pero también las veleidades étnicas que pueden romper lo que aún permanece de aquel extenso imperio otomano: en este caso, la Turquía rural, la olvidada durante decadas, la del sureste de la Anatolia. Por eso durante un siglo se ha denominado a los kurdos ‘turcos de las montañas’, por eso se les ha prohibido partidos que incidieran en lo étnico y que enarbolaran aspiraciones sospechosas de independentismo. Y por eso, también, surgió el PKK como aspiración de los que no querían esperar indefinidamente algo tan sencillo como la integración y el respeto de raza. Sin embargo, el PKK nace con la mirada puesta en las revoluciones latinoamericanas, en las tropelías maoístas y en el socialismo como modelo de gobierno. O lo que es lo mismo: gasolina roja para el fuego conservador de los turcos de occidente, facilmente asustadizos ante cualquier remedo sovietıco. Durante décadas el PKK se ha mirado en la ETA, en el IRA y hasta en las FARC para sacudirse el yugo turco y el resultado de este encono son los más de cuarenta mil muertos del conflicto.

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Eso si, la huelga de hambre ha devuelto al PKK un protagonismo que había perdido en los últimos años, casi desde que su lıder, el ya mencionado Abdullah Ocalan, fuera detenido en 1999 en Nairobi despues de largo tiempo escondido en Siria. Tras su captura fue encerrado en una prision para el solo en el Marmara pero el tipo insiste en su concepcion de la lucha armada y ahora lleva mas de cuatrocientos dias aislado (que aprovechara para seguir escribiendo libros, como solia). Los diez mil presos kurdos del país incluso secundaron una simbólica huelga de hambre de dos días para recordar la situacion del que sigue siendo su presidente y algo se mueve en Ankara porque ya incluso considera reconocer el kurdo en los tribunales. Y piuede ser peor si alguno muere en los próximos días, cosa bastante fácil después de casi sesenta días sin comer. Kamiran está orgulloso de su mujer y su amplia sonrisa lo corrobora.

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Aslan es ecamarero en el rehabilitado caravansar de Diyarbakir, convertido ahora en una sucesión de garitos con cachimbas. Levanta entusiasmado sus dos pulgares, y más si tuviera, cuando le pregunto por el PKK. ‘De diez familias de esta region, ocho son del PKK’, me asegura Mustafá, el del comercio en la mezquita. Pero el PKK no existe, está prohibido, borrado, su solo nombre se pronuncia bajito. Hasta que los simpatizantes convocan protestas porque los activistas pueden morir en prisión. Entonces se agitan nerviosos, corean consignas, colapsan la calle y organizan huelgas que paralizan pueblos enteros, y los antidisturbios, que tienen sus órdenes, los dispersan con cañones de agua, con gas pimienta, con porras y porrazos. Isfan es ingeniera y también kurda y asegura que en todos estos años ha perdido a treinta primos en los enfrentamientos y que a pesar de su iphone y su ipad y su altisimo sueldo su espiritu esta con la lucha porque ahora no se trata de socialismo o de marxismo ni leninismo: se trata de raza y los kurdos se sienten ultrajados historicamente. Treinta primos son muchos primos, incluso para las extensísimas familias de aquí, me digo, y supongo que algo queda. Anque los golpes viene por los dos lados. La televisión turca ha repetido mucho estos días la imagen de un cockatil molotov impactando de lleno en un policía y el PKK, como respondiendo a la evocación, vuela una comisaría y deja un soldado muerto y luego pone un coche bomba cerca de la frontera con Irán y arranca el suspiro a un niño de diez años junto a un reguero de heridos. Vuelan entonces los cazas turcos, en dirección a Iraq, donde se suponen muchas de las bases del PKK, protegidos por sus hermanos de raza de la Unión Patriótica del Kurdistán, que campea por la región de Mosul como previo a lo que algún día será, dicen, su Cataluña, su Escocia o su Québec.

El caravansar de Diyarbakir ofrece una curiosa imagen más allá de lo pintoresco que resulta todo. Alfombras con los rostros de conocidos héroes kurdos se mezclan indefectiblemente siempre con la del Che Guevara, un icono rebelde que he visto en todas las aspiraciones guerrilleras de medio mundo y que alcanzó su máximo paroxismo en Timor Oriental, cuando un guerrillero del Falentil me presentó a su hijo con emocionado orgullo: lleva el nombre de dos grandes luchadores por la libertad, Bill Clinton Che Guevara, me dijo el individuo. Los kurdos no han llegado a tanto pero se han quedado muy cerca, mira esta noticia. Mientras, Víctor Jara surca los aires del caravansar con su pueblo unido jamás será vencido y sus notas chocan con las alfombras kurdas que acolchan las paredes…

Kurdos por Hachero

Los muchachos de la universidad se dispersan tras su protesta pacífica. No eran ni treinta pero los antidisturbios eran más de cincuenta. La lucha desigual sigue, bombas clandestinas contra cazabombarderos, huelgas de hambre contra prohibiciones constitucionales. Ankara mueve ficha y deja caer, como decía, que permitirá el uso del kurdo en los tribunales, una puerta inaudita hasta ahora que parece empezar a abrirse para que, ya que Messi no jugará en el Galatasaray, sí les acerque al menos un poco más a Cataluña. Aunque entonces una de las estudiantes me mira sin comprender: ‘si tienen todo eso, ¿por qué se quejan?’ Porque las aspiraciones no se esfuman cuando se consiguen, supongo yo, evolucionan y quieren crecer y tal vez llegará el día en que los kurdos no se miren en el espejo catalán y les toque entonces el escocés.

Kurdos