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estrecho de Gibraltar por Hachero

El estrecho de Gibraltar no deja de ser un gran lago

En estos dimes y diretes, un tal Tarik, que era gobernador de Tánger, se aventuró a cruzar el estrecho, tras su demoledora victoria sobre los visigodos de Ceuta, y en el 710 de nuestra era conquistó lo que en aquel entonces era la isla de Tarifa pero se volvió porque no tenía permiso para semejante gesta y se le quemaba el cus cus. Tariq era un bereber con indudables dotes para la lucha y como aquel que dice: ya había puesto su patita en la península ibérica. Le debió de resultar fácil eso de cruzar el estrecho porque apenas unos meses después, a principios del 711, desembarcó en la Bahía de Algeciras con más de siete mil hombres y tan triunfal que dejó tras de sí un reguero de nombres alusivos.

Yebl At Tariq es la montaña de Tariq y entre nosotros se la conoce como Gibraltar. El bereber sigue entre nosotros unos kilómetros al oeste, en la ciudad de Tarifa, que no es sino la ciudad de Tariq, que también conquistó y cuya isla fue, en época reciente, un centro de internamiento de inmigrantes clandestinos. Su rastro se pierde en Damasco, tras su victoriosa conquista de los ibéricos, pero lo más relevante fue que abrió las puertas del norte de África en la dirección original: la del sur al norte. Con el paso de los siglos los habitantes del lado europeo verían con temor las incursiones del otro lado: el recuerdo de Tariq y sus huestes planearía en el estrecho más de ocho siglos, y una vez repuestos los cristianos en sus reales, desde piratas berberiscos, a escuadras otomanas, pasando por victoriosos marineros ingleses, el estrecho ha sido entrada de mucho indeseable, de mucho desesperado, de gente de todo pelaje.

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El faro de Trafalgar

El Estrecho fue escenario también de una de las batallas más memorables, y humillantes, de la marina española: Trafalgar. La línea de buques formaba un arco que comenzaba frente a las mismas playas de la ciudad de Cádiz y alcanzó su apogeo frente a los Caños de Meca, justo frente al faro de Trafalgar. Por ahí debió de ser donde una bala disparada por un tirador atravesó el brazo, un pulmón y la columna vertebral del célebre Almirante Nelson. Muerto sobre la cubierta de su buque, el Victory, llegó cadáver al Peñón de Gibraltar, dicen que conservado en el sueño de todo británico: un barril de coñac, convertido para siempre en difunto y en leyenda para los ingleses (con esa tumba, qué menos). Entre las huestes patrias también se produjeron historias rocambolescas y únicas, como la de Diego de Alvear, cuya triste historia a bordo del Nuestra Señora de las Mercedes generó ríos de lágrimas y un buque hundido que añadió una nueva polémica a esta tierra de polémicas: el saqueo del Odyssey, una empresa norteamericana que buceó en las costas del estrecho (aunque este estaba frente a El Algarve portugués) a sabiendas de que un mínimo de ochocientos buques, muchos de ellos cargados de riquezas, reposan en sus fondos.

estrecho de Gibraltar por Hachero

Restos de una patera (en este caso una zodiaco) en una playa de Barbate

En el limbo de los muertos en el Estrecho, Nelson no estará solo. Según el 7º Congreso sobre Migraciones Internacionales en España, se calcula que cada día ha muerto 2,28 inmigrantes en estas procelosas aguas y que desde 1988, entre las Canarias y las aguas del Estrecho, se han ahogado más de veinte mil personas. Un tránsito acelerado con respecto a los primeros cazadores y recolectores que se aventuraban por curiosidad y cuyos tataranietos cruzan ahora por imperiosa necesidad sembrando las playas de los alrededores con los restos de las embarcaciones. He visto llegar a estas playas a senegales y liberianos, marroquíes y argelinos, marfileños y guineanos, vivos y muertos, y de entre estos últimos lacios y rígidos, algunos que había que trasladar como pelotas de tenis, botándolos en el agua para que llegaran antes.

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 Por si fuera poco todo esto, apenas he mencionado nada del interés geoestratégico de la comarca. Un ejemplo: el 10 de mayo de 1982 un comando argentino formado por tres antiguos guerrilleros montoneros encabezó un gran fracaso que se conoció como ‘Operación Algeciras’ cuando fueron detenidos en los preparativos de volar buques de la Royal Navy fondeados en el Peñón. La orden partió de la ominosa junta militar argentina y pretendía vengarse de la humillante derrota de las Malvinas, ¿y qué mejor que volando otra colonia? Lo más humillante, sin embargo, no fue la derrota en las Falkland sino que los detuvieran los agentes López y Ruíz mientras perseguían a unos atracadores de bancos. En 1988 fueron tres activistas del IRA, los rebeldes irlandeses, los que intentaban nuevamente sin éxito atentar en el Peñón y terminaron muertos a tiros. Un empeño, el de destruir la colonia británica, que ha convertido esta región en un avispero en el que los espías se disfrazan de buzos y hasta de inmigrantes clandestinos.

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La ciudad de Gibraltar con su peñón al fondo

Un punto crucial para la gran superpotencia norteamericana donde captar las comunicaciones del sur de Europa y las del norte de África, un nodo de telecomunicaciones en el que los agentes británicos barren los mensajes del Sahel, donde supuestamente actúa Al Qaeda, y los cruzan con los norteamericanos de la base de Rota, no muy lejos del estrecho. Un objetivo goloso para los terroristas y rebeldes de medio planeta, desde chechenos de Al Qaeda con base en La Línea al intrépido Torrente desde su atalaya en Marbella:

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Estrecho de Gibraltar por Hachero

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Y, con todas las amenazas, el mayor peligro puede ser ajeno a la malicie humana: con cien mil grandes buques surcando el estrecho cada año quiero fijarme en los gaseros, que frecuentan la bahía de Algeciras por sus repetidas visitas a la refinería de San Roque. Según Louis Miller, un conocidísimo ecologista de los EE.UU, el accidente o la colisión de un buque cargado con gas licuado tendría efectos catastróficos para toda la región: y eso aunque el choque se produjera a tres nudos. Según la aseguradora Lloyd sería el equivalente a una bomba nuclear de pequeño tamaño, saldría despedida una bola de fuego que destruiría todos los edificios situados a más de una milla (pongamos dos kilómetros), la nube de gas liberada recorrería decenas de millas arrastradas por los dos mares (recuerden: la mare del levante, la mare del poniente). Un viento que, por si acaso fueran pocas las turbulencias que desencadena en tierra, es un imán para amantes de los deportes de vela de todo el mundo, desde surferos a entes voladores…

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Algo tan mágico emana de esta comarca, y sobre todo de la antigua piedra de Tariq, que son legión los que quieren contraer matrimonio en su cúspide: a la famosa boda de John Lennon con Yoko Ono:

[media url=”https://www.youtube.com/watch?v=QY-ftTvsC7M”]

… se unen las dos de Sean Connery en el Peñón, la de Roger Moore o la del escritor Frederick Forsythe y esta web: http://www.gibraltarinfo.gi/gibraltar-weddings-es.aspx te ayuda a solucionar tu extravagante capricho por lo civil o por lo militar…

estrecho de Gibraltar por Hachero

Por no hablar del tráfico de drogas, una puerta que abrió Tariq y que desde entonces han aprovechado desde narcos marroquíes a colombianos que aprovechan las rutas de los norteafricanos para introducir sus productos. Otro dato más: en la primera mitad de 2013 la policía ha incautado más de 57 toneladas de hachís en la comarca, una sustancia que se elabora a pocos kilómetros del estrecho, en las montañas del Rift. Os dejo un vídeo que hice en aquella región:

 [media url=”http://www.youtube.com/watch?v=3Y1Y6aeMZfM”]

En todo caso una región mágica, vibrante y viva, azotada por los vientos y sus mares, por el incesante devenir de pueblos  diferentes y cercanos, que se fastidian tanto como se necesitan, sus cielos surcados por cometas y velas, sus aguas siempre amenazadas, sus habitantes entre el sopor del calor y la excitación de una tierra sin igual.

 Estrecho de Gibraltar por Hachero