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Tan inocente como un osito rojo en un escaparate y tan turbador como un osito verde en un escaparate.

El 4 de julio de 2012 la leyenda se hizo, por fin, realidad en la ciudad de Cádiz. Cuentan por los mentideros que en la época colonial los homosexuales sufrían el castigo de destierro y eran enviados a los territorios americanos, para que con la lejanía y el desapego penaran por sus conductas desviadas mientras que, al tiempo, aliviaban el territorio patrio de gentes de mala vida. Pero, dicen los gaditanos, uno de esos barcos no llegó a zarpar por culpa de una tormenta y los gays se esparcieron por toda la ciudad. Es la respuesta popular a la sempiterna pregunta de los foráneos: ¿por qué en Cádiz hay tanta pluma? La haya o no la haya, el 4 de julio de 2012 la leyenda, envuelta en guasa, se hizo realidad y un barco cargado de homosexuales atracó en el muelles local y el pasaje se perdió por toda la ciudad.
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Todo ocurrió cuando el crucero de lujo Nieuw Amsterdam tuvo que suspender su escala en Casablanca, en Marruecos, ante la indignación popular. La noticia por Pepe Landi El Nieuw Amsterdam es un crucero de lujo, sí, pero también es un crucero homosexual en el que sus más de 1500 pasajeros han pagado 7100 euros por pareja: la idea de que 1500 turistas ‘rosas’ visitaran en grupo la mezquita Hassan II de la ciudad de Casablanca puso los pelos de punta a los islamistas, y las autoridades, que soñaban con el dinero que dejarían esos ‘impuros’ en las arcas municipales, optaron por evitar trifulcas. Los cruceristas atracaron en el puerto de Cádiz, haciendo buena la leyenda gaditana, cambiaron Marrakech por la playa de la Malagueta, en Málaga, y los dólares no se conviertieron en dirhams sino en euros. El reino de Marruecos ha anunciado públicamente que no desea este turismo en su país y algunas organizaciones llaman públicamente al boicot y a cambiar dunas y camellos y mezquitas y medinas por las playas españolas.
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Banderas arcoiris en Chueca, Madrid
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Madrid acogerá en 2014 la convención mundial de la International Gay&Lesbian Travel Association, lo que hablando en plata convierte a la capital de España en la capital mundial del turismo gay. No es para menos en una ciudad capaz de reunir a más de un millón de personas en la última caravana del orgullo gay, que abarrotó las calles de banderas coloridas, gentes coloridas y un ambiente variopinto y colorido él también. Un ambiente de ositos rojos, y verdes, y naranjas, que hizo y hará de Madrid una ciudad polémica, idealizada por este colectivo como un paraíso de tolerancia y fiesta y enfrentada a los sectores más conservadores de la localidad que ven en todo esto anatema y una ofensa intolerable a sus principios y a sus creencias.

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Claro que todo es relativo y no hay pecado que no pueda traducirse en una penitencia, preferiblemente económica. Porque el turismo gay, o LGTB (de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales), gasta un dinero tan significativo que incluso el delegado de economía del ayuntamiento de Madrid, perteneciente al partido popular, conservador para más señas, parece entusiasmado ante la lluvia de dinero que le espera a su castigado municipio. La convención reunirá a un 10% del turismo mundial, con más de mil prescriptores sólo del segmento LGTB, vendrán comerciales, touroperadores, conferenciantes de postín, empresarios en general y asociaciones de todo tipo. Madrid será la ciudad de las peras y las manzanas, frutas a las que el equipo de Ana Botella sabrá exprimirles algo de sus zumos como ya los aprovechan las otras cinco ciudades ‘gays’ por vocación (Barcelona, Ibiza, Sitges, Torremolinos y Gran Canaria). Un turismo que, dice un estudio elaborado por la organización del evento, está íntimamente relacionado con los avances sociales y que se traduce en que a más libertad y educación, más turismo gay y más ingresos para los establecimientos locales. Un ejemplo: Murcia oscila entre la pauta oficial de su partido de rechazar el matrimonio homosexual y los deseos de su consejero de turismo de atraer ‘turismo rosa’ para evitar dejar escapar lo que ven como un sustituto perfecto para el fallido modelo de campos de golf. No es la única ciudad que se debate entre su casta conciencia y su cartera vacía: Sevilla, Granada, Benidorm, San Sebastián… todas quieren la parte rosa del pastel… Claro que uno de los gritos LGTB más de moda es: ‘si no quieren nuestros derechos, tampoco tendrán nuestro dinero’. ¿Como casa eso con las peras y las manzanas? 

 
España es el país que más turismo gay recibe de Europa, un dato muy relevante porque, según el Instituto de Turismo de España, este turista gasta, como media, un 30% más que otro tipo de turista. 
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Así pues, acudiendo de nuevo al estudio del Instituto de Turismo de España, el turista ‘rosa’ (no me gusta esta expresión, acepto frases nuevas) gasta 130 euros al día, frente a los 80 del heterosexual, es una persona de entre 30 y 55 años, con un alto nivel de educación y cultura y trabajos estables y bien remunerados. Suelen gastar su dinero en ocio y consumo personal, viaja en cualquier época del año y utiliza asiduamente las nuevas tecnologías. Sólo a Barcelona acuden puntuales cada año más de 200.000. Los patronatos de turismo, las asociaciones de hosteleros y los establecimientos públicos pintan ahora sus mentes de rosa fucsia pensando que es la panacea definitiva a estos tiempos de crisis. Mal casa esta fiebre por captar el dinero homosexual (o lésbico, o bisexual, o transexual) con políticas restrictivas que quitan por delante lo que dan por detrás (dicho esto con toda la intención) y cuyos líderes sueltan barbaridades en público para satisfacer a sus votantes mientras ponen la mano discretamente mendigando unas monedas.
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Autobús con familiares del colectivo LGTB desfilando por Madrid como prueba de que las familias son posibles
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Las autoridades que ridiculizan públicamente las manifestaciones homosexuales pero las incentivan en foros escondidos (por ejemplo, Madrid aspira a organizar la World Pride 2016, una caravana del Orgullo a nivel mundial, mientras sus medios públicos tratan de esconderlo y sus líderes ironizan con los colores) tienen trabajo por delante. Porque no todo Madrid es Chueca. Por ejemplo: Mariano Rajoy y sus ministros firman una declaración contra la homofobia pero se entretiene en discursos incomprensibles sobre la palabra ‘matrimonio’ mientras mantiene un recurso ante el Tribunal Supremo por esta cuestión. De hecho son muchos los cargos populares que anhelan el veredicto, negativo además, para pasar página en una ocurrencia que si bien en un principio contó con un apoyo cerrado entre sus filas, con el tiempo se ha diluido hasta verse más como una extravagancia que como una necesidad real. Afortunadamente no estamos en Marruecos ni tenemos miedo a un barco que desembarca mil quinientos turistas. Sean rosas o verdes.
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