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En la frontera entre Turquía y Siria se aguanta la respiración. En Nusaybin, ciudad turca paralela a la de Qamishle, se respira tranquilidad, los comercios abiertos, los abuelos con sus clásicos turbantes manoseando sus rosarios sentados a las sombras de los frondosos árboles del parque, los conductores de autobús vociferando sus rutas con los vehículos en marcha. Pero la frontera está cerrada a cal y canto y la amplia carretera que lleva a Siria está desierta. Todo el límite de Nusaybin está vallado con alambre de espinos seguido por más alambre de espinos y, a su vez, flanqueado por torretas con soldados que dibujan sus siluetas en el contorno de la ciudad vecina, que a su vez es el país vecino. Un soldado me avisa, nada de fotos, un cartel me lo recuerda, nada de fotos, y la tranquilidad que se vive en este paso fronterizo invita, precisamente, a entretener los nervios con el extranjero que se empeñe en hacer una foto así que, entendido, nada de fotos.
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Bastantes problemas tiene Turquía en esta frontera como para añadirle una foto hecha a destiempo. Porque al otro lado, en Qamishle, predominan los kurdos, que están de uñas con el gobierno de Ankara a resultas de la represión de los que no dejan de ser sus primos cercanos, cuando no algo más. Las fronteras son porosas y varios boquetes abiertos en su perímetro invita a pensar que de cuando en cuando alguno se cuela. Como una muestra más para la inquietud, los kurdos de la ciudad vecina, esa Qamishle, marchaban ayer junto a miembros de la oposición a Al Assad por las calles sin ningún pudor porque desde la muerte del líder kurdo en Siria, Mechal Tammo, hace ahora un año, los kurdos han tomado partido definitivamente. Tammo recibió cuatro balazos que terminaron con su vida, la vida del fundador del Consejo Nacional Sirio, un partido opositor en la línea kurda, y el gobierno de Al Assad, al parecer, sabe mucho de este crimen porque se decía, incluso, que Tammo podría encabezar un supuesto proceso de transición. Pues bien, Tammo ya no está y los kurdos no pueden ver a Al Assad, así que, sobre todo después de la nueva demostración de repulsa al gobierno, es cuestión de tiempo que el ejército sirio ataque esta ciudad. Y los turcos miran en la distancia esperando balas que caigan y refugiados que corran campo a través para colarse por esos boquetes de los que hablaba antes. Pero el globo ha estallado, mientras esto ocurre, unos kilómetros más al oeste, en la ciudad de Ceylanpinar, la gemela de Ras el Ain, donde los rebeldes sirios luchan codo con codo contra los militares sirios. La tensión crece en la grandísima frontera turca, la televisión repite machaconamente el momento del incidente y la OTAN anuncia que si esto sigue así, intervendrá. Ya veremos….
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