Este post se ha leíd11120veces

5ª escuadrilla aeronaves Armada

El interior del SH 3D Sky King es lo más parecido a la ballena de Jonás. Parece viva, palpita, cuelgan los cables como colgaban las tripas del monstruo marino, uno se siente pequeño entre los equipos de comunicación, los asientos que no fueron diseñados para descansar, los cinturones de seguridad que se estiran, la puerta abierta que haría las veces del respiradero del cetáceo, allá abajo el mar, la tierra, la base de Rota, inalcanzable y al tiempo tan cerca.

5ª escuadrilla aeronaves Armada

 

Desde esta puerta, el teniente de navío José Luis divisó el 10 de septiembre de 2011 un esquife navegando en aguas del Cuerno de África y un soldado le disparó dos tiros para inutilizar el motor, detener la embarcación y mirar en su interior. José Luis recuerda que el premio fue mayúsculo, emotivo y triste: bajo una lona yacía penosamente Evelyne Colombo, una rehén francesa que había visto morir ejecutado a su marido días atrás, una acción que desarrolló desde el buque Galicia y que puedes ver pinchando aquí. Claro que el premio hubo que trabajarlo: los tripulantes del esquife la escondieron, luego le amenazaron con sus kalashnikovs, dispararon a la aeronave, intentaron escapar y el esquife, con todos sus integrantes, zozobró y volcó. A Evelyne hubo que rescatarla a nado, dos de los secuestradores no aparecieron jamás y los otros siete terminaron detenidos acusados de piratería internacional.

 

 

5ª escuadrilla aeronaves Armada

 

José Luis, teniente de navío e integrante de la Quinta escuadrilla de Aeronaves, recuerda aquel momento como uno de los más emocionantes de su carrera. ‘Una experiencia así te marca’, dice, ‘después de tantos años de entrenamiento ver que tu trabajo da ese fruto y es capaz de salvar una vida es algo muy importante’. De las bajas, eso sí, prefiere no hablar, ni de las propias ni de las ajenas. Su vida tiene unas letras y unos números que no significan nada para un profano, y son precisamente las de la ballena voladora de Jonás: SH 3D Sky King, el nombre de ese amasijo de cables y hélices y chapa pintada en gris. Unos helicópteros que pertenecen a la Quinta Escuadrilla de la Flotilla de Aeronaves de la Armada, un apoyo aéreo a un cuerpo, el de la Armada, que está más habituada al mar y a las olas, y a las ballenas de verdad, que a los cielos que José Luis y sus compañeros surcan a diario. Y lo hacen tan a diario que se han convertido en un raro especímen: el de las unidades aéreas que superan las 100.000 horas de vuelo, y la primera que está adscrita al mar, y no al aire.

 

5ª escuadrilla aeronaves Armada

 

Alejandro Sánchez es el jefe de la escuadrilla, un capitán de corbeta que desgrana los destinos que ha conocido su flotilla. ‘Desde Haití a Somalia, pasando por Bosnia, Somalia, Irak…’. Sus últimas operaciones se circunscriben al Cuerno de África, la conocida como operación Atalanta, pero en casi medio siglo, y en cien mil horas, han tenido tiempo para dar más de una vuelta. Alejandro recuerda cuando los helicópteros entraron en Bagdad, José Luis evoca sus experiencias en Bosnia, cualquiera de los que pululan por el enorme hangar de la base de Rota tiene historias por las que se pegarían los guionistas de cualquier serie de acción. Por ejemplo, José Luis: ingresó en la escuadrilla en 1998, cuando el grupo tenía aún un rol de lucha antisubmarina y no de mero transporte de tropas, y desde entonces lo ha visto crecer subido en todas las misiones, a excepción del terremoto de Haití. Estuvo en Bosnia, dos veces en la operación Atalanta, en las costas somalíes, y es de suponer que ha pasado por Kosovo, por Bagdad y por dondequiera que hayan surcado estas naves.

 

5ª escuadrilla aeronaves Armada

 

Y horas han echado para surcarlos: cien mil, un hito en la historia de las unidades aéreas de España, cien mil horas de vuelo en unos aparatos que impresionan con sus veintidós metros de longitud, con un rotor de diecinueve metros, su interior como a medio construir, con las entrañas abiertas y llenas de cables, cinco mil seiscientos kilogramos de helicóptero que puede llegar hasta los nueve mil una vez que se le llena de infantes, de combustible y de armamento.

 

5ª escuadrilla aeronaves Armada

 

Orgullo, dice el capitán Alejandro Sánchez, orgullo repite el alférez Juan Antonio, muy orgulloso porque tenemos mucho futuro para seguir volando, sentencia el teniente de navío José Luis. Orgullo, menean la cabeza los mecánicos que se esfuerzan en preparar los aparatos, porque cada hora de vuelo necesita otras treinta en tierra de supervisión, de mantenimiento, de puesta a punto. Y orgullo también cuando miran por la ventana del aparato, con esas caras en las que uno presume que miran sin ver porque ven cosas que ya pasaron y que no se corresponden con ese fondo azul brillante de la bahía de Cádiz: tal vez los nueve compañeros que no volvieron de sus misiones, tal vez aquel momento terrible que marca la vida de un ser humano y que cualquiera de estos hombres y mujeres ha vivido en varias ocasiones y que dejan un rosario de marcas que son cicatrices que sólo se calman cuando brotan a borbotones del interior de la garganta.

 

5ª escuadrilla aeronaves Armada5ª escuadrilla aeronaves Armada

 

 

Porque este es un mundo cruel pero a la vez hermoso y qué mejor que vivirlo en toda su intensidad, hundiéndose en el fango de la podredumbre que campea a lo largo y ancho del planeta, pero hundirse desde las alturas, cayendo en picado, viviendo la conciencia de que el peligro y la hermosura nos han marcado como raza desde que la ballena escupió a Jonás después de digerirlo en vano durante tres días…

 

5ª escuadrilla aeronaves Armada