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La masa humana se mueve en la oscuridad. Al fondo reluce brillante el enorme monstruo marino. Hay quien lo mira sin dar crédito a lo que ve. Ahmed supera los sesenta años y viene de la región de Kandahar, en Afganistán: no ha visto el mar más allá de alguna película. ¡Y hoy subirá a un enorme monstruo marino que es más grande que la ciudad donde ha vivido toda su vida!

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Como Ahmed, cientos, miles, decenas de miles de refugiados que nunca han visto el mar suben a bordo de ciudades flotantes que exceden de su capacidad de imaginación. La masa humana se revuelve nerviosa en la oscuridad. Un militar trata de contenerla. Pero la masa humana se revuelve nerviosa, como digo, y observa con los ojos como platos el enorme amasijo de hierros y luces y colores que es capaz de caminar sobre las aguas.

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Sólo durante 2015 han entrado en Grecia más de ochocientos mil refugiados, la mitad de ellos sirios que huyen de la guerra. Pero junto a ellos han venido de otras setenta y siete nacionalidades. Lo que esconde un drama humanitario de proporciones bíblicas aflora también una oportunidad de negocio única. Muchos de estos ferris han aplazado sine die sus vacaciones invernales y siguen navegando desde las islas hasta el gran puerto continental del Pireo como si fuera temporada alta.

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Los ferris van llenos, las tripulaciones se desgañitan tratando de enseñar urbanidad a estos habitantes de los desiertos, las cubiertas están más que nunca cubiertas de mantas, de sillas, de público que observa asombrado el mar y las olas y el horizonte marino. Los precios no aflojan por más pasajeros que embarquen: sesenta euros desde Chíos al puerto del Pireo. ‘Desde el Pireo hasta las islas’, aducen las compañías, ‘los barcos van vacíos y tenemos que cubrir costes’, responden tan frescos (pincha aquí) 

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Dentro los refugiados compran bocadillos, latas de refrescos, los más pudientes han reservado camarote, los que no tienen posibles duermen en cualquier parte. El ambiente tiene algo de feria, bufandas de equipos de fútbol, signos de la victoria, risas, maletas acumuladas en los rincones. Es un paso más en el enorme negocio en el que se ha convertido el tema refugiado, una desgracia que da de comer a mafias, tenderos y hosteleros de todo Oriente Medio pero también a navieras, compañías de autobuses y taxistas de Europa, como ya expliqué en este otro post (pincha aquí).

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¡Y dentro todo es asombroso! ¡Hay salones enormes con divanes comodísimos! Los bancos de árnica son más cómodos que los colchones de los hostales turcos, familias enteras duermen sobre las suaves alfombras, las mantas de ACNUR motean el suelo de los pasillos. A popa se acumulan curiosos que miran las olas hipnotizados, pandillas de chavales bromean, ríen, se acurrucan, fantasean con un futuro de éxito y fama. Hay ferris que trasladan a más de tres mil de estos migrantes, hay días que al Pireo llegan seis, siete mil, hasta once mil refugiados que sólo pararán para tomar aliento y subir a un autobús que los llevará hasta la frontera. Un flujo que no ha cesado durante todo 2015 y que no cesará en los siguientes meses porque nadie le pone freno y porque las guerras continúan. Los migrantes descienden del ferry buscando el autobús que ya han contratado en un paquete completo. Próxima estación: Macedonia…

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