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Mohammed perdió el contacto con su familia tras el terremoto de octubre de 2015 que asoló parte de Afganistán. Desde entonces no sabe si su madre está viva o no, aunque sospecha que no, ni conoce tampoco el paradero de sus hermanas, de las que cree están en Kabul con su tía Golbobo.

Jassim es un iraquí que perdió a su hermano de 13 años cuando cruzaban el Egeo rumbo a Lesbos porque cada uno embarcó en una patera distinta: ‘lo llamé al móvil pero contesta un desconocido’, dice el pobre Jassim desde la página de facebook mientras constata que su hermano no tiene ni tan siquiera pasaporte porque él se quedó con los dos.

Como Mohammed o Jassim, miles de personas han llegado a Europa separados de sus familiares mientras se preguntan qué será de los suyos y dónde estarán. Mohammed y Jassim son solo dos ejemplos entre los cientos de casos a los que esta página de facebook (pincha aquí) da visibilidad.

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Pero son muchos más.

Los refugiados que buscan parientes y las páginas que intentan reunirlos.

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Muchas están en facebook mientras que otros han creado páginas web exclusivamente para este fin, como explican en este reportaje (aquí). En los campos de refugiados de Grecia la cruz roja ha colocado carteles por las tiendas de campaña: ¿busca a sus familiares? ¿podemos ayudarle? Hay otros mensajes: wifi gratis, no tirar basuras. La masa se mueve lentamente, anárquica en su inmensidad. Los autobuses llegados del Pireo se acumulan en un vasto descampado y sueltan nuevas remesas de masa humana. Es fácil perderse. Es más: resulta casi imposible no perderse. Puedes despistarte al salir de tu país, en mitad de un bombardeo, puedes perderte de los tuyos al huir a todo prisa por una frontera que no conoces, puedes perder a tus hijos en una turbamulta que huya de agentes o de mafiosos, pueden desaparecer tus seres queridos si viajan en una embarcación distinta de la tuya, y es más: pueden haberse ahogado y no te enterarás en la vida. También pueden coger rutas distintas, llegar a tu mismo país pero no a la misma ciudad que tú. Hay mil posibilidades de que algo salga mal y lo raro es que la familia llegue unida a la estación término.

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Atlaf Hussein asoma su cara en facebook para buscar a su madre y a su hermana, a las que perdió en el camino de Turquía a Grecia. ‘Mamá, vivo en Alemania’, dice un tanto naif. Peor parece pasarlo Mohammad, de 21 años, desde que perdió a su mujer, Hela, de 19, cuando desembarcaba en la isla griega de Chíos. Khaled Ahmadzai es un afgano que perdió a sus dos hijas por el camino y sospecha que pueden estar en Irán o en Turquía… ¿Cómo soportar tanta incertidumbre?

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Las páginas creadas para volver a unir a familiares dispersos proliferan como setas tras la lluvia. En esta otra, www.refunite.org, creada exclusivamente para reunir refugiados separados, aparecen personas lo mismo de la República del Congo que de Siria, Somalia o las Filipinas y ha dado cobertura a más de cinco millones de búsquedas desde su creación en 2008. La idea les surgió a los hermanos Mikkelsen, de Suecia, cuando encontraron a Mansour, un joven refugiado afgano que huía solo de la ofensiva talibán de 2005 por una ruta que le llevó a Copenhagen atravesando Rusia y el este de Europa. Mirando las enormes distancias que recorre esta gente, llevando maletas y niños a las espaldas, lo raro es la familia que completa unida la ruta.

 

También tiene su web la Cruz Roja Internacional, http://familylinks.icrc.org/es/Paginas/inicio.aspx , con un buscador en el que solo tienes que poner el nombre del país donde estás y el del que crees pueden estar los tuyos. La Cruz Roja se esfuerza en unir lo que está disperso. Para ello ofrecen una red de mensajes públicos y abiertos (que pueden ser censurados si se dice algo incorrecto), rastreo y hasta certificados de detención (si es que buscas a alguien que ha terminado en una prisión)

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En este video que enlazo abajo te enseñan a usar Trace the Face, y muestran el modo en el que actúa: los aspirantes a volver a sentirse en familia cuelgan sus fotos con la esperanza de que alguien los vea en algún momento.

Hay padres que perdieron a sus hijos en una estampida tras un tiroteo, hay quien perdió de vista a su madre en la travesía por Turquía, hay familiares que se separaron cruzando el Egeo hacia Grecia. Hay padres que buscan hijas y hermanos que buscan hermanas, sobrinos buscando tíos, esposos buscando esposas. Gente perdida que busca sus otras mitades en un ambiente extraño y a menudo hostil, rodeado de malandrines y de desesperados como ellos, gentes que encuentran lo peor del ser humano y también lo mejor. Y aparecen entonces padres postizos, que cargan con criaturas a las que no conocen pero a las que no han podido dejar atrás. Y aparecen crueles desalmados que recogen niños que deambulan solitarios para sacarles, de un modo u otro, las entrañas. Y aparecen ángeles de la guarda que crean páginas de internet para que esa enorme cantidad de teléfonos móviles que traen los refugiados tenga un sentido más.

El de Objetos Perdidos.

Lost and Found.

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