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En la playa de Nenita, al sur de la isla de Chíos, en Grecia, un grupo de trabajadores remueve unos bidones llenos de agua. ‘Los inmigrantes ya se fueron’, me dice un muchacho, ‘pero en un rato seguro que vienen más’. A pocos metros yacen dispersos chalecos salvavidas y más allá el agua mece las gomas de una neumáticas. Sin embargo ellos siguen a lo suyo.

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Una chica vacía bidones, un señor muy serio empuña una manguera que chorrea agua, otro usa un cedazo. Parecen remover hojarasca, pienso al pronto. ‘Es mastic’, me dice el chaval nuevamente y repite ante mi cara de póker: ‘M-A-S-T-I-C’. No entiendo nada pero lo observo atento porque parece algo curioso. ‘Este es el único lugar del mundo donde se produce Mastic’, insiste el muchacho, ‘y de aquí lo mandamos a todo el mundo’. ¿Mastic?, me repito a mí mismo, ¿y lo envían a todo el mundo? ¡¡¿Y qué es el mastic?!!

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En español resulta llamarsa Almáciga y es una resina que también se conoce con el nombre de Mastic, resina Mastic o Mastic Terebinto. Se extrae de un lentisco local y al parecer se usaba en la antigüedad como tatarabuelo del chicle. Dicen que la de Chíos es la mejor del mundo (aunque ellos aseguran que es la única que existe) y es tan peculiar que la UNESCO designó su cultivo en 2014 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Tanto que da empleo a más de cinco mil personas que tienen su propia asociación de productores, (The Chios Gum Mastic Growers Association, con su propia web que puedes ver pinchando aquí y donde inciden especialmente en el carácter único del mastic local).

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El caso es que los agricultores locales extraen la resina mediante cortes precisos en la corteza del árbol y dos semanas después, siempre en agosto, las lágrimas del árbol dan trabajo para una cuadrilla. Comienza entonces una labor ardua y minuciosa en la que hay que lavar cada lagrimita y parece que el agua salada le quita mejor las impurezas. Aquí puedes conocer algo más del matic (en español: pincha aquí).

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Y entonces tiene lugar el enorme potencial de esa suerte de caviar arborícola. Se usa como goma pero se pueden extraer aromas y sabores para la industria pastelera, se utiliza para elaborar licores y su extraña configuración extensible lo hace útil en la industria del mueble y hasta en la de los instrumentos musicales. Del mastic habló Herodoto y Plinio y nos cuentan que en la Antigüedad se valoraba mucho su ayuda para rebajar la presión arterial alta, la diabetes y el colesterol, la bronquitis y los dolores de estómago y parece que en la Grecia clásica era común como goma de mascar y en la Roma imperial se usaba como blanqueador de dientes.

Lo piden tanto dentistas como diseñadores de productos cosméticos, forma parte tanto de zumos vitamínicos como del añadido secreto de ciertas destilerías. Perfume, incienso, barniz… Los usos del matic parecen infinitos y el muchacho no puede entender que no haya escuchado hablar nunca del matic. ‘Vienen turistas para conocer exclusivamente el matic’, me dice sobre un turismo industrial que me deja aún más abochornado por no saber nada de esta resina. ‘Usted viene por los refugiados’, me dice asintiendo, ‘allá, un poco más abajo…’