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Cayetano Valdés y Flores, a la sazón capitán general de Cádiz, sintió una sensación de hartazgo cuando recibió la orden de la Secretaría de Estado. ‘En la cárcel hasta que hinque el pico’, le dijeron poniendo en sus manos la más pesada carga del momento: Francisco Miranda. Cayetano, un curtido marino sevillano integrante de la expedición científica de Malaspina, debió de pensar que más coces daba la historia y encerró al levantisco prisionero en una húmeda mazmorra de la prisión de la Carraca, en San Fernando. Poco quiso saber de aquel prisionero al que unían más cosas de las que lo separaban, sobre todo porque el mismo Cayetano tuvo que huir meses después cuando Fernando VII le condenó a muerte por liberal. Eso sí, antes de irse proporcionó al ilustre prisionero un ayudante de cámara, o más bien de celda, un joven soldado gaditano llamado Pedro José Morán que se identificó tanto con su reo que lo acompañó más como sirviente que como vigilante.
El 14 de julio de 1816 murió en la prisión de La Carraca, Francisco Miranda, el primer libertador de las colonias españolas en América. Tan primero que imaginó un continente llamado Colombia con frontera norte en el río Misisipí y sur en el cabo de Hornos mucho antes que Bolívar, O’Higgins o San Martín. Además, lo soñó gobernado por un Inca hereditario y una legislatura bicameral, la unión de todas las colonias hispanas. Miranda había llegado a teniente coronel en el ejército español pero renegó de su bandera y cultivó amistades tan nimias como las de Washington, Catalina la Grande, Lafayette o Napoleón, se aficionó a los libros prohibidos, participó en la revolución francesa, fue condenado a muerte por los revolucionarios galos con los que tanto luchó, huyó a Inglaterra y fundó una logia masónica e inspiró el movimiento independentista que, décadas después, convertía América en un recuerdo nostálgico para los españoles. Tras completar una biografía de interés se levantó en armas contra la corona española pero terminó mal: traicionado por Simón Bolívar, entregado a los españoles, abatido en una húmeda prisión de la Guajira, a orillas del Caribe, y de ahí a Puerto Rico y a la bahía de Cádiz, cargado de cadenas y con el que habría de ser su último destino. La Carraca.
Es de suponer que Miranda mantenía conversaciones de alto nivel y tres años encerrado en una húmeda mazmorra de la bahía de Cádiz tuvieron algo que ver en la apoplejía que acabó con su vida. El joven Pedro José debía de escucharlo al principio con hartazgo, después con curiosidad, más tarde con la impresión de tratar con un libro andante. Finalmente, Pedro José llegó a considerarse no un carcelero sino un fiel servidor. De su muerte supo el mundo gracias a Morán, que envió al menos dos cartas a los británicos Duncan, Shaw y Cia, amigos incondicionales del caraqueño.
Mis venerados señores: Me obligan a dar a ustedes parte de la situación en que se halla mi amado amo, el Excmo. Señor Francisco de Miranda, las instancias del mismo para que se lo comunique a ustedes, a fin de que inmediatamente lo participen, sin la menor dilación, al señor Turnbull y demás señores de la plaza de Gibraltar. El día 25 en la noche, a las 11 de la misma, le acometió un ataque apopléjico que pensamos se lo llevase; volvió en sí, quedándole de resultas de esto una calentura pútrida con demasiada malicia; a las 48 horas acudió una inflamación a la cabeza y una fluxión a la boca, que le tienen en los últimos trances de la vida; le asisto con el mayor cuidado, pues en su salud consiste mi felicidad; tengo recogidos sus papeles para en caso de que fallezca remitírselos a ustedes, a fin de que a su vez lo hagan a la plaza de Gibraltar. He hecho celebrar ya cuatro juntas de facultativos, y en todas ellas no me dan esperanza ninguna. Es cuanto tengo que comunicarles hasta esta hora, que son las 12 del día’.
‘No se me ha permitido por curas y frailes le haga exequias ningunas, de manera que, en los términos en que expiró, con colchón, sábanas y demás ropas de cama lo agarraron y se lo llevaron para enterrarlo; de seguida vinieron y se llevaron todas sus ropas y cuanto era suyo para quemarlo’

 

Bibliografía

‘Sueños de un libertador’. Goñi 2009
Alfonso Rumazo, Francisco de Miranda Precursor de la Independencia, EDICIONES DE LA PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA DE VENEZUELA, 2006