En la iglesia de San Agustín de Bogotá hay algo más que santos. Hay historia. La historia de la colonia, la historia de los rebeldes, de los mártires que entregaron su vida por la patria, la historia de los militares que quisieron hacer un cuartel de un país, del pueblo enfurecido porque asesinaron a su líder Gaitán, de la devoción que los colombianos sienten, en la más dura línea de la fe heredada de los españoles, por los santos y las vírgenes. Porque el centro de Bogotá tiene los tesoros históricos que la macrourbe niega, con sus más de once millones de habitantes y extensos barrios de viviendas sin más gracia que la de albergar a tanta población. No hay que irse lejos, sin embargo, porque la antigua capital del virreinato de Nueva Granada es tan vieja como vieja es la presencia española en tierra nueva y el casco histórico guarda tesoros insospechados. A todos ellos da acceso Strawberry Tours, porque el mejor modo de acceder es hacer un tour gratis de Bogotá,  con el tour gratuito que parte de la plazoleta del Rosario, justo a los pies del museo del Oro. 

Y en esa ruta histórica es difícil ignorar este templo como uno de los pilares de la moderna ciudad. San Agustín se fundó en 1575 como convento de la orden de los agustinos aunque de aquel primer templo apenas queda algún elemento incorporado a las sucesivas ampliaciones del edificio. Un edificio que por cierto ha vivido muchas vidas, desde el primigenio convento a posterior iglesia, de cuartel militar a centro de las iras de los bogotanos durante las revueltas del Bogotazo. Hoy sobrevive rodeado de apartamentos y grandes avenidas aunque ya goza de la complicidad de los bogotanos, que lo ven como una muestra de la historia que esta ciudad acumula en según qué rincones.

San Agustín está a tiro de piedra de la plaza de Bolívar, presidida por su estatua

Porque en esta iglesia duerme su sueño eterno Policarpa Salavarrieta, entre los bogotanos simplemente ‘la Pola’, un referente de la independencia colombiana y vecina de Santa Bárbara, en su tiempo un pueblo al norte de Bogotá y hoy un barrio más absorbido por la megaurbe y renombrado como Usaquén. La Pola fue costurera y maestra en su tiempo, costurera de buena familia, todo sea dicho, y fue revolucionaria independentista con solo 14 años, cuando se convirtió en espía y mensajera de los rebeldes. En 1817, con apenas veinte años, fue capturada y fusilada ante una masa a la que gritó ‘miserable pueblo, yo os compadezco’. Su muerte prendió en esa masa que la vio caer acribillada, su ejemplo corrió de boca en boca, su vida inspiró a poetas y escritores y Policarpa, la Pola, encajó en la categoría de heroína popular.

Su cuerpo yace ahí mismo, tras esa placa a media luz en la iglesia de San Agustín, uno de los pocos edificios con solera de la capital colombiana. 

El museo Botero está también en el casco histórico

Y yace en un punto histórico, a pocos metros del Palacio de Nariño, hoy el palacio presidencial, con su helipuerto y sus amplios jardines, y del barrio de la Candelaria, el más genuino y original de la ciudad. Cerca de la Pola lucen los cuadros de Fernando Botero y la plaza de Bolívar donde entregó el ánima la pobre Pola, el acceso al telesférico de Montserrate, desde el que divisar la ciudad de Bogotá a vista de pájaro, y hasta el espíritu del abominable Cartucho, el peor barrio del mundo desaparecido años atrás tragado por un mar de bulldozers. No cae lejos el Museo del Oro, uno de los templos dedicados a la memoria aurífera de los muiscas y los chibchas y los cotas y tantos otros pueblos que habitaban la llanura de Bogotá, dicen que la más fértil del mundo.

El cementerio central del barrio de Santa Fe es centro de Memoria para el estudio y el recuerdo de la guerra.

O el cementerio central de la ciudad, situado en el poco recomendable barrio de Santa Fe pero custodio de algunas de las más  importantes presencias de este país. Un cementerio que también acoge, en uno de sus laterales, el centro de Memoria, Paz y Reconciliación que recoge los duros testimonios de un país en permanente guerra. Bogotá está más cerca del cielo que muchas nubes, casi tres mil setecientos metros, pero si sabes buscar parecerá que estás por encima de ellas..

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