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Avigdor Lieberman es el líder del partido Yisrael Beytenu, un extremista de derechas nacido en la capital de Moldavia, Chisinau, o Kishnev (así se llamaba cuando nació el señor Lieberman, en tiempos de la Unión Soviética) que hoy ocupa el puesto de ministro de asuntos Exteriores de Israel. El señor Lieberman asegura en estos días que ‘la tragedia del pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial es incomparable con cualquier otra tragedia’. El señor Lieberman atesora, de modo infantil y egoísta, un concepto que no tiene nada de envidiable: el del Holocausto. El señor Lieberman, conocido por su extremismo político y su racismo antiárabe, piensa, en su delirio, que el sufrimiento, además del recurso a la fuerza justa y bendecida por el Altísimo, pertenecen tan sólo a su pueblo, al judío, y que las demás desgracias no merecen ni siquiera esa consideración, la de tragedia. 
¿Y por qué dice esto el señor Avigdor Lieberman?
Porque el senado francés ha concluido una ley que prevé un año de cárcel para cualquiera que niegue el genocidio armenio, ocurrido en dos tandas, a finales del siglo XIX y, sobre todo, en 1915, cuando pudo morir alrededor de un millón y medio de armenios. Y Avigdor siente horror de pensar que la tragedia de su pueblo pueda extenderse a otros pueblos, esos que él considera infrahumanos (porque no hay más humano que el judío)
armenios en Erevan
Los intentos de convertir los conflictos y masacres en África, Asia y los Balcanes en otro Holocausto son inaceptables. Ningún otro país que Francia ha reconocido el Genocidio Armenio por ley. Hoy en día los incidentes históricos se han convertido en disputas políticas. Es por eso que no consideramos que sea adecuado para Israel, hacer frente a este problema’, ha declarado a la prensa de Azerbayan el señor Lieberman. Porque el señor Lieberman tiene una gran relación con Azerbayan: recordemos, el enemigo número uno de la actual Armenia (Turquía ha quedado reducido a un enemigo histórico y confuso en las páginas de la historia). Avigdor Lieberman trabajó algún tiempo como locutor en Bakú, capital azerí, un país enfrentado de manera atroz con Armenia a resultas del conflicto por el Nagorno Karabagh que tantas muertes causó en la década de los noventa.
Si la negación de un crimen tan atroz como el intento organizado de exterminar a un pueblo en virtud de su origen, en este caso su religión y raza, es despreciable, mucho más lo es cuando proviene de un judío, el pueblo exterminado por excelencia.
¿O en lugar de por excelencia debería decir con exclusividad?
Dice el señor Lieberman que el Holocausto sólo les es aplicable a ellos porque el sufrimiento judío es único e irrepetible.
Y sin embargo, yo he visto ese sufrimiento otras veces: incluso en los árabes que molestan tanto al señor Lieberman. En los armenios, en los tutsis, en los camboyanos. Aunque sean cristianos unos, negros otros, asiáticos los últimos. Claro que en la mente de un suprematista, de la nacionalidad que sea, el sufrimiento ajeno es incomprensible.
Pondré un ejemplo.
En enero de 2012 la editorial boliviana Casa de Tharsis publicó la versión on line del libro ‘El Holocausto bajo la lupa’, del alemán Jürgen Graf (El Holocausto bajo la lupa), un conocido revisionista alemán que ha paseado sus polémicas teorías por medio mundo mientras huía de la justicia helvética. Graff asegura que el Holocausto judío se ha inflado hasta alcanzar unas cifras irreales que poco favor hacen a los defensores de la tragedia del pueblo hebreo. Graff ha pagado con la cárcel sus teorías y se ha visto obligado a desterrarse en lugares tan polémicos como Bielorrusia o Irán, donde sus enseñanzas encuentran terreno abonado.
Todos coinciden en que el señor Graff es un bocazas que trata de minimizar una tragedia como fue el Holocausto judío de la Segunda Guerra Mundial.
¿Qué debemos pensar, pues, del señor Lieberman, que es nada menos que un ministro, ¡y de exteriores!, del gobierno israelí? Uno esperaría cierta complicidad, la de los pueblos que han sido perseguidos hasta el exterminio, la solidaridad de las víctimas entre sí, porque han sufrido experiencias similares y se encuentran reflejados los unos en los otros. Claro que pedimos que un hombre que desea bombardear hasta la destrucción total la capital de Irán, Teherán, la presa de Aswan o a su vecina Beirut, modere su lenguaje y reflexione sobre el sufrimiento ajeno.
Para ser justo, la Knesset, el parlamento israelí, ha discutido mucho sobre la posibilidad de reconocer el genocidio que sufrió el pueblo armenio, y sigue discutiendo un anteproyecto de ley que podría suponer un primer paso. Es decir: la actitud del ministro de Exteriores no es una actitud oficial. Hablamos de un acto justo, en esencia, porque reconoce que una de las comunidades más importantes de la ciudad Santa, que posee un cuarto del casco histórico de Jerusalem, sufrió una iniquidad que la coloca a la misma altura que el terrible sufrimiento de los judíos asesinados por Hitler.
¿El problema es la palabra Holocausto?
Dice el diccionario que significa lo siguiente:
1. m. Entre los judíos, sacrificio religioso que consistía en la cremación total de un animal.
2. Sacrificio que hace una persona en beneficio de otras.
3. Gran matanza de seres humanos
Los armenios lo aceptan y colocan su propia definición de la Gran Matanza: Medz Eghern. No desean discutir por una palabra. Pero en la mente del señor Lieberman existe otra razón, mucho más práctica. Turquía es una gran potencia regional y los turcos no están dispuestos a reconocer que sus antepasados, los tres Pashás, ordenaron una matanza de tal calibre. Prefieren que el tiempo transcurra y que los armenios, desperdigados por medio mundo, olviden lo que les ocurrió a sus antepasados. Prefieren sembrar la duda sobre los oscuros episodios que costaron la vida a tantos cientos de miles de civiles desarmados e inocentes. Prefieren que caiga en el olvido las deportaciones a través de los desiertos de la Anatolia, de Siria, los ahogamientos en el mar Negro y en los ríos que animaron a las primeras civilizaciones. Y el señor Lieberman prefiere olvidar a los muertos armenios, viles cristianos al fin y al cabo, y acaparar palabras, conceptos y sufrimientos: y todo con la peor de las excusas: las buenas relaciones comerciales con un socio poderoso.
¿Debería España, en virtud de su creciente dependencia de la economía alemana, comenzar a seguir la senda del profesor Graff y negar que los nazis asesinaron a los judíos? ¿Deberíamos recuperar las tres acepciones del diccionario castellano de la palabra Holocausto para rechazar el recuerdo de los asesinados en aquellas cámaras de gas? ¿Pedimos que les denominen Gran Matanza porque Holocausto nos recuerda a Yahvé conversando con Abraham? ¿Deberíamos monopolizar nosotros el sufrimiento, considerar sólo muertos dignos de recuerdo a los caídos en la guerra civil española? ¿Qué hubiera pensado el señor Lieberman si Roosevelt hubiera descartado intervenir en la Segunda Guerra Mundial por mantener sus excelentes relaciones comerciales con la Alemania de Hitler?
¿Conocen el río Éufrates? Según relata Robert Fisk, el corresponsal del diario británico The Independent en Oriente Medio, ‘fue tan grande la matanza cerca de la ciudad de Erzincan que los miles de cadáveres lanzados al Éufrates formaron un dique que modificó centenares de metros el curso del río’. El desvío es aún visible hoy. Caravanas con miles de armenios cautivos fueron asesinados en las riberas del Éufrates, mayoritariamente mujeres y niños, hasta un nivel tal que el río quedó atorado y cambió su curso en un tramo de seiscientos metros.  (‘La Gran Guerra por la civilización’, publicado por Círculo de Lectores).
Hay miles de pruebas y testimonios.

Testimonios

‘Alrededor de 15.000 armenios de Erzindjan y distritos aledaños fueron, en su mayor parte, ahogados en el Éufrates cerca de la garganta de Kemagh; los armenios de Baiburt sufrieron también el mismo destino en el río Kará Su, un tributario del Éufrates…’ ‘Más de 30.000 armenios fueron asesinados en Erzingá. Enterraron vivos a mujeres y niños. Centenares de mujeres murieron ahogadas al arrojarse al Éufrates…
 
(Telegrama de Henry Morgenthau, embajador de los EE.UU en Damasco, 1915)

 

Testimonios
Supimos de un grupo que, cuando dejaron Jarput, eran 5.000, sólo llegaron a Alepo 213. Cuando partieron habían de todas las edades y de ambos sexos. Fueron hacia Alepo siguiendo el curso del Éufrates. Cuando llegaban a los ríos que cruzaban el Éufrates, los hombres fueron ahogados y sus cuerpos arrojados al agua…’
 
(Informe de M.W Frearson, directora del orfanato norteamericano Aintap dirigido a El Cairo en septiembre de 1915)
Todos estos documentos y otros muchos más pueden encontrarlos en el libro ‘Turquía, Estado Genocida (1915-1923), Documentos, Volumen 1 (el libro on line). La bibliografía sobre el genocidio armenio es tan amplio como los intentos del gobierno turco de silenciarlo y de los lenguaraces, como el señor Lieberman, en descalificarlos.

 

Para conocer algo más sobre el genocidio armenio, esta es mi visita al Museo del Genocidio, en Erevan: Museo del genocidio