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En la plaza central del Carmen de Bolívar una Piedad al estilo de la de Miguel Ángel sostiene el cuerpo de un soldado moribundo. Es el homenaje que rinde Colombia a los 196 oficiales, suboficiales, infantes de marina y soldados regulares que murieron en la región de los Montes de María en enfrentamientos, emboscadas y atentados de las FARC entre 1997 y 2005. Una cifra alta, sin duda, y un homenaje merecido, sin duda alguna. Los nombres de los uniformados están esculpidos en la base del monumento y su lectura emociona conforme se enmaraña en una piedra que camufla las identidades según pasa el tiempo. Se oscurecen los nombres. Miro alrededor pero no veo un monumento similar para el resto de víctimas. ¡Y eso que víctimas hay muchas más! En realidad sí que lo hay: está en San Juan Nepomuceno y rinde homenaje a un doce campesinos masacrados por los paramilitaresaunque dista mucho de ser un recuerdo colectivo a las miles de víctimas civiles que dejó el conflicto.

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Los Montes de María es una bella región, surcada por montañas y colinas, bosques tupidos, grandes superficies de cultivos y hasta el mar Caribe allá a lo lejos. Una tierra de mitos, de indios y de un calor intenso. Pero una región que en sus poco más de seis mil kilómetros cuadrados ha sufrido en apenas veinte años 56 masacres, o matanzas colectivas, más de 200.000 campesinos desplazados de sus tierras y alrededor de 4.000 asesinatos políticos. Guerrilleros de todas las guerrillas, desde los maoístas del EPL a los marxistas de las FARC o los procubanos del ELN. Una densidad de subversivos que originó, con su caótico devenir, desilusión entre los jóvenes y enfados mayúsculos entre los terratenientes que sufrían sus extorsiones y sus secuestros. Y campesinos que se veían atrapados entre dos fuegos, los del ejército y los de las guerrillas, sin obtener nada bueno de ninguno de los dos.

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Pero aún hay más. Paramilitares. La guerra sucia del estado, matones a sueldo de terratenientes y políticos, la sombra maligna de soldados y militares. Esos mismos que honran a sus caídos en el Carmen de Bolívar como héroes de los Montes de María. Y que dieron nombre a uno de los más terroríficos grupos paramilitares de Colombia. El Bloque Héroes de los Montes de María. Al escucharlo se disparan los resortes de cualquier colombiano, sin importar ideología, y surge el miedo. Un miedo oscuro, indefinido, un sabor a sangre y tierra, un ruido de motosierras y machetes, visiones de muertes convulsas. Según desveló www.verdadabierta.com el Bloque Héroes de los Montes de María nació en la finca Las Canarias, de Miguel Nule Amín, quien fue gobernador del departamento de Sucre, condenado hoy a 28 años de cárcel por homicidio agravado y desplazamiento forzado. La reunión forjó una alianza entre un centenar de terratenientes, algunos de ellos familias muy poderosas en la región desde los tiempos de la colonia española, para combatir las guerrillas. Un fenómeno, el de las autodefensas, que no era nuevo en la región pero que con la creación del Bloque Héroes de los Montes de María alcanzó un paroxismo difícil de igualar. Los terratenientes querían devolver multiplicado por mucho cada golpe a las guerrillas. Y para eso se hicieron con los servicios de algunos de los delincuentes más sanguinarios y crueles de la zona. Y todo con el beneplácito, y el apoyo implícito, de militares y policías. ‘Ya no hay guerrillas ni paramilitares ni violencia’, cuenta una campesina en este reportaje, ‘y casi que es peor porque ahora no hay absolutamente nada y nos morimos de hambre…’ Una semblanza de un país que durante años fue algo más que un estado: un paraestado…

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La polarización en Carmen de Bolívar es evidente

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Alias Cadena

Rodrigo Mercado, alias 'Cadena'

Rodrigo Mercado, alias ‘Cadena’

Rodrigo Antonio Mercado Pelufo hizo de su oficio su modo de vida. Era carnicero. Para huir de su vida anterior, Rodrigo cambió su apellido, que tenía reminiscencias pacíficas, por otro más duro: Cadena, por la enorme cadena que llevaba al cuello. Y así, muerto Rodrigo Mercado y nacido Rodrigo Cadena, hizo de su oficio, como decía, su modo de vida. Porque alias Cadena era carnicero en Sincelejo y como tal ejerció hasta el fin, presunto y supuesto, de sus días. Su sed de sangre era legendaria y generaba temor incluso entre sus correligionarios. Dicen las crónicas que Cadena fue responsable de varias masacres, entre ellas la del Salado del año 2000 (de la que ya he hablado aquí) pero su historial resulta vomitivo y el recuerdo que deja en las zonas rurales de Carmen de Bolívar estremecedor. Los capos del paramilitarismo colombiano nos ofrecen biografías alucinantemente aberrantes pero la de Rodrigo Cadena supera los cánones de crueldad y esquizofrenia.

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El 4 de diciembre de 1996 Cadena al frente de cincuenta hombres entró en el corregimiento de Pichilín con apoyo del ejército y asesinó a once vecinos acusándolos de connivencia con la guerrilla. Fue su primera masacre. De ahí vendrían muchas más. El 3 de noviembre de 1998, Cadena y sus hombres entraron en el pequeño hospital de Colosó, una vereda de Carmen de Bolívar, y con una lista en la mano llamó a la enfermera Franquilina: ‘la voy a matar por andar subiendo a los campamentos a curar guerrilleros heridos’. Luego mataron a su compañero sentimental y otras cinco personas y pintaron grafitis de AUC (Autodefensas Unidas de Colombia) en las paredes del hospital .En las veredas de San Isidro y Caracolí, pertenecientes a Carmen de Bolívar, llegaron treinta y cinco paramilitares el 11 de marzo de 1999 y asesinaron a nueve personas en un retén de carretera. El 11 de marzo de 2000 sesenta paramilitares al mando de Cadena entraron en la pequeña vereda de Las Brisas y degollaron y posteriormente quemaron a once campesinos. El 13 de abril del mismo año unos cien paramilitares llegaron a la vereda Mata de Perro, también de Carmen de Bolívar, y asesinaron a trece campesinos de una iglesia evangélica, entre ellas el propio pastor, y asesinaron a pedradas y martillazos a un matrimonio ante sus tres hijos de entre 4 y 8 años . El 24 de agosto de 2000 volvieron a Colosó para levantar un retén de carretera y ejecutar a todo el que pasara con cara de guerrillero. No olvidemos la masacre del arroyo El Bobo, en El Parejo, donde Cadena encabezó la matanza a garrotazos de once personas atadas junto a un arroyo. Entre las víctimas una mujer embarazada que era la novia de un guerrillero. Con ser terrible, no es todo. El 17 de enero de 2001 mataron a machete y con un mazo de moler piedra a veintiocho campesinos de Chengué, quemaron veinticinco casas y pintaron en las paredes: ‘fuera comunistas’. Las huellas de Cadena están presentes también en otros setenta asesinatos colectivos y hay matanzas en las que pudo participar pero de las que no ha quedado constancia. En 2005 la fiscalía encontró setenta y dos cuerpos en la finca El Palmar, en San Onofre, donde tenía su base de operaciones.

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Cadena eligió el Rincón del Mar como balneario particular

Alias Cadena entró en cólera en 1989, recuerdan en su pueblo, porque el Ejército Popular de Liberación, una guerrilla de orientación maoísta, fusiló a su prima por haberle dado agua a un soldado. También se dice que fue una venganza porque Rodrigo delataba a la Armada la presencia de guerrilleros en la sierra. Rodrigo Mercado salió del pueblo decidido a eliminar cualquier vestigio de las guerrillas y nació entonces el mentado Cadena para convertir aquellos crímenes en pálidos reflejos de su mala baba. Macayepo era un hervidero de guerrillas a finales de los ochenta, desde el ELP a las FARC, el ELN y hasta el ERP. Dicen las crónicas que Rodrigo Mercado trabajó de carnicero pero que realmente era conocido por formar parte de una banda de asaltantes de autobuses, Los Rodríguez. Su conocimiento de la región era tan amplio que pronto terminó enrolado en una CONVIVIR llamada Nuevo Amanecer, donde conocería a sus futuros compañeros de rapiña, y como escolta de un terrateniente involucrado en el narcotráfico. Tanto prometía Rodrigo que fue invitado a la escuela de comandantes de Carlos Castaño en la región del Urabá, una suerte de universidad del mal en uno de los lugares más tenebrosos de Colombia. Su poder entonces se extendió más allá de los Montes de María: Cadena tenía ya enlaces políticos y militares, reinaba en la región de la Mojana y en el golfo de Morrosquillo (punto crucial en la exportación de cocaína), hasta Tolú y San Onofre, donde ofrecía a los campesinos elegir entre sumas irrisorias por sus terrenos o la muerte. No era el único modo de quedarse con tierras: Cadena captaba a los prestamistas y cuando un campesino se retrasaba en el pago cancelaba la deuda y se quedaba con las tierras en depósito. También aparecía con un ticket de autobús y se lo ofrecía a su víctima: ‘vaya mijito al registro de la propiedad y ponga su terrenito a mi nombre’: negarse era la muerte y los campesinos, aterrados, iban solos a despojarse de toda propiedad.

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Playa del Rincón del Mar

Los terratenientes le pagaban para que expulsara a las guerrillas pero también por miedo. Porque aquel joven Rodrigo, del que dicen sus vecinos que era un fanático de las peleas de gallos y de las armas, se había convertido en un sanguinario asesino que disfrutaba tanto con la sangre como con el miedo que generaba en sus víctimas. Cadena se sentía protegido por las altas instancias militares y políticas de una región que pertenecía al paramilitarismo al más bajo y al más alto nivel y también por el miedo que generaba entre sus vecinos. Andrés, un joven del Rincón del Mar, un asentamiento playero en el mar Caribe, me habla de Cadena. ‘Llegó aquí rodeado de hombres armados, eligió la casa más bonita frente a la playa, una con piscina, y asesinó al dueño’. Desde su mansión a pie del Caribe, Cadena controlaba sus dominios. ‘Pusieron toque de queda y el que estaba en la calle más allá de las ocho podía morir: de hecho su vehículo se llevó por delante a una niña de seis o siete años y ni se paró a comprobar el mal: la niña quedó muerta’. Pero, con todo esto, lo peor ocurrió en el cercano poblado de Berrugas, me dice Andrés. ‘Allí mató harto gente y el pánico fue mucho mayor’. Allí tenía su finca El Palmar, donde una fosa común ha arrojado restos durante meses.

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Los Montes de María van desde los bosques secos del interior al mar Caribe del Rincón del Mar

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Aún así, Rodrigo no estaba en los más alto de la cadena. Tenía por encima a Diego Vecino, y tenía a su lado a Juancho Dique, dos personajes oscuros y tan sanguinarios como él. Contaban, eso sí, con el beneplácito de Álvaro García Romero, senador de la nación, que era el jefe en la sombra del grupo. Tanto que la revista SEMANA reveló en 2002 una grabación telefónica en la que el ya exsenador organizaba lo que terminó siendo la masacre de Macayepo. Tan cierto como que la corte suprema de justicia lo condenó a 40 años de cárcel. La masacre no sólo terminó con la vida de quince campesinos sino con el pueblo mismo porque la población de cuatrocientos vecinos, excepto dos ancianos, huyó despavorida hacia Sincelejo. ‘Los paramilitares llegaron buscando ganado robado pero aprovecharon para robarse todo el que encontraron’, cuenta una vecina. Cuatro años tardaron en volver los primeros vecinos y aún hoy apenas superan el centenar.

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Carmen de Bolívar

Corría el año 2005 cuando Rodrigo Cadena se dirigió a la finca de un ganadero en el departamento de Córdoba para no volver jamás. Según las autoridades y los rumores de la zona unos desconocidos interceptaron su vehículo en una vereda llamada Todos Pensamos, de Montería, y Rodrigo Cadena desapareció para siempre. Sólo apareció su vehículo quemado y el rumor de que lo habían asesinado aunque nadie consiguió jamás ver su cadáver. En 2011, seis años después de su muerte, este video aseguraba que Cadena no estaba muerto. Estaba de parranda, borracho y desafiante a orillas del mar Caribe, en El Rincón del Mar:

Los vecinos de Los Montes de María no las tienen todas consigo y hay quien asegura que está vivo y que habla con él. Sea verdad o sea mentira, los vecinos, insisto, no las tienen todas consigo: el monstruo puede volver en cualquier momento. Y no es un monstruo cualquiera como para desoír semejantes habladurías. Fue el terror de los Montes de María, una bella región bañada por el mar Caribe que sirvió como laboratorio de horrores…

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