Dicen que en una pared de la entrada del templo de Júpiter de Baalbek hay un anuncio publicitario de un estudio fotográfico del siglo XIX tallado con una navajita. 

BONFILS Photographie

A Beyrouth

Vues de Balbek

1871

La busco con ahínco pero no la encuentro. ¡Tantas pintadas tiene encima! Félix Bonfils tomó el templo de Baco como el escenario ideal para publicitar su empresa y debió de dejar su firma poco después de tomarle una instantánea que se antoja antigua y reveladora al tiempo que da coraje el precio pagado.

Esta foto es del tal Félix Bonfils: el precio fue dejar su contacto garabateado en la pared  (vía Carpenter Collection, Library of Congress)

Hoy apenas queda nada visible porque posteriores visitantes escribieron encima hasta dejarlo casi ininteligible. De hecho las fabulosas ruinas están llenas de pintadas acumuladas a lo largo de siglos y hasta de milenios. La mayoría tiene tantos años que se han adaptado al entorno y parecen parte indisoluble del recinto. Parece que la idea del señor Bonfils viajó tanto como la fotografía en aquel momento y el templo egipcio de Dendur, que no obstante se encuentra en Nueva York, cuenta con otra publicidad del señor Félix que tampoco se distingue muy bien pero sí se deja ver perfectamente ‘Girgis, fotógrafo’, aludiendo a Georges Sabounji.

El complejo de templos de Baalbek es una auténtica maravilla pero tiene tantas marcas como la mejilla de un boxeador. Si las paredes que rodean el patio hexagonal de la entrada pudieran hablar recordarían tal vez los pórticos circundantes, los profusos detalles del templo de Júpiter, la capilla dedicada a la virgen de los bizantinos, a los árabes defendiendo el antiguo templo convertido en fortaleza. Pero los patios no hablan. ¡Esperen, este sí! Las hornacinas ya no tienen estatuas: ahora tienen grabados a punta de navaja el nombre de los visitantes. Charles Enagciar, por ejemplo, ha dejado su nombre asociado al lúbrico Baal del mismo modo que Hermann Cie lo estará para siempre con la desmelenada Astarté.

Shain Makariyus, por su parte, dejó nombre y fecha en una pared varias veces milenaria y en publicaciones conocidas por todo el agonizante imperio otomano. Suya era la revista mensual Al-Muqtataf, que vendía desde 1874 en Beirut y desde 1884 en El Cairo, a donde se fue el hombre a vivir. Yo he visto esto ante, la proliferación de grafities en las pirámides, y supongo que en algún momento el inquieto Shain se acercó a la tumba de Keops para dejar constancia de su visita, como hicieron tantos de sus contemporáneos, alguno de ellos de renombre histórico. Recuerdo entonces la cantidad de graffitis y pintarrajos que pude ver en las pirámides egipcias y concluyo que esto es una actitud universal, tanto en el espacio como en el tiempo. Las pintadas de personajes famosos se veneran como algo histórico, las que acumulan siglos se resguardan como algo a proteger, las recientes se persiguen y denuestan. Las observo con detenimiento: están en los propileos del templo de Júpiter, en las paredes del templo de Baco, en las bóvedas y los fosos de la ciudadela árabe. Las veo en trozos de columnas, en dinteles, en frisos caídos. ¡Todo el mundo quiere dejar constancia de su visita! ¡Desde altos representantes a mindundis de paso!

El sultán otomano Abdulhamid II y el emperador alemán Guillermo II dejaron también su particular huella…

Cuando algún lacayo horadó las paredes del templo de Baco para instalar dos placas de mármol en honor del sultán otomano Abdulhamid II y del emperador alemán Guillermo II probablemente no era consciente de que el polvo que le manchaba las manos era polvo varias veces milenario. Ni de que cometía una barbaridad que hoy sigue visible y anónima. Una barbaridad evidente aunque una barbaridad oficial y solemne. O puede que incluso no sea una barbaridad y hay quien lo vea bien porque tan historia es el sultán del siglo XIX como el emperador romano del siglo II.

Lo mires desde donde lo mires el templo de Baco es un pasote…

El templo de Baco fue mandado construir por el emperador Antonino Pío entre los años 150 y 250 D.C. Es sencillamente sobrecogedor: su estructura se mantiene prácticamente intacta al sur del gran templo de Júpiter, que ha aguantado mucho peor el tiempo. El templo, y el yacimiento en general, han sufrido al menos cuatro terremotos devastadores, sobre todo el de 1759 que dejó la ciudad en ruinas y desfondó varios trozos de techo y desequilibró una enorme columna que ahora reposa apoyada sobre el muro oeste. Todo en el templo es colosal y misterioso: por ejemplo, está construido sobre un podio de cinco metros de altura, cuarenta y dos columnas de veinte metros lo rodean, es mayor que el Partenón de Atenas y su imagen, imponente y poderosa, sirvió de modelo en la arquitectura neoclásica. Para acrecentar su misterio hoy todos damos por seguro el que Baco fuera el dios por el que fue erigido pero tampoco está del todo claro. A pesar de lo imponente y de lo impresionante, el abandono y las pintadas dan una imagen fea, como de nave industrial abandonada en el cinturón de las afueras de cualquier ciudad. La soledad de las ruinas acrecienta esa sensación.

Pero también es un lugar solitario y apartado de todo, supongo que la tentación de dejar tu firmita en una esquina es muy grande (yo la superé).

La línea entre la gamberrada y la pieza artística de valor incalculable es tan delgada que a veces se confunden. ¿Es admisible ‘Juan quiere a Eva pintarrajeado en la pared de una catedral? ¿Y si no es Juan ni tampoco Eva sino Ioannes el que amó a Ludmilla en el siglo II? Corría el año 1990 cuando un lector del Times de Londres escribió una carta al director:

‘Si una mañana descubro en la pared de mi casa ‘John Scott 1990’ estaré de lo más enfadado. Si lo que descubro es ‘Iohn Scot 1790’ estaré complacido. Si lo que descubro bajo la pintura es ‘Iohan Scotus MCCCXC’ seguramente me harán una entrevista en The Times’.

El muro oeste del templo de Baco es un compendio de graffitis de varios siglos.

¿Qué son las pinturas rupestres de Altamira? ¿Las del Guaviare, las de Santa Cruz en Argentina o las de Lascaux en Francia? ¿Son admitibles los graffitis o rechazables siempre? Los graffitis actuales dan sensación de abandono, de suciedad, de polígono industrial olvidado y nido de malhechores y de secuestros y torturas. Pero estos graffitis tienen siglos, algunos muchos siglos, alguno hay que tiene incluso milenios. Si se me ocurriera mear, por ejemplo, bajo la pintada de John Smiths y George Wilkinsons, en la pared sur del templo de Baco, justo donde se encontraba el altar romano, la sensación de ruina industrial me dejaría la conciencia tranquila. John y George me dejan con la duda de su origen aunque hay quien añade el país del que provienen, la fecha de su gamberrada artística, puede que incluso un dibujito a modo de sello. El norteamericano C.F Dight emborronó la pared en 1884, Nagib A. Zaha pasó por aquí en 1882 y P.J. Tawil y sus hijos en 1882 (es de agradecer que el padre firmara por todos…), el señor, o señora, V. Rosenberg dejó su huella en el templo de Baco en 1852.

Las pintadas, que más bien son bajorrelieves hechos a punta de navajita, cuentan con la imaginación de un artista que dejó su recuerdo en forma de jarrón garabateado a punta de cuchillo. También hay alguna pintada en ruso de 1860 y las veo en griego, en alemán y en una caligrafía rara que me parece hebreo, aunque la inmensa mayoría están en árabe. Los aventureros rusos, británicos, franceses y alemanes frecuentaron esta región en busca de un bocado del imperio Otomano y muchos dejaban su huella gráfica al tiempo que se llevaban lo que podían en sus viajes a Rusia, a Alemania, a Gran Bretaña, para desesperación de los arqueólogos locales.Hay espacio para Antoin y Marie Faraon y Edma Parodi, quién sabe si no eran guasones que quisieron sentirse todopoderosos por un rato. Hay quien se ha esforzado en una caligrafía cuidada, es de pensar que bajo la atenta mirada de algún vigilante que le ayudaría desde la distancia a mantener la oportuna horizontalidad. Pero también hay firmas hechas de cualquier modo, descuidadas y como con prisa. ¿Estulticia o arte? ¿Bansky o gamberro?

Hay inscripciones de las que no sé ni en que lenguaje están talladas…

Durante milenios Saqqara fue el lugar elegido para el descanso de los faraones, el lugar fue levantado hace al menos 4.700 años, y de todo el complejo destaca una pared con un marco especial de cristal que muestra, guarda y protege un grafiti. Un grafiti dejado por un turista. Podemos decir más: un grafiti dejado por un turista de hace tres mil años. La palabra grafiti entró en el vocabulario inglés para describir las pintadas de las paredes de las villas de Pompeya aunque antes de la ciudad sepultada en lava no tenía esa acepción, sgraffito, y se usaba más bien para describir técnicas decorativas para arquitectura o cerámica (aunque en Pompeya los vecinos hacían pintadas en el interior de sus propias casas, cosas de ellos…). De hecho los ingleses no tenían ni tan siquiera una palabra que describiera esta práctica, o arte, y se apropiaron del término latino. Lo que en un principio solo debía servir para referirse a algo rayado o dibujado a punta de navajita pronto acaparó todo el espectro de arte callejero que usaba como lienzos las paredes. Los graffitis son tan viejos como las paredes y como el hombre: los colosos de Memon tienen pintadas en griego de viajeros romanos de clase alta varios siglos antes de que naciera Cristo, hay otra en Serabit el Khadim, en el Sinaí, que tendrá unos 4000 años, y tambien las hay curiosas como la de Alexamenos graffito , donde se representa a Jesucristo con cabeza de burro.

Del mismo modo que los arqueólogos adoran los graffitis antiguos y sacan información que no encuentran en los libros, se ponen como basiliscos con los graffitis modernos que nada aportan, dicen ellos. El mismo graffiti, dependiendo del siglo, puede ser obra de arte que despeja nieblas históricas sobre una civilización o un acto de vandalismo y falta de respeto. Los modernos grafiteros se enfrentan a detenciones, multas, acusaciones públicas y vergüenza general. ¿Se encuentra el sultán Abdulhamid en esta categoría? Lo dudo mucho. Un sultán es un sultán. Miro su placa, la de su compadre Guillermo, el alemán, y miro también la cohorte de pintadas anónimas a su alrededor. Qué más da! ¡Todo se desmorona! Los graffitis adoptan la forma de las rugosidades del muro, la piedra se desgasta y los bordes que algún esforzado ególatra talló con tanta emoción se confunden con los altorrelieves que algún esforzado escultor tallara con parecida congoja. Polvo somos.