Etiqueta: segunda guerra mundial

La segunda muerte de Pompeya

El 24 de agosto de 1943 una formación de bombarderos británicos de la RAF dejó caer una lluvia de bombas sobre posiciones del ejército nazi en el yacimiento arqueológico de Pompeya y dio una segunda muerte a los vecinos de molde que no consiguió borrar el Vesubio. Decenas de esos cuerpos de piedra que se resistían a desaparecer se esfumaron hechos añicos, pulverizados y aplastados bajo el peso de bombas de hasta quinientos kilos. Los vecinos de Pompeya volvían a morir, esta vez a manos del hombre, y por una nefasta casualidad lo volvían a hacer el mismo día...

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Viaje a Polonia: Elblag, la ciudad que renació de sus cenizas

El centro histórico de Elblag es lo más parecido a un decorado de película. Paseo por sus calles como el que visita un museo: todo está limpio, impoluto, las calles ordenadas, los edificios como recién salidos de una enorme caja de regalos, incluso lo antiguo tiene pinta de nuevo, me extraña que el campanario no esté dentro de una gran vitrina. La sensación es parecida a la que siente el recién llegado en la parte nueva de Beirut, en el Líbano, una reconstrucción minuciosa, multimillonaria, unos acabados perfectos y un orden milimétrico. Pero apenas pasea nadie por la acera,...

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Viaje a la Guarida del Lobo: Wolfschanze, los bunkers de Hitler en la espesura de los bosques polacos (II)

Adolf Hitler llegó al complejo de Wolfschanze el 24 de junio de 1941, tres días después de la invasión de la Unión Soviética, y convirtió este espectral bosque de piedras y altos árboles en un ajetreado teatro bélico. El excelente trabajo de la OT había creado el cuartel general en un lugar invisible desde el aire, disimulado entre los árboles, mimetizado con el suelo y las ramas, envuelto en redes que cambiaban según la época del año para asemejarse al color de las hojas. El complejo tenía dos campos de aviación, centrales eléctricas, una estación de ferrocarril, sistemas para...

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Viaje a Palawan: las pinturas de Don Schloat y mi primo Asuero Hachero, héroe de la guerra con el Japón

Cuando Don Schloats consiguió huir de la prisión que lo tenía consumido y convertido en apenas algo más que un saco de huesos animado por un pellejo milagrosamente vivo no podía sospechar que convertiría en obsesión el momento más trágico de su vida. Tampoco podía sospechar que pintaría convulso fuego y llamas, rememorando en una espiral sin fin el día que marcó el fin de sus compañeros, un fin que pudo ser el suyo, un fin de dolor, de mucho dolor, y de indignidad. Un fin que dejó atrás pero que le acompañó durante el resto de la vida....

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