La tumba de Samuel

  Cada mañana a eso de las ocho Rosario entra en el cementerio de Barbate para hablar con Samuel. Le susurra cosas de niños, le arregla la cara, le limpia el polvo. Samuel no puede responderle: está muerto. La foto de su carita parece flotar sobre otra imagen que abarca toda la lápida con una ola espumosa que ha roto en la orilla y contrasta con la de Samuel, abrigado con una bufanda que tiene toda la pinta de remetida tras el cuello del anorak mil veces. Samuel nació en el Congo y viajaba junto a su madre en...

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