Las tumbas de la memoria

El tiempo difumina a Manuel. Pierden forma sus contornos, no sabemos ya si sus ojos fueron grandes o pequeños, si espesas sus cejas, si gruesos sus labios. A duras penas podemos leer su nombre y es de pensar que su rostro seguirá desvaneciéndose y que desaparecerá de la memoria colectiva el día en que el último ser humano que pueda recordarlo desaparezca también. Manuel se esfuma en un mar de rostros que se diluyen y de nombres que se borran y de tumbas que se descascarillan. Al menos de Manuel sé que tuvo un rostro, aunque sólo pueda intuirlo...

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