Viaje a la frontera entre Turquía y Siria: kurdos, Nusaybin y Qamishle

[spacer size=”20″] En la frontera entre Turquía y Siria se aguanta la respiración. En Nusaybin, ciudad turca paralela a la de Qamishle, se respira tranquilidad, los comercios abiertos, los abuelos con sus clásicos turbantes manoseando sus rosarios sentados a las sombras de los frondosos árboles del parque, los conductores de autobús vociferando sus rutas con los vehículos en marcha. Pero la frontera está cerrada a cal y canto y la amplia carretera que lleva a Siria está desierta. Todo el límite de Nusaybin está vallado con alambre de espinos seguido por más alambre de espinos y, a su vez, flanqueado por torretas con soldados que dibujan sus siluetas en el contorno de la ciudad vecina, que a su vez es el país vecino. Un soldado me avisa, nada de fotos, un cartel me lo recuerda, nada de fotos, y la tranquilidad que se vive en este paso fronterizo invita, precisamente, a entretener los nervios con el extranjero que se empeñe en hacer una foto así que, entendido, nada de fotos. [spacer size=”20″] Bastantes problemas tiene Turquía en esta frontera como para añadirle una foto hecha a destiempo. Porque al otro lado, en Qamishle, predominan los kurdos, que están de uñas con el gobierno de Ankara a resultas de la represión de los que no dejan de ser sus primos cercanos, cuando no algo más. Las fronteras son porosas y...

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