Los muertos de piedra de Pompeya

En una vieja urna de cristal con los bordes de metal oxidado duerme su sueño eterno un absoluto desconocido. Y cuando digo duerme es que tal parece: está tumbado sobre el suelo, uno de sus brazos hace de almohada y confiere al conjunto cierta sensación de calma. Y cuando digo desconocido es que el durmiente no tiene nombre, nadie sabe quién es, ni lo sabrá jamás, ni hay modo alguno de determinar su identidad. Porque el durmiente es de piedra aunque antes, mucho tiempo atrás, fue de carne palpitante. Da cierta lástima verlo ahí, en la urna, arrumbado en...

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