Los muertos del Museo Británico

El cadáver de Isabel II reposa sobre una esterilla deshilachada en el interior de una urna acondicionada. Está desnudo, seco, y uno no puede reprimir un gesto de desagrado por lo desigual de su cuerpo, las arrugas que le surcan el tórax, los dientes rotos de su boca a medio abrir. Un flash le da vida efímera al iluminar un ojo entreabierto. A su lado se encuentra su célebre pamela roja y una falda del mismo color, tiesa y comida por el tiempo. Un niño asiático, regordete y maleducado, señala y se ríe. Es el símbolo de un imperio olvidado,...

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