Pedro Ordóñez de Ceballos: Elcano con sotana

Si Pedro Ordóñez de Ceballos no se hubiera agachado a recoger el ramillete de flores que una dama sevillana dejó caer desde su balcón no se hubiera convertido en uno de los viajeros más incansables que ha dado Andalucía. Pero lo hizo, se agachó galantemente, a sus diecisiete primaveras, y hasta puede que mirara con ojos de mancebo poderoso a las alturas sin hacer caso a su tío, que meneaba la cabeza a su lado mientras murmuraba sus temores. Pedro debió de haber guardado las formas porque el marido de la descuidada dama tomó el gesto como una afrenta...

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