Etiqueta: Lalibela

En las delirantes iglesias monolíticas de Lalibela (II)

¿Y qué decir de Biet Mikael? Hay quien dice que Biet Debre Sina, el siguiente templo, no es siguiente sino el mismo y que antes ambos santuarios eran uno solo conocido como Biet Sina. En realidad ambas se alzan en paralelo y tal vez por eso ambos interiores parecen igualmente claustrofóbicos. A las puertas de Biet Mikael un sacerdote reposa tumbado en un escalón mientras lee atento su biblia en amárico. Para dar mayor sensación de surrealismo a pocos metros de su entrada se levanta un tocho de piedra tallada con un misterioso letrero: Tumba de Adán. No es...

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En las delirantes iglesias monolíticas de Lalibela (I)

Si Bete Giorgis impresiona por su simbolismo y su imagen icónica en un lugar de imágenes icónicas, el resto del conjunto monumental incrementa la sensación de estupor. Porque Bete Giorgis es un emblema mundial que causa asombro pero no deja adivinar la envergadura total del trabajo que los antiguos etíopes acometieron sabe Dios por qué motivo. El conjunto es patrimonio de la Humanidad desde 1978 y abarca un total de once iglesias tan impresionantes como la de Bete Giorgis. Dicen las crónicas que fueron los súbditos de la dinastía Zagüe, herederos a su vez de un antiguo imperio llamado...

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Viaje a Lalibela: en Bete Giorgis

Una larga fila de peregrinos se detiene ante una pared rojiza. Se arrodillan, la tocan, cierran los ojos, rezan. Están envueltos en togas blancas y sus ritos tienen algo de otras religiones. Los veo arrodillarse y tocar el suelo con sus frentes, los veo balancearse rítmicamente mientras murmuran sus oraciones. Temo que alguno intente atravesarme porque no me miran: parezco invisible. Es su modo de integrar al recién llegado: aquí apenas hay extranjeros, todos somos peregrinos. La pared no tendría mucho misterio de no ser porque justo detrás se encuentra una de las maravillas de este planeta: Biet Ghiorgis,...

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Viaje a Etiopía: la entretenida ceremonia del café casero

Melaknesh me invita a un café en su casa. La sigo interesado hasta el miserable cuartucho lleno de polvo y trastos donde una mujer se mueve entre sombras con un bebé agarrado al pecho. Es mi casa, dice la niña, y de entre las sombras sale otro pequeño con cara de guasón. Siéntese aquí que le preparo el café en un momentito. La niña barre entonces la entrada de su casa, recoge ramitas, hojas, trocitos de madera, una bolsa de plástico. Las amontona en el suelo y busca entonces una yesca: no sin dificultad consigue hacer fuego y entonces coloca...

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