Viaje a Spassk: el gulag fantasma de la estepa

Crece la hierba rala hasta donde se pierde la vista. El terreno es plano, aunque el horizonte se eleva para formar una pequeña estribación que alivia la mirada. El suelo es infinitamente llano, surcado por leves desniveles. Algunos pájaros sobrevuelan el inicio del verano en la estepa. Y nada más. No hay un árbol, un río, una nube, un arbusto. Bueno, sí: hay cruces dispersas, algunos monolitos, placas conmemorativas. Y bajo esas ondulaciones hay exactamente siete mil setecientas personas que murieron de frío, de hambre, de un disparo, de un golpe de tos. ‘Cuidado donde pisa’, me dice el...

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