Los chicles de la tumba de Jim Morrison

  Si Jim Morrison pensó alguna vez que la muerte le libraría de los focos se equivocó. Conforme su fama creció en el mundo de la música, de las fiestas locas y de las almas atormentadas, su presencia generaba más interés, más necesidad de fotos, de conciertos, de películas, de pósters. Las groupies lo perseguían con saña, los camellos lo perseguían con saña, las discográficas, las productoras, el mundo del show lo perseguían con saña. Porque sabían que había terreno abonado. Las groupies sabían que se lo follarían todas, los camellos que no quedaría vena, pituitaria, pulmón o neurona...

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