Viaje a Lalibela: en Bete Giorgis

Una larga fila de peregrinos se detiene ante una pared rojiza. Se arrodillan, la tocan, cierran los ojos, rezan. Están envueltos en togas blancas y sus ritos tienen algo de otras religiones. Los veo arrodillarse y tocar el suelo con sus frentes, los veo balancearse rítmicamente mientras murmuran sus oraciones. Temo que alguno intente atravesarme porque no me miran: parezco invisible. Es su modo de integrar al recién llegado: aquí apenas hay extranjeros, todos somos peregrinos. La pared no tendría mucho misterio de no ser porque justo detrás se encuentra una de las maravillas de este planeta: Biet Ghiorgis,...

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