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Karaganda, la ciudad de los esclavos

  El boulevard Mira de Karaganda ofrece sombra, frescor, exuberancia, verde. Los álamos buscan las nubes mientras que a ras de suelo niños rubios de ojos azules y morenos de ojos rasgados rompen el aire con sus columpios. Karaganda es una gran ciudad de majestuosas avenidas repletas de árboles. ‘Por cada álamo sembrado hay cinco cuerpos enterrados debajo’, contaba la escritora Larissa Zorenko al periodista británico Christopher Robbins. Miro los imponentes árboles, frondosos y agradables, pero ya no los veo igual. Porque Karaganda, como decía, está llena de avenidas larguísimas, de arboledas, de parques y jardines. De hecho Karaganda...

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Pompeya: falos, burdeles, vino y tabernas

El lupanar más conocido de Pompeya no tiene pérdida: solo hay que seguir las pollas esculpidas en altorrelieves que están distribuidas por todo el casco histórico. Las pollas, los penes, los falos, las trancas, los nabos. Los romanos tenían cierta adoración por estas cosas. Esculpidas y esculpidos. En frescos, en amuletos, en colgantes. Y no sólo en altorrelieves: también hay bajorrelieves, pinturas, están en columnas, en dinteles, en losas del suelo. Probablemente incluso las llevaran, al menos en intención, tatuadas en las frentes de los malogrados vecinos, tan dados a la promiscuidad que por la ciudad aún se conservan...

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Palenque de San Basilio o el primer territorio africano en América

‘Hola, yo soy de Angola pero nací aquí, en San Basilio de Palenque’, se me presenta un señor cargado de colgantes de plata. ‘Pues yo soy de Guinea’, me dice una señora a su lado, ‘pero también nací aquí, en San Basilio de Palenque’. Los palenqueños tienen mucha guasa pero al tiempo no parece que bromeen con su origen. Este señor se considera angoleño al tiempo que colombiano y aquella señora guineana a la vez que colombiana. Y tal vez tengan razón del todo: llegar a Palenque tras una lluvia es tan difícil como viajar a Angola y una vez...

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Alonso de Sandoval: el defensor de las Negritudes

       Alonso de Sandoval dedicó cuarenta y cinco años a observar los despojos humanos que los barcos negreros trasladaban desde la lejana África al puerto de Cartagena de Indias. Dicen que bautizó a más de sesenta mil, que vomitó sus entrañas al bajar a las fétidas bodegas donde se hacinaban vivos y muertos junto a moribundos y heces, y que de tanto hablarles en un latín que nadie entendía terminó entendiendo él mismo lo que significaba ser africano. Dejó de verlos entonces como lo que no eran pero todos suponían: bestias, y los supo humanos, y su inicial tarea...

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Viaje a Haití: la pesadilla del mar Caribe (III) Toussaints L’Ouverture

Cuando estalló la revuelta de Haití, en 1791, Toussaints Louverture vivía tranquilo bajo la protección de unos amos buenos. Le habían permitido aprender a leer y escribir y tanta maña se dio el esclavo que tenía entre sus lecturas favoritas los Comentarios de Julio César y hasta aprendió latín. Además estudiaba naturalismo y era buen jinete así que cuando la rebelión comenzó a agotarse por falta de un líder no le fue difícil hacerse con el liderazgo. Con una destacable mano izquierda inició el libertador caribeño una larga serie de negociaciones con británicos, españoles y franceses que terminó como...

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