Viaje a Haití: con los negros muertos por Trujillo en el río Masacre

El río Masacre Durante el verano de 1937 el presidente de la República Dominicana, Rafael Leónidas Trujillo, llegó al máximo de su paciencia: basta de negros en mi país, pensó, ¡que no quede ni uno! Llamó entonces a sus generales y les ordenó que matasen a todos los que encontraran porque ensuciaban su país, que en su delirio presumía blanco. El 28 de septiembre el ejército dominicano, en la ciudad de Bánica, acuchilló a los negros que pudo, tiroteó a otros y aplastó a los que huían con el resultado de 300 haitianos muertos. Fue el inicio de una matanza de proporción bíblica, una masacre de increíble envergadura que siguió a lo largo de la frontera entre los dos países, una frontera de juguete que los haitianos cruzan cuando les viene en gana, y dejó, según los cálculos más conservadores, entre 15.000 y 20.000 muertos. La matanza tuvo muchos nombres pero entre los dominicanos se la recuerda como la masacre del Perejil, porque todo negro que no supiera pronunciar bien esa palabra era declarado haitiano y ejecutado con lo primero que hubiera a mano. La cifra de muertos crece en según qué relatos y hay quien menciona los 30.000 muertos, muchos de ellos en las riberas de un lánguido río que se tiñó, dicen los locales, de rojo de tanta sangre que se vertió en él. Tanta sangre que el...

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