viaje a Siria: de peregrinación chiíta en la mezquita de los Omeya

Cuando el califa omeya Walid I decidió aprovechar los cimientos de la antigua iglesia bizantina dedicada a San Juan Bautista no sintió temblar su mano pensando que echaba por los suelos parte de la historia de Oriente Medio. No le importó que el mismísimo emperador Constantino fuera su promotor ni que aquellas piedras labradas con una cuidada caligrafía latina fueran piedras angulares en el antiquísimo templo de Júpiter Damascenus. No hizo caso a las insignias griegas que ahora se erosionan al sol en los muros exteriores, no pensó en que podría encolerizar al terrible Hadad, el dios arameo de...

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