Etiqueta: Dacca

Las negras aguas de Dacca

El río Buriganga arrastra aguas marrones repletas de desechos sin nombre, formas gelatinosas, botellas, coloridas tiras de plásticos, bolsas, detritus, algún pez muerto, espumas rosadas, marrones y grises. No metería un dedo en ese agua. Pero aquel señor mete todos sus dedos, sus manos y hasta su cuerpo. Y no es el único. Una larga fila de hombres mantiene el equilibrio sobre el borde del río para evitar caer al agua o, mucho peor (dónde vas a ir), que se les resbale el sarong y les queden las vergüenzas al aire. Se bañan entre cúmulos de basuras, entre nubecillas...

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Las norias humanas de Bangladesh

Sube la noria entre las risas de unas quinceañeras que miran desde las alturas el horizonte del parque Shishu. Un horizonte cercano, presumo, porque la noria asciende lo justo para que se pueda ver la copa de los árboles mas bajos. Y así debe de ser porque si la noria tuviera más altura las quinceañeras no tendrían problemas en recrearse en el horizonte de la monstruosa ciudad de Dacca pero entonces los muchachos que hacen de motor humano no alcanzarían las cabinas ni con el más portentoso de los saltos. Porque la noria no sólo es de madera coloreada...

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Sadaqa: pidiendo limosna en Bangladesh

A las puertas de Baitul Mukarram, la mezquita central de Dacca, en Bangladesh, se arremolina un grupo de menesterosos. Hoy es viernes, el Ramadán se acerca a su fin, el edificio está colapsado de público, la ciudad se vaciará en unas horas. Buen día para sacarse un dinerito en limosnas. Los pordioseros se disputan el mejor lugar de la salida natural de las miles de personas que se hacinan en el interior. Entre ellos se limitan el espacio: dos tullidos en sillas de ruedas, milagrosamente funcionales a pesar del óxido, toman posiciones. Las niñas ensayan las manos extendidas. Un...

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La capital mundial del rickshaw

‘Al aeropuerto, por favor’. El conductor asiente grave, mira ceñudo el horizonte, ampliamente poblado por un frondoso bosque de coloridos autobuses y de chirriantes rickshaws, cierra con pestillo la claustrofóbica caja metálica en la que deberé de viajar, y arranca, mal que bien, su aparato. Es imposible moverse por Dacca sin estos trastos, y también es imposible moverse con ellos: digamos que es imposible moverse por Dacca. Tal vez por ello estos miserables vehículos, impulsados por motorcillos gripados de motitos de juguete o bien por la desconcertante fuerza de esos muslos esmirriados que pedalean bicicletas al borde de la...

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Trabaja o (y) muere

  En el centro de Dhaka, rodeado de mansiones, embajadas internacionales y fundaciones de todo tipo, un grupo de obreros carga una viga de metal. Hace calor, un calor pegajoso y sofocante, tropical. Un calor que convierte en un incordio cualquier prenda. Tal vez por eso los obreros no tienen zapatos de seguridad. ¡Qué digo zapatos de seguridad! ¡Ni zapatos tienen! Alguno tiene sandalias. Ninguno cuenta con un casco, ropa especializada, no hay grúas ni se las espera. El capataz da órdenes: ¡uno!, ¡dos!, y los muchachos levantan con un esfuerzo sobrehumano la viga mientras otros se introducen debajo...

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