Los fantasmas del hotel Palmyra

En la habitación hace frío y no me fío de una estufa que pierde su tubo por las alturas. La cisterna del inodoro hace ruido y la puerta del baño no cierra del todo. Miro la cama con aprensión pero no hay nada que temer: es muy cómoda aunque a cada movimiento cruje y gime como si celebrara una orgía multitudinaria: duermo hecho una momia, sin moverme, pero al menos es calentita y mullida. Pienso entonces en quién habrá dormido aquí antes que yo: ¿el emperador de Etiopía, Hailé Selassié? ¿El Sha de Persia? ¿Tal vez Nina Simone, la...

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