En el entierro etíope del señor Chabo

Un cortejo mortuorio interrumpe la tranquilidad de la Catedral de la Sagrada Trinidad de Adis Abeba. Las lágrimas de una mujer agarrada a la ventanilla del coche fúnebre, su rostro desfigurado en un llanto mudo. La imagen del occiso enmarcada en una fotografía antigua. El séquito circunspecto, imperturbable, solemne. El funeral se oficia a las mismas puertas de la catedral donde duerme su sueño eterno el Rey de Reyes, el Negusa Negast, emperador de Abisinia, Padre de África. ¿Y quién es este hombre que ha atraído a masas de abuelos llorosos? La suerte ha querido que el fallecido encuentre...

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