La revolución de Hong Kong no tiene edad

Los niños llevan un ventilador a pilas con el que refrescarse bajo el paraguas con protección para los rayos UVA de sus padres. Así pueden atender mejor a las palabras que ese señor les dirige desde lo alto de una escalera. Porque el calor es inclemente y no hay nadie en la ciudad que se atreva a salir a la calle sin su correspondiente aparatito a pilas. El suelo arde por el sol y los lápices de cera se derriten sobre el ardiente acerado, queman las tijeritas con las que recortar las figuras que la organización de los indignados...

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