La valla de Melilla

  Durante trece kilómetros y medio la tierra sufre surcada por enormes cicatrices. Cicatrices paralelas, costurón tras costurón, herida tras herida. Arrancan las cicatrices de las turquesas aguas del Mediterráneo, serpentean por laderas y montículos, esquivan camposantos, salvan el cauce de un río seco, bordean un colorido campo de golf, asisten al humillante hormigueo de los escarabajos-porteadores, y mueren en el mismo Mediterráneo del que arrancó. Cada kilómetro cuenta triple porque tres son las cicatrices que España ha levantado para evitar el paso del Otro Lado a Este Lado y las cicatrices no dejan de multiplicarse porque Marruecos, tal...

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