En el puerto de Chittagong

    Hileras de barcos oxidados, pesqueros de madera con pomposos puentes de mando de los que asoman cabezas sonrientes, cargueros inmaculados, portacontenedores al límite de su resistencia, frágiles barquichuelas coronadas por coloridas sombrillas, petroleros moribundos rumbo al desguace, trasbordadores cargados de peregrinos. El puerto de Chittangong domina el golfo de Bengala desde una posición privilegiada pero al tiempo ofrece un universo de barro sucio, cielo gris plomizo y decrepitud que atonta al recién llegado. O sea: yo. Subo a una lanchita para ver desde el mar lo que he contemplado desde el puente que da acceso a la...

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