La casa de la Memoria de Tumaco

Desde las paredes de la Casa de la Memoria de Tumaco me observan cientos de rostros. Me miran con los ojos muy abiertos, posan ante la cámara, se han arreglado para las fotos. Todos están muertos. Y no de cualquier manera. Han muerto asesinados. Los hay que son civiles que no saben qué les ocurrió, militares que sospechaban lo que les iba a ocurrir, paramilitares que dieron tanto tormento como recibieron, subversivos utópicos atrapados en indignos pragmatismos, narcos de medio pelo, pandilleros alocados, drogadictos desesperados. Amas de casa, estudiantes, empresarios, vendedores ambulantes, líderes sociales, sindicalistas, mafiosillos de barrio, peatones anónimos....

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