Viaje a Eurovegas: de Antonio Armijo a Sheldon Adelson

En 1827 el explorador español Antonio Armijo llegó a un espléndido valle que contrastaba con el desierto que lo rodeaba y, exultante, bautizó a la zona con el alegre nombre de Las Vegas. Armijo había alcanzado la remota región siguiendo los pasos de antiguas expediciones y de los indígenas Paiute, una etnia que vivía en la edad de piedra y que hablaba una variación del antiguo nauatl de los mexica. Armijo disfrutó de los manantiales que salpicaban de verdor a una zona tan árida, encontró cobijo bajo las frondosas copas de los árboles y plantó su bandera para incorporar los nuevos terrenos al recién creado estado de México. Apenas dos décadas después los estadounidenses arrebataron la zona a los mexicanos, la incorporaron a sus barras y estrellas y en 1900 el antiguo vergel quedó convertido en un proyecto de ciudad en mitad del desierto. Los paiutes pasaron de vivir una sencilla vida recogiendo bellotas y piñas y cazando ardillas y ciervos a verse rodeados por evangelistas, buscadores de oro, colonos y empresarios que arrancaron la polvorienta región de las garras mexicanas para integrarla primero en Utah, el reino de los mormones, y luego en el estado de Nevada. Aquel desierto tan desagradable que agotó a Armijo resultó ser todo un partidito: tenía oro en abundancia, plata hasta cansarte, montañas nevadas que le dan nombre al estado, el cañón del...

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