Trabaja o (y) muere

  En el centro de Dhaka, rodeado de mansiones, embajadas internacionales y fundaciones de todo tipo, un grupo de obreros carga una viga de metal. Hace calor, un calor pegajoso y sofocante, tropical. Un calor que convierte en un incordio cualquier prenda. Tal vez por eso los obreros no tienen zapatos de seguridad. ¡Qué digo zapatos de seguridad! ¡Ni zapatos tienen! Alguno tiene sandalias. Ninguno cuenta con un casco, ropa especializada, no hay grúas ni se las espera. El capataz da órdenes: ¡uno!, ¡dos!, y los muchachos levantan con un esfuerzo sobrehumano la viga mientras otros se introducen debajo...

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