Adolfo Jiménez Castellanos, el último de Cuba

  Adolfo Jiménez Castellanos entró con paso firme en el salón de los espejos de su todavía palacio, el palacio de los capitanes generales de La Habana, cruzó la estancia y miró con ojos vacíos al general Brooke. Dominados sus nervios, Adolfo se inclinó ante su oponente a pesar de que hubiera preferido hundir una espada en su pecho. Sobre la mesa, una pluma y un papel, alrededor oficiales norteamericanos, en los balconcillos militares españoles con gesto serio. Suenan las campanadas del mediodía y un cañón allá afuera hace tronar el aire. Le siguen veintiuna salvas y Adolfo se...

Leer más