Este post se ha leíd316veces

www.losmundosdehachero.com

Los habitantes de la antigua residencia del gobernador británico, el edificio que se construyó para recibir a Isabel II

Cuando la entonces princesa Isabel II del Reino Unido prometió visitar sus territorios de la Somalia británica a principios de los años cincuenta, el protocolo de las colonias se activó para construir un edificio que estuviera a la altura de las circunstancias. Los arquitectos dibujaron planos, diseñaron modelos y los ingenieros dieron forma al sueño. The State House. Un edificio que es más un castillo, o una fortaleza, que una residencia para tan real visita. ‘Pero su padre murió y ella tuvo que suspender el viaje para volver a Londres’, me cuenta Mohamed Kamaso, porque Isabel debía ahora presidir un funeral y recibir una corona que la convertía de hecho en reina.

www.losmundosdehachero.com

Aún resiste en pie el mástil que enarboló la bandera británica

www.losmundosdehachero.com

Una de las entradas al edificio está presidida por un enigmático escudo de armas

DSC_2485-imp

El edificio se quedó sin tamaña visita pero pronto le encontraron otra función. Sería la residencia oficial del gobernador británico en el protectorado de Somalia. Si estas paredes pudieran hablar nos cotillearían historias sobre expediciones secretas al interior del Sudán, buscadores de oro, de petróleo, tensiones en el mar Rojo, misiones diplomáticas con el Rey de Reyes y el decrépito final de las colonias europeas. Por no hablar que uno puede evocar el tintineo del hielo de las copas de ginebra con tónica que los oficiales sorbieron sudorosos en estos amplios salones para evitar, la salud siempre por delante, la temida malaria.

DSC_2521-imp

DSC_2413-imp

DSC_2500-imp

Claro que debe ser difícil escuchar semejantes ecos entre los llantos de los niños, la ropa tendida, el olor a fritanga, los escombros acumulados en las esquinas, las tiendas de plástico, cartón y restos textiles. Hoy la State House es una ruina que alberga refugiados de la guerra de la independencia de Somalilandia y, además, da nombre a todo un barrio de refugiados de guerra venidos de toda Somalia. Por si fuera poco, el edificio ha salido ardiendo en varias ocasiones y los desconchones negros del fuego manchan las paredes, incluso en las zonas que han cuarteado para cubrir con tejados de lata. Ya que la reina no se dignó a sentar sus reales en este caluroso lugar, el edificio se acondicionó no sólo como residencia oficial del gobernador británico sino también como casa de huéspedes para visitantes ilustres. Los visitantes ilustres no reconocerían hoy esta maraña intrincada de callecillas embarradas, levantadas sobre los extensos jardines en los que llegó incluso a jugarse al golf.

DSC_2494-imp

DSC_2496-imp

DSC_2490-imp

La guerra de finales de los 80 que enfrentó a los rebeldes de esta región, Somalilandia, con el poder central de la capital, Mogadishu, destruyó el 90% de los edificios de la ciudad, mató a más de 50.000 personas y desdibujó del mapa esta ciudad, Hargeisa. Una ciudad que a finales del siglo XIX no era nada más que un pequeño arroyo donde paraban las caravanas de camellos que atravesaban el desierto. El primero en levantar algo más que una tienda desmontable fue el célebre colonizador británico Lord Delamere en 1891, cuando participaba en una caza de leones camino a Kenia. Poco más tarde el pequeño bungalow ordenado construir por Delamere fue aprovechado por Sheikh Madar, un líder religioso del cercano puerto de Berberá, que estableció algo parecido a una base a medio camino entre su costa y la ciudad etíope de Harar. Su importancia creció con el tiempo por ser cruce de caminos y en 1941 los británicos la nombraron capital del protectorado británico de Somalia.

DSC_2431-imp

DSC_2427-imp

El primer impacto es visual: el barrio de State House se asemeja al infierno de Nasoo Xablode pero con matices más amables: está en el suroeste de la ciudad, en una zona más transitada y con vida, hay más verde alrededor, incluso hay calles que tienen firme, aunque sea de tierra (pocas, eso sí). De las coloridas tiendas salen mujeres cariacontecidas y con aspecto de haber dormido poco: ‘la lluvia nos ha inundado las tiendas’, me cuenta una señora mientras desmonta una tienda para volver a montarla inmediatamente. Las inmediaciones de la State House no dejan adivinar el aparcamiento de grama que incluso permitió alguna vez partiditas de golf. Ahora sólo hay ‘bool’, como llaman a estas tiendas que parecen iglús de plástico y trozos de ropa vieja.

DSC_2497-imp

DSC_2461-imp

DSC_2454-imp

La reina del país que tantas guerras ha originado en el planeta no llegó a venir y tal vez como venganza el edificio que debía acogerla es ahora un refugio para gentes que han huido de esas mismas guerras. Son pocas las familias que habitan el interior del edificio en ruinas. La mayoría prefiere las coloridas tiendas. ‘En el barrio viven unas cuatro mil quinientas familias‘, me cuenta Mohamed Kamaso, ‘y la mayoría reside aquí desde 1990, cuando huyeron del interior de Somalilandia en la guerra que vivimos contra Mogadishu’. Al igual que Nasoo Xablode, tampoco reciben ayudas gubernamentales pero al menos viven, como decía, cerca del centro de la ciudad y pueden buscarse trabajillos con los que subsistir.

DSC_2493-imp

DSC_2403-imp

DSC_2492-imp

El barrio es una suerte de laberinto de chabolas coloridas de plástico y trapo que desembocan, si uno tiene guía, en un módulo central donde se encuentra la State House. El edificio colapsó en 1988, cuando el gobierno de Mogadishu envió un avión a bombardear la ciudad y se ensañó especialmente en la sede del gobierno local. Los bombardeos cumplieron su objetivo a medias porque destruyeron todo lo destruible pero no doblegaron el espíritu de los somalilendeses. Tan es así que los locales capturaron el avión de los bombardeos y hoy lo tienen expuesto en el centro, un monumento naif y hasta cierto punto desconcertante porque el avión capturado parece de juguete… Hoy el edificio luce espectral, con graffities que no merecen ese nombre, sombras que se convierten en niñas de luminosos chadores cuando las roza un rayo de sol, ruinas y más ruinas.

DSC_2501-imp

DSC_2416-imp

DSC_2448-imp

‘Nosotras venimos de Mogadishu’, me cuenta una señora que lava ropa a las puertas de su bool. ‘Nosotras vinimos hace tres años por la sequía’, me cuenta otra señora a su lado. ‘Yo estoy aquí desde 1991’, concluye la de más edad. ¡En un corrillo están representadas todas las causas del desplazamiento en este país! Cuanto más pobre y recién llegada, más lejos de la State House. Y en el edificio histórico, los más antiguos, los que sufrieron la guerra civil. Eso quiere decir que están cerca de cumplir ¡¡tres décadas viviendo aquí!!

DSC_2414-imp

DSC_2447-imp

Algunos fueron en su momento refugiados de guerra en el norte de Etiopía, cuando huyeron de las atrocidades cometidas por el régimen de Siad Barre. Cuando Barre abandonó el poder, por las malas, los refugiados volvieron lentamente pero la mayor parte del país estaba destruido, ciudades desfondadas, ganado disperso o muerto, nulas expectativas, y se instalaron donde pudieron. Por ejemplo, aquí, en las ruinas de los antiguos cuarteles generales del ejército británico y posteriormente del incipiente gobierno rebelde de Somalilandia. Pasaron de ser refugiados de guerra en Etiopía a desplazados internos en Somalia. Pero las casas, los bool, eran, son, iguales. Ahora están establecidos de modo permanente, aunque eso nunca puede decirse. Tal vez mañana el gobierno decida expulsarlos para recuperar los terrenos donde radicó su primer gobierno. Porque Isabel II, visto lo visto, no parece que vaya a venir…

DSC_2426-imp