Este post se ha leíd1518veces

Las pirámides de Egipto, la torre Eiffel, la torre de Pisa, la Giralda de Sevilla. La lista de escenarios propicios para la estupidez es tan amplia como deprimente. Claro que es una estupidez huera y podría decir que inocente. Porque, ¿a quién daña que ese señor agarre el aire de forma ridícula para que parezca que atrapa la cabeza de la Esfinge? ¡¡A nadie!!

A los pies de la torre Eiffel una pareja se fotografía apoyado en un deportivo rojo de lujo. Los jóvenes se agarran de la mano, posan, sonríen. El fotógrafo aprieta el botón, se acerca confiado, enseña la foto, alarga la mano, coge unos billetes y se larga con el coche. ¡¡Alquilan el deportivo para fotos horteras bajo el símbolo de la ciudad!!

Incluso hay un tipo, Riccardo Scalise, conocido como Mister Selfie famoso mundialmente por fotografiarse con famosos. La moda, o la manía, de los selfies no es nueva en el blog, ya he hablado aquí de la verdadera histeria que se vive en el lejano oriente con las autofotos. Pero la fiebre recorre el mundo entero y encuentra acomodo en los monumentos más allá de la clásica foto que todo el mundo guarda en un portarretratos plateado. La cosa parece desbordarse y en California ya tienen un museo del selfie: acaba de abrir en Los Ángeles como una galería interactiva dedicada al autorretrato.

Un artista israelí llamado Shahak Shapira pensó que qué mejor modo de ridiculizar a los amantes de las autofotos en lugares poco apropiados que con una idea que los pondría en su sitio. Claro que no hablo ya de torres o pirámides sino de campos de exterminio. La idea tomó forma de un proyecto muy personal y controvertido, llamado Yolocausto, que nació de la indignación al ver que el recuerdo de millones de personas que fueron machacadas en vida para terminar convertidos en humo se convertía en escenario para la charada y la estupidez. Hoy es una referencia y un aviso para amantes del selfie: hay líneas que no conviene cruzar y mucho menos hacer públicas…

Los selfies en el Holocausto son la sublimación de la sandez pero no hay monumento conocido que no saque lo más hortera del ser humano. Y donde hay fiebre popular, hay dinero. Porque todos estos selfies subidos a internet tienen un peligro que muchos ya sentimos con esas peticiones de amistad que no son quienes dicen ser: los selfies son objeto de tráfico y se pagan muy bien, y ya no tanto porque se usen para crear perfiles falsos sino que también pueden terminar revelando datos como la identificación personal que permita abrir una cuenta bancaria o pedir un crédito.

Cuidado pues cuando quieras subir alguna gracieta a la red. Además de quedar en evidencia y lograr ser el hazmerreír por alguna idea peregrina podrías quedarte sin un céntimo en el banco…