Este post se ha leíd907veces

DSC_1212-imp

A las puertas de Baitul Mukarram, la mezquita central de Dacca, en Bangladesh, se arremolina un grupo de menesterosos. Hoy es viernes, el Ramadán se acerca a su fin, el edificio está colapsado de público, la ciudad se vaciará en unas horas. Buen día para sacarse un dinerito en limosnas. Los pordioseros se disputan el mejor lugar de la salida natural de las miles de personas que se hacinan en el interior. Entre ellos se limitan el espacio: dos tullidos en sillas de ruedas, milagrosamente funcionales a pesar del óxido, toman posiciones. Las niñas ensayan las manos extendidas.

DSC_1219-imp

DSC_1224-imp

DSC_1213-imp

Un muchacho con los genitales al aire extiende su esterilla. Hay muñones, heridas sin cerrar, cicatrices espantosas, carnes sanguinolientas. De pronto la multitud comienza a salir. Es una auténtica marea humana. No es cualquier cosa: es la mezquita más importante de una ciudad con tantos millones de personas que ni se sabe la población total. Las manos se levantan, las caras se constriñen, vuelan los billetes.

DSC_1222-imp

DSC_1220-imp

DSC_1218-imp

La marea humana está tocada con gorritos blancos que el islam llama Taquiah (y que son similares, curiosamente, a los que tocan las coronillas de los judíos y que se conocen como kipa), la piedad se impone en fechas tan señaladas (recuerden: es Ramadán), hay mucha gente delante: qué menos que dar una limosna y que me vean, aunque contradiga el espíritu de la sadaqa. Que es como llaman a la limosna en árabe. Aunque la sadaqa es algo más que una simple limosna.

DSC_1214-imp

DSC_9711 2-imp

En el Islam, la limosna purifica al benefactor. No tiene por qué tener forma de moneda: puede ser un esfuerzo, una ayuda, una palabra amable. Sea como sea, la limosna se ofrece discretamente, sin aspavientos estentóreos. ¿Hay aspaviento que no sea estentóreo? La limosna es, dijo el profeta Mohammed, ‘cualquier buena acción’. Su nombre es sadaqa y la traducimos por limosna, del mismo modo que yihad la traducimos por guerra o combate, aunque la idea es más amplia. La yihad puede referirse a la lucha interna de un hombre que quiere dedicarse a dios pero las tentaciones le desvían. Y también a la guerra pura y dura, claro.

DSC_9710 2-imp

DSC_9688 2-imp

DSC_9698 2-imp

La sadaqa es limosna, sí, pero también buena intención. Por si fuera poco, no tiene por qué circunscribirse exclusivamente al ámbito de la limosna al necesitado: la donación puede ir a personas que no están visiblemente en necesidad. La sadaqa, además, ‘abre setenta puertas del mal’, decía el profeta. Sea como sea, la tradición de la limosna es universal y los menesterosos de Dacca tienen sus equivalentes en las puertas de cualquier iglesia cristiana. Los diferencia, eso sí, la exuberancia de heridas abiertas, de muñones cerrados. En la políticamente correcta Europa no se admite esta muestra de carnes marchitas y putrefactas. Los genitales del muchacho me resultan hipnóticos: ¿qué carajo le ha pasado a ese muchacho? En todo caso, los billetes vuelan.

DSC_9682 2-imp

DSC_9692 2-imp

DSC_9707 2-imp

En los bajos del estadio Bangabandhu, la meca del cricket nacional, una multitud silenciosa toma asiento en el suelo. Alguien ha desenrollado una larga esterilla de caña y colocado unos platos y unos vasitos de plástico de colores. Pareciera que se prepara un cumpleaños infantil. Pero aquí no hay cumpleaños infantiles con vasos de colores y fanta de naranja. Los comensales sonríen tímidos, esconden sus cicatrices, miran alrededor con miedo. Son los más pobres de los pobres, los que malviven en las calles de Dacca, la capital de uno de los países más pobres del mundo, poco habituados a recibir algo más que indiferencia y hasta palos.

DSC_9699 2-imp

DSC_9683 2-imp

DSC_9706 2-imp

Hoy, como decía, es ramadán, se acerca el fin de las penurias, y los empresarios de la zona han decidido practicar la sadaqa. Habrá comilona para los más tirados. Algunas caras son de entusiasmo: comeremos, parecen decir. Y eso que no es nada excepcional: un trozo de plátano, un trozo de tomate, verduras escasas y sin determinar. Algunas caras denotan vergüenza. Alguna hay que transmite una dignidad que no parece estar en este planeta. Y hay quien, en un gesto que me conmueve, me ofrece su plato. ¡Al borde de la hambruna, los pómulos marcados del hambre, los brazos delgados como huesos, pero le ofrece su plato a un gordo extranjero! Sadaqa en la sadaqa, limosna al opulento, la sencillez de estos intocables es admirable. La noche se pone. En un rato buscarán un lugar donde dormir, entre cartones, en cualquier acera. Pero eso será luego. Ahora me ofrecen su plato porque la limosna, la sadaqa, purifica más al que la ofrece que al que la acepta…

DSC_9712 2-imp