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Ruy López de Villalobos pasó a la historia como el descubridor de unas islas a las que denominó, en un vasallaje un tanto pelota, Filipinas, en honor al monarca Felipe II. Poco más sabemos de su vida: tan sólo que nació en Málaga sobre el año 1500 y que despuntó en México como excelente marino. Tanto, que el virrey de aquel entonces, Antonio de Mendoza, lo nombra jefe de una expedición que debía consolidar las primeras rutas comerciales entre América y el recién descubierto camino a las Especias. Las de verdad.

Filipinas por Hachero

Ruy organiza seis naves que saldrán de Jalisco en 1542 con 370 hombres. En su camino descubrirán, para mayor gloria de su amada corona, las Carolinas, las Sandwich y las islas Palau, además de un sinfín de pequeñas islas. La crónica del viaje la dejó para la posteridad un tripulante, García de Escalante Alvarado en su Relación del viaje que hizo desde Nueva España a las Islas de Poniente Ruy López de Villalobos por orden del virrey Antonio de Mendoza. Cuenta Escalante que en las Carolinas encontraron una cruz y que algunos indios decían ‘buenos días’, una evidencia de que pisaban las huellas de viajes españoles, la mayoría fracasados y con los marineros perdidos para siempre. Las flotillas se sucedían por decenas en un intento perseverante de convertir al continente americano en el trampolín de una ruta estable con Cipango y Catay. En su peregrinar marino las cartas que levantó Ruy y sus hombres describen las ‘Islas del Rey’ que se identifican perfectamente con las islas Hawai, dos siglos y medio antes de su descubrimiento oficial por el capitán británico James Cook.

Filipinas por Hachero

Fondearon en la isla de Mindanao, a la que llamaron Málaga, más tarde en Luzón y desde allí continuaron tocando tierra con frecuencia, para alegría de los marineros, hastiados hasta el límite de vivir enclaustrados a bordo de las naves. Villalobos levantó el primer fortín hispano en tierras asiáticas pero tuvo que abandonarlo pronto por la manifiesta hostilidad de los nativos. Huyó la expedición entonces hacia las Molucas con tan poco tino que cayeron en manos de los portugueses y el propio Villalobos fue hecho preso y encarcelado. La mayor parte de la marinería consiguió huir de vuelta a México pero el desgraciado malagueño murió en Amboine, hambriento y enfermo de malaria, aunque apoyado espiritualmente, según describe desconcertantemente la Historia General de España y América, de José Andrés Gallego y Luis Suárez Fernández, por el navarro San Francisco Javier, que pasaba por allí, como el que dice.

[box title=”Referencias” color=”#f00″]

García de Escalante Alvarado, ‘Relación del viaje que hizo desde Nueva España a las Islas de Poniente Ruy López de Villalobos por orden del virrey Antonio de Mendoza’, Cantabria 4 estaciones, Santander, 1999.

José Andrés Gallego y Luis Suárez Fernández, Historia General de España y América, ediciones Rialp S.A, Madrid, 1982

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