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El 11 de noviembre de 1962 una bala surcó el limpio aire del Tolima y se incrustó en la cabeza del sargento Ismael Montero Rodríguez, quien cayó muerto al suelo. Un monolito coloreado con la bandera de Colombia homenajea la muerte de un militar que apenas nadie más recuerda. Pero tiene su importancia. Porque el francotirador era un antiguo inspector de carreteras llamado Pedro Antonio Marín que había abandonado la vida civil por la lucha armada y que renunció a su nombre para llevar el de un antiguo sindicalista muerto a garrotazos en una comisaría de Bogotá. Manuel Marulanda Vélez. Y no contento con tener dos personalidades, Pedro Antonio, o Manuel, adquirió una tercera en lo que podría calificarse al advenimiento de la santa Trinidad de la subversión. El certero disparo dio nacimiento a un segundo alias, Tirofijo, que asentó su fama de infalible con el rifle. Ramón, el restaurador de la iglesia de Gaitania, me muestra el monolito con cierta satisfacción. ‘Aquí nació el mito’, me dice. La distancia no deja de admirar al curioso. Tal vez dos kilómetros. Puede que tres. El sargento Ismael Montero no pudo escuchar el chasquido del gatillo, la explosión de pólvora, el silbo de la bala. De repente estaba muerto. Y su muerte dio vida a un mito…

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Desde esta colina disparó su rifle Pedro Antonio Marín, convertido en Manuel Marulanda, para dar nacimiento al mito de Tirofijo. Abajo el monolito que recuerda al militar muerto por el certero disparo.

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El recuerdo al sargento Ismael Montero está hoy arrinconado, rodeado de puestos de fritanga, de ropa, de baratijas. A su alrededor, en una pequeña plaza, hay coloridas pintadas de exaltación a la paz. Parecen obra de manos infantiles: ‘luchemos por la paz’, pide una, ‘donde hay paz hay amor y felicidad’, dice otra, ‘tienes que estar en paz contigo mismo para estar en paz con los demás’, sentencia una tercera. ‘Los peladitos’, me dice un señor con sombrero, ‘se entretienen pintando los muros’. Por la plaza deambula Pote, un vecino con evidentes signos de trastorno mental. ‘Es el hijo de Marulanda’, me dice el señor con sombrero, ‘pero no se moleste en preguntarle: de pequeño sufrió meningitis y es un ser inocente y feliz’. Como símbolo no deja de tener su interés. Pote, el hijo discapacitado de Tirofijo, pasea junto al monolito que recuerda el advenimiento de su padre como santa trinidad de la guerrilla. No parece que haya cambiado mucho Gaitania desde los tiempos en los que las FARC aún no eran mundialmente conocidas. Tan sólo el asfalto de la carretera de entrada a la ciudad, los vehículos, la música de perreo. Por lo demás, los campesinos parecen congelados en el tiempo, muchas calles siguen sin asfaltar, el ambiente es animado pero somnoliento a la vez. Nadie diría que en esta misma plaza comenzó su historia nada menos que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Las FARC.

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Pedro Antonio, Manuel, o Tirofijo, mascaba su rencor desde casi tres años antes de su triunfal disparo. Concretamente desde el 11 de enero de 1960, cuando Jacobo Prías Alape, conocido como Charronegro, cayó acribillado a balazos ante la puerta de la farmacia de Gaitania, a pocos metros del monolito. Los asesinos tenían apodos llamativos: Belalcázar, Contrafuego y Puñalada. El jefe que ordenó matarlo también: Mariachi, según Pedro Claver en su libro Punto de Quiebre. El cuerpo de Charronegro quedó tirado a las puertas de la farmacia, como decía, pero durante un día entero nadie pudo recogerlo porque su muerte originó una batalla campal. Los hombres de Jesús María Oviedo, alias Mariachi se hicieron fuertes en el pequeño pueblo, persiguieron a los amigos del occiso, intentaron abusar de sus mujeres, arrasaron tiendas y cantinas, se adueñaron de la plaza donde hoy deambula Pote y los mercachifles eclipsan el monumento al sargento Ismael.

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La única imagen de Charronegro que he podido encontrar, un dibujo a carboncillo extraído de esta web: http://www.slideshare.net/nelson3108/50-farcepenfotografias

Pienso entonces que pareciera un escenario teatral, donde todo ocurre a tiro de piedra. Los hombres de Charronegro, con Marulanda al frente, pidieron ayuda al ejército pero cuando vieron que los asesinos tenían apoyo de los uniformados rodearon la población y la asediaron a tiros. Tan sólo la intervención de los militares, en auxilio de los asediados, evitó que la guerra colombiana se inaugurara con una masacre de envergadura. Charronegro era un hombre bajito, delgado, moreno y de marcados rasgos indígenas, recién nombrado miembro del comité central del partido comunista colombiano. Durante un tiempo encabezó un movimiento guerrillero que se estableció en los alrededores de una vereda conocida como Marquetalia, no lejos de este pueblecito. Dejó la lucha armada y convirtió su movimiento en agrario, comenzó a negociar con ganado, a ofrecer charlas políticas a los campesinos: era un hombre popular. En Gaitania tenía cita el día de su muerte con su íntimo amigo, Pedro Antonio Marín, por aquel entonces un liberal con el que había compartido subversión en las luchas entre conservadores y liberales que siguieron la muerte del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán en 1948.

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Tanto Charronagro como Marulanda y el propio Mariachi habían luchado juntos contra los conservadores pero el tiempo forjó ideologías y separó a los que se consideraban liberales ‘limpios’ de los que adoptaron la ideología comunista, conocidos como ‘sucios’ o ‘comunes’. En este último bando estaban Charronegro y Marulanda. Aunque luchaban junto a Mariachi, como decía, apenas tenían armas y la disputa por un fusil que usaban por turnos terminó por enfrentarlos de definitivamente. Los ‘limpios’ expulsaron a los ‘comunes’, se acogieron a una amnistía ofrecida por el gobierno en 1953 y se pusieron al servicio del poder. Los ‘sucios’, apenas una treintena de desarrapados, siguieron con una lucha dudosa porque apenas tenían armas y los políticos de Bogotá ni siquiera sabían situar en el mapa esas regiones montañosas. En 1957 se acogieron a una nueva amnistía y convirtieron su movimiento guerrillero en movimiento agrario.

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Pedro Antonio Marín, o Manuel Marulanda, que tenía fama de buen tirador, se dedicó entonces a su finca y a ejercer como inspector de carreteras. La muerte de Charronegro dinamitó la precaria paz. Pedro Antonio Marín recuperó su alias de Manuel Marulanda y rechazó volver a aceptar una amnistía más. Pero aún faltaba un punto para forjar el mito. Marulanda resucitó aquellos viejos campamentos guerrilleros de años atrás, formó una cuadrilla que tenía más familiares que desconocidos y empeñó su vida en vengar la muerte de Charronegro. Mariachi ya era un hombre del gobierno, un ‘limpio’ que hacía honor a su nombre aseando el monte de ‘sucios’. Y perseguido por el ejército y por los hombres de Mariachi, el 11 de noviembre de 1962 Pedro Antonio Marín, y su alias Manuel Marulanda, crearon la tercera pata de la Santísima Trinidad guerrillera: Tirofijo. Ramón recrea la historia. ‘Ve usted ese monumento de la esquinita’, pregunta retórico, ‘Marulanda disparó desde aquella montaña de allá lejos, donde estaba escondido, porque un amigo le retó: a que no le da usted al uniformado’. Pedro Antonio, convertido ya en Marulanda, experimentó entonces su tercera transmutación: sus compañeros de monte le felicitaron. Acababa de nacer Tirofijo, el hombre de la puntería mítica. Ya no volvería a tener conversaciones animadas con los soldados, sus enemigos. Ya no volvería a confiar en sus antiguos socios, los ‘limpios’, sus enemigos. A partir de entonces le declaró la guerra al país y se pasó cincuenta años luchando escondido en los montes de Colombia…

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