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Nadie lo diría, ni hay modo de cerciorarse in situ, pero este mercado que se abre ante mis ojos es el más grande de África. Que se olviden los amantes del africanismo de hileras de mujeres vestidas con coloridas telas vendiendo hermosas artesanías de ébano con un fondo de cebras e hipopótamos. Tal vez haya. No digo que no. Mujeres coloridas, hermosas artesanías. Pero tan mezcladas con todo tipo de mercadería en una superficie tan extensa como imposible de abarcar que cuesta encontrarlas. Lo que no hay, lo digo ya, son hipopótamos ni cebras.

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Porque el mayor mercado de África es una paradoja en sí misma. Por su nombre podría creerme en Italia: Merkato. Por su contexto podría estar en una decadente ciudad del Mediterráneo: feos edificios de apartamentos y centros comerciales devorados por la desidia. Por su mercadería, sabe Dios qué sitio de dónde: extensiones de pelo, bidones azules, posters para peluqueros, patatas, cebollas, burros, huevos con sus gallinas, colchones, grandes bolsas de khat, zanahorias, zapatos, telas exóticas y telas de chichinabo importadas de China, timbales, abalorios, especias, fotos de la Virgen María, coranes, biblias, cestas, bebidas gaseosas, zumos naturales, comida rápida, dvds de Bollywood. El mayor mercado al aire libre de África deja, como decía, mucho que desear para el recolector de imágenes exóticas.

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www.losmundosdehachero.com

La parte del Merkato dedicada a la venta de khat, la poderosa droga natural que consume todo el país, es la más entretenida, la que más risas genera, la que tiene más gente con los ojos enrojecidos… Claro que no todos quieren salir en una foto….

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Dicen que son muchas hectáreas, que hay carreteras asfaltadas y de tierra, que las hay con baches y con firme intacto, que hay callecillas y avenidas, cubiertas y sin cubrir. Que hay que tener cuidado con los carteristas, con los niños enganchados al disolvente, con los precios exorbitados para incautos. Con no chocarse con alguno de esos tipos que llevan cualquier cosa sobre sus cabezas, desde colchones o tinajas hasta lavadoras. El mayor mercado de África es tan grande que no hay manera de verlo.

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Claro que sólo se decepciona el que tenía una ilusión y yo no la tenía. Bueno, un poco sí. La imagen del mercado al aire libre en una tremenda explanada llena de gente exóticas y colorida ya pasó. Antes de este Merkato existía otro cerca de la iglesia de San Jorge, a unas manzanas del nuevo, tal vez un mercado africano con más pinta de mercado africano que este. Cuando las tropas de Mussolini invadieron Addis Abeba trasladaron el mercado más al oeste y lo llamaron Merkato Indigino como modo de quitar de enmedio a esos molestos negros que le afeaban el vuelco urbanístico que planeaban para la ciudad. Así que el actual Merkato tiene nombre italiano por culpa de las políticas segregacionistas de Mussolini y los vecinos de la ciudad, perdido ya el motivo en la memoria, lo denominan para siempre y jamás así: Merkato.

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Un vuelco urbanístico, el de los italianos, que continúa un poco más arriba, en los alrededores de la iglesia antes mencionada, la de San Jorge, que quedó como centro de un mundo italiano tropical que hoy se ve lejano. La pretendida elegancia urbanística italiana se derrama hacia el oeste, con los edificios de apartamentos que cobijan el Merkato, pero sin la gracia arquitectónica que se le presupone a un edificio colonial: están descascarillados, alguno a medio caer, la calle está tan repleta de gente que ni siquiera una tromba de agua consigue desalojarla, pasan burros, cabras, pisas zanahorias a medio pudrir, te empuja un señor con dos barriles en la cabeza.

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A diario más de trece mil personas subsisten un día más gracias a sus siete mil cien comercios. No están recogidos los informales, los que venden cualquier cosa que encuentran mejor no saber dónde. El principal motivo de su existencia no es otro que el agrícola, como suelen comenzar todos los mercados, y sobre todo el café, que es emblema nacional. Haría falta un vuelo para captar la inmensidad de un mercado que a sus mismos pies no se ve. Subo pues a un centro comercial para intentar vislumbrar el alcance del Merkato desde su última planta: inútil. Insisto: haría falta un vuelo, un dron, unas alas, una nave espacial para hacerse una idea de su extensión. En todo caso, el mayor mercado de África. Porque así lo dicen las crónicas…

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