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En el puerto de Barbate dos mujeres marroquíes sienten que se les escapa el aliento. Se abanican, lloran. Les acabo de dar un disgusto. Han viajado durante horas desde Almería para recoger a un familiar que ha llegado de Marruecos en una patera. La guardia civil lo ha interceptado, junto a varias decenas más de inmigrantes, en alta mar. Ahora esperan en una nave pesquera a su identificación y traslado. Las dos mujeres observan desde lejos. ¿Qué esperan?, les digo. ‘A mi primo’, me dice una con cierto malhumor, ‘venimos a llevárnoslo a casa’. Las miro incrédulo. ¿Llevarlo a casa? Están detenidos por la policía, les digo, han intentado entrar irregularmente. ‘Pero cuando terminen los papeles saldrán y se viene con nosotras’, dice la mujer muy segura. ¿Es menor?, vuelvo a preguntarles suponiendo que lo es. ‘No’, dice una de las mujeres, ‘tiene veintidós años’. Las miro estupefacto.

Los marroquíes mayores de edad son devueltos casi que instantáneamente en virtud del acuerdo de readmisión entre la UE y Marruecos. De hecho, el apartado 1 del artículo 2 de dicho convenio dice que Marruecos ‘readmite, tras la petición de un estado miembro y sin formalidades, a toda persona que, encontrándose en el territorio de dicho estado, no cumpla, o ya no cumpla, las condiciones de entrada, de presencia o de estancia vigentes, cuando se haya establecido o se suponga legítimamente, basándose en el principio de pruebas aportadas, la nacionalidad marroquí’.  Las mujeres están a punto de desmayarse de la impresión. No puedo creerme que a estas alturas no lo sepan. ¡Es voz pópuli! ‘Nos dijeron que no, que vendría a esta hora, lo identificarían y se vendría con nosotras’. ¿Quién dijo eso? Las dos mujeres callan, se miran con lágrimas en los ojos y se abanican con sus velos.

Menores de edad provenientes de la patera del video superior, desembarcada en Chiclana, esperan los trámites administrativos en el puerto de Barbate porque no hay dónde alojarlos

Los menores de edad no acompañados gozan de una realidad muy distinta porque en virtud del desamparo en el que se les supone están el gobierno de la comunidad autónoma debe hacerse cargo de su tutela. Así lo dice el memorándum de entendimiento entre Marruecos y España de 23/12/2003 y el posterior acuerdo de 6 de marzo de 2007, cuando la llegada de menores no acompañados comenzó a ser alarmante, aunque no entró en vigor hasta 2012 porque durante cinco años Marruecos no lo ratificó. Por eso en el interior de la nave pesquera donde se acumulan varios cientos de inmigrantes las caras oscilan entre las sonrisas alegres y las sonrisas congeladas de desesperación. Los alegres no han cumplido los dieciocho años y saben que no van a ser devueltos. Las sonrisas congeladas son de mayores. Y por todo lo contrario: saben que en setenta y dos horas estarán de nuevo en Marruecos.

Por eso hay menores que bajan de las embarcaciones con cierta guasa, como en una cala de Roche, en Conil, donde saludan al público presente con un despreocupado, ‘qué tal estáis colegas’ mientras los mayores corren como alma que lleva el diablo. Aquí arriba está el video.

‘Sí pero cuando cumplen la mayoría de edad los ponen en la calle y tenemos un conflicto nuevo’, me dice David, un jerezano que se ha empeñado en recorrer toda la costa gaditana a pie para visibilizar este problema. Un problema, dice, que pone en la calle a jóvenes sin recursos que caen rápido bajo el influjo de cualquier ilegalidad. Con él tres jóvenes con los 18 años ya recién cumplidos que cargan mochilas mientras bromean despreocupados. ‘Desde Marruecos se imagina uno muchas cosas’, dice Mustafa mirando el contorno de África desde el faro de Trafalgar, ‘pero cuando bajas de la patera te das cuenta de que todo no es como te han dicho’. Los tres chavales ya tienen dieciocho años y ahora se enfrentan a la verdadera vida, fuera de centros de menores, de comida segura y de la tutela, más o menos efectiva, de la administración. Ahora son como cualquiera pero con muchas desventajas. Sociales, lingüísticas, educativas… ‘Son carne de cañón para cualquier organización que quiera usarlos con fines poco adecuados…’

David y los tres jóvenes marroquíes mientras recorren la costa gaditana

Desde el módulo de la cruz roja en el puerto de Barbate me llama una voz. ‘Quillo’, me dice un tipo con aspecto de marroquí, ‘que soy de Málaga’. ¿De Málaga? ¡Pero qué me dices! ‘Yo tenía una vida perita en Málaga’, me cuenta su historia e incluso me dice el número de su permiso de residencia, ‘de hecho nací en Málaga, en 1984, me llamo Abderrahman’, continúa con acento boquerón, ‘y tengo dos hijos con dos españolas’, luego menea la cabeza, ‘pero tenía muy mala vida y me deportaron a Marruecos: he tardado seis años en reunir el dinero, dos mil euros, y ahora me cogen otra vez… eso es el karma, quillo’.

Abderrahman es el de la izquierda, un malagueño-marroquí con dos hijos en Málaga, dice él, y que por su mala cabeza fue deportado a un país que no considera el suyo…

Según el artículo 156.1 del RD 2393/2004, el retorno se produce cuando el extranjero se presenta en el puesto habilitado para efectuar la entrada y los funcionarios encargados del control comprueban que no reúne los requisitos que permiten autorizarla. Una figura, dice que presupone una entrada no clandestina sino siguiendo los cauces legales aunque sin los requisitos. El retorno se efectuará de forma inmediata dentro de las setenta y dos horas siguientes desde que se hubiese acordado. Una figura que permite recurso de alzada que suspenda el acto administrativo de la entrada. Pero en el caso de las pateras no es así. El marroquí ya ha entrado en territorio español. Según el artículo 58.2 de la LO 4/2000 no será preciso expediente de expulsión para la devolución de los extranjeros que pretendan entrar ilegalmente en el país.

En un polideportivo de Tarifa los marroquíes ven con cierta envidia cómo los subsaharianos tienen un procedimiento administrativo distinto que, de facto, los deja en territorio europeo ante la imposibilidad de cumplir todos los trámites

Es decir: si eres marroquí mayor de edad y te detiene la policía en la playa, o alrededores, sabes que vas de vuelta a Marruecos en pocos días. Como estos de aquí abajo, detenidos en la playa del Palmar, entre bañistas.

Esta medida supone la ejecución de una resolución administrativa con carácter automático que sólo se puede paralizar si se formaliza una solicitud de asilo, o si es una mujer embarazada ‘cuando la medida pueda suponer un riesgo para la gestación o para la salud de la madre’. La expulsión tiene naturaleza sancionadora y su principal consecuencia es la prohibición de entrar en territorio Schengen por un plazo que puede llegar a los diez años. El TSJA, en sentencia 19 octubre 2005, considera aplicable devolución, y no expulsión, al extranjero que tras entrar en territorio nacional por la costa es sorprendido en ruta al intentar dirigirse a otra provincia.

Los marroquíes que son devueltos a Marruecos pueden recibir además una multa de 3.000 a 10.000 dirhams por el artículo 50 de la Ley Marroquí Nº 02-03 y/o prisión de uno a seis meses por abandonar clandestinamente la frontera del país. También hay prevista multa en el ordenamiento jurídico español, concretamente en el artículo 55.1 b de la LO 4/2000, una sanción que abarca desde los 301 euros a los 6.000 aunque el artículo 57.1 de la misma norma permite que la multa se sustituya por la expulsión del territorio español previa tramitación del correspondiente expediente administrativo. Una sanción que no suele aplicarse porque la expulsión es la norma habitual debido a que la Administración del Estado español considera que tiene discrecionalidad para decidir si el sujeto de la sanción daña de algún modo la convivencia en España. Y, sobre todo, que no existe peligro para su vida, posibilidad de torturas o arraigo familiar.

Según los ministerios de Interior, Asuntos Exteriores y Emigración, al menos 250.000 marroquíes se encuentran en España en situación irregular. Junto a los 775.000 registrados legalmente, la cifra de marroquíes en España supera el millón. Sólo entre 2016 y la primera mitad de 2018 han llegado más de 30.000 a bordo de pateras, sobre todo a estas costas de Cádiz aunque, y cada vez más, a las de Granada, Almería y Málaga vía mar de Alborán.

Dejo a las dos mujeres apoyadas en una puerta. Una llora intensamente. Alguien les ha engañado, les ha hecho creer que el viaje es sencillo, que no tiene peligros, que su familiar superará la frontera sin ningún problema. No es así porque lo han detenido.

 

Al menos esta vez…